domingo, agosto 16, 2015

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Tomado de: Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales



Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

  • Por:
  • HÉCTOR BUJANDA
El Investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV cree que la expansión de la criminalidad es producto de una transformación de la violencia debido a la acción policial y los asesinatos extra judiciales
La posición que deja ver en esta entrevista el Jefe del Departamento de Criminología de la Escuela de Derecho de la UCV, Andrés Antillano, con relación a la explosiva violencia y criminalidad que vive el país, no dejará tranquilo a nadie.
Señala que Venezuela está a las puertas de una guerra de consecuencias impredecibles. Se ha roto el equilibrio histórico entre policías y delincuentes y ahora ya nadie sabe, a ciencia cierta, quién controlará el monopolio de la violencia en los años por venir.
El gobierno bolivariano, en tanto, ha dado un giro casi rocambolesco a la inocua política de seguridad que enarboló durante más de una década –basada en un funcionalismo de izquierda- y ahora practica lo que Antillano llama un “populismo punitivo”, basado en la mano dura y la persecución de los pobres.
Por si fuera poco, el psicólogo social recalca que en períodos de recesión económica, el aumento de la represión policial, como estas prácticas de la OLP, puede ser el equivalente a acercar fuego a la gasolina. Recuerda que cuando eso sucede, es porque el Estado ya no tiene otra política para los sectores sociales que la represión.
La criminalización de los pobres, a través de la figura del bachaquero y del paramilitarismo, se conecta con una tensión más profunda, la que genera una política social que nunca se universalizó y por el contrario produjo diferencias en el barrio, la base social que alguna vez hizo legítimo al chavismo como fuerza política.
De la violencia expresiva a la violencia instrumental
–¿La sociedad venezolana está sumida en la violencia?
–Sí, por supuesto, pero habría que distinguir esa violencia. En primer lugar, es un fenómeno que viene desde los años ochenta. A partir de 1989 se duplica, por primera vez, la tasa de homicidios y desde entonces ha tenido una escalada persistente. Un fenómeno que ocurre en toda América Latina durante ese período. Muy pocos países han logrado revertir la tendencia, quizás la excepción sean Colombia y Brasil. Por esta razón Venezuela pasa a ser la nación con el mayor número de homicidios en Suramérica.
¿Qué es lo que ha aumentado en Venezuela? Por un lado, los delitos callejeros, la pequeña criminalidad, el hurto, las amenazas, la venta de droga, que no son los delitos de mayor gravedad pero que terminan generando un impacto muy grande en la opinión pública: que venga un motorizado y te arrebate el celular.
Por otro lado, han aumentado los delitos violentos: robo a mano armada, secuestros y, por supuesto, homicidios, que han aumentado de manera desmedida. Además, hay otro cambio importante: estos crímenes tienden a democratizarse, se vuelven cada vez más delitos intraclases, las víctimas principales –muy claro en el caso de los homicidios– son gente pobre.
–Pobres, víctimas de pobres.
–Pobres, víctimas de otros pobres. La violencia en Venezuela es, en primer lugar, consecuencia de una exclusión social. No es casual que se disparen las tasas de homicidio y los delitos violentos, justamente en el momento del auge del neoliberalismo. La violencia tiene mucho que ver con la exclusión en sectores específicos de la población. Y en esa medida, ha sido una violencia fundamentalmente especializada.
Aquí la idea de la banda organizada, del crimen organizado, no parecía tener valor analítico: la situación que se ve en Colombia con el paramilitarismo, en Brasil con el Primer Comando de la Capital de Sao Paulo o con el Comando Vermelho en Río de Janeiro, o con las Maras en los países de Centroamérica. No es el tipo de violencia que tenemos aquí, la nuestra es más de orden expresiva, entre muchachos excluidos, grupos irregulares con edades más o menos definidas que se matan entre ellos. Aquí la violencia es una fuente de estatus simbólico.
–Pero estamos en un momento donde el delito duro, el homicidio, el secuestro, los descuartizamientos se han impuesto como modalidades de la violencia cotidiana
–Lo que creo que ha venido pasando –y esto ha repuntado en estos últimos meses– es que esa violencia desorganizada da paso a niveles cada vez más sofisticados y organizados de violencia: pasa de ser una violencia expresiva a ser una violencia instrumental.
–¿A qué alude cuando habla de violencia expresiva?
–Una violencia cuyo sentido se agota en su fin. No es una violencia que pueda explicarse como medio para conseguir un propósito. Una violencia que, en sí misma, es una fuente de reconocimiento, de sentido, tanto para el que se ve afectado, como para el que la ejerce. Creo que esa violencia se está convirtiendo en una violencia de orden instrumental, es un medio para conseguir un fin: robar, secuestrar, cobrar un rescate, eliminar adversarios, controlar determinados territorios, extraer renta de esos territorios.
–¿Esa transformación de la violencia desde cuándo está ocurriendo?
–Es una tendencia que ha venido creciendo en los dos últimos años. Me parece que tiene mucho que ver con el descalabro de los cuerpos policiales y con la situación de recesión económica que vive el país. Sobre todo se acentúa, a mí modo de ver, en el último año. Y es un efecto paradójico, porque a eso ha contribuido la misma política de seguridad del Estado. Yo estoy haciendo un trabajo de campo en zonas muy violentas.
Policías y colectivos: ruptura de un equilibrio
–¿Y qué ha encontrado?
–Investigo en una zona que está, ahora, bajo esa idea de que es una “zona de paz” y que está copada de paramilitares. Hemos visto allí dos cosas: primero, que los actores de la violencia no son paramilitares, son muchachos excluidos que no tienen empleo, que están por fuera del sistema educativo y que se juntan con muchachos semejantes del barrio vecino, en escaramuzas y violencias fortuitas que son fuentes para recibir una suerte de reconocimiento.
Este reconocimiento tiene que ver con la retórica de “mostrar la cara”. El que no se ve, porque es excluido de las formas de reconocimiento social, se convierte en alguien reconocido, al menos para sus pares, en una situación de violencia. Estos muchachos son actores armados y delincuentes que operan en un sector en particular. Durante el último año, y esta es la segunda cosa que consigo en esas zonas, ha venido creciendo la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.
–¿A qué cuerpos policiales se refiere?
–Cicpc, Policía Nacional.
–¿Policía Nacional? ¿No es una institución demasiado joven como para andar en ésas?
–Sí, así es. También existen grupos parapoliciales que proliferan y es algo poco atendido porque, además, se desdibujan bajo un discurso político y empiezan actuar de manera autónoma.
–¿Eso es lo que llaman colectivos?
–Sí, colectivos. Pero yo conozco muchos colectivos, estos son de funcionarios y exfuncionarios policiales.
–¿Estamos hablando de colectivos como el 5 de Marzo?
–En la zona donde trabajo, son funcionarios policiales que actúan autodenominándose “colectivos”. Entonces, durante este periodo de tiempo, han asesinado a veinte muchachos en la zona, malandros –como dicen ahí– y gente “sana” que no tenía ninguna implicación en episodios de delitos. Lo que termina ocurriendo en estas acciones policiales, paradójicamente, es que se rearticulan las bandas hasta entonces enfrentadas.
La escalada de violencia policial, como te digo, termina generando una reorganización de la delincuencia y de la violencia armada. Se defienden de estas incursiones de la policía, con las mismas armas que la policía les vende. Eso hay que recalcarlo, las armas son vendidas por funcionarios de los cuerpos policiales.
–¿Pero qué anima a cuerpos policiales como el Cicpc y la PNB, a estos colectivos parapoliciales, a meterse en los barrios para matar gente? ¿Retaliaciones, cuentas pendientes?
–Vivimos una transformación del equilibrio entre policía y delincuencia en la que la policía tenía una suerte de división del trabajo en la que se establecían unos tipos de pactos informales con la criminalidad. Pactos informales e ilegales, fundamentalmente basados en el cobro de lo que ellos llaman “las multas”. Eso tiene una función extorsiva, que regulaba las relaciones entre policías y delincuentes.
Y este sistema tenía diversos escalones. De pronto, las policías “más pequeñas” o de menor impacto, la policía preventiva o simplemente los funcionarios de ciertos cuerpos, para distinguir a las personas de las organizaciones, se encargan de la venta de droga, de la venta de alcohol ilegal, de las apuestas. Mientras que funcionarios del Cicpc tienen que ver, fundamentalmente, con actividades de criminalidad mucho mas complejas.
Este equilibrio, que era una suerte de pacto silencioso, mafioso, termina quebrándose durante los últimos dos años y termina por producir un enfrentamiento abierto entre delincuentes y fuerzas policiales. Esto ha generado una rearticulación, como te decía, de la respuesta de los delincuentes. Respuesta que llaman “la palabra”. Los delincuentes hablan de una “palabra” entre las distintas bandas que deponen la violencia entre sí para articularse y dar respuesta a la violencia policial.
–Hay una reorganización de la relación policía-delincuente. ¿Qué impulsa esta batalla, usted habló de recesión económica y de descalabro de los cuerpos policiales?
–Yo creo que hay muchos factores, pero de algún modo lo que ha determinado y contribuido en el ultimo año a esta situación es la política de mayor respuesta de violencia por parte del Estado hacia los sectores populares. Yo puedo entender, claramente, las motivaciones, lo que esta detrás de políticas como la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. Entiendo que hay un clamor de la gente. En efecto, se ve desamparada, se ve rehén de la violencia.
OLP, criminalización y extravío
–¿Se dejó correr mucho la situación, por eso estamos clamando por una OLP?
–Hay una gran paradoja. La violencia tiene mucho que ver con el tema de la desigualdad. En los años noventa, aumenta la desigualdad y aumenta la violencia. En Venezuela, sin embargo, en los últimos diez años disminuye la desigualdad, disminuyen los índices de pobreza, pero la violencia se dispara. Yo tengo algunas hipótesis sobre eso. Pero en el cuadro actual, hay una demanda real de la gente. Por eso la recepción de la OLP termina siendo ambigua en los sectores populares. La gente siente una gran sensación de vulnerabilidad y desamparo. Pero no podemos olvidar que todo esto es producto de una pérdida: la de la presencia legítima del Estado.
Los sectores populares no encuentran a qué instancia acudir, no hay mecanismos de regulación sobre muchos territorios. Parece una contradicción lo que digo. Los cuerpos policiales son parte del Estado: tienen, por un lado, una incrementada presencia en los sectores populares, pero esto no cuenta, no garantiza la regulación, las resolución de conflictos. Porque son intervenciones irregulares, oscilantes, compulsivas. Llegan, hacen redadas, se llevan preso a todo el mundo, matan a alguien, se van, no vuelven. Es una presencia espasmódica.
Uno ve que es real la preocupación del gobierno, porque esta ausencia institucional, este espacio vacío, lo terminan ocupando los grupos armados periféricos. Pueden ser grupos de policías, colectivos, malandros, que controlan la situación en el barrio. Al mismo tiempo, lo que también ha ocurrido es que la violencia, el delito, que había venido siendo un delito intraclases, ahora se vuelve más pernicioso y termina victimizando de forma más cruda a los vecinos. Entonces, es un imperativo del Estado recuperar el control institucional sobre esas áreas, porque si no se verá seriamente cuestionado.
Uno podría, entonces, entender los intentos, los ensayos, que ha habido para dar respuesta a la inseguridad, al delito y a la violencia. Lo que creo es que estas estrategias, sobre todo con la OLP, han sido erradas. Es errada en el diagnóstico y es errada en la valoración del problema.
–¿Equivocan el diagnóstico?
–Se yerra en el diagnóstico porque la explicación que se da es que esto está ocurriendo porque han aparecido grupos que tienen el control territorial por la ausencia del Estado. La explicación más habitual aparece en los medios, y es que el Estado se ha replegado en ciertas áreas y esto ha contribuido a que aparezcan grupos criminales. Insisto, no es así, al menos en los lugares donde estamos investigando, que es una llamada “zona de paz”.
–En la zona de paz se le ha dejado a la banda controlar el territorio.
–No es verdad que allí no haya presencia policial. Hay esta presencia policial absolutamente violenta, ilegitima, espasmódica, además que son los mismos cuerpos policiales los que alimentan muchas veces a estos grupos criminales, en armas, en municiones. Es decir, no es un problema de ausencia del Estado, sino de falta de una trama institucional legítima que le brinde protección efectiva a la gente.
–Se yerra también en la valoración del problema, dice
–En esta idea del paramilitarismo, de que son grupos paramilitares los que están infiltrándose en los sectores populares y responden a agendas políticas y extranjeras. Habría que, primero, afinar los criterios. El paramilitarismo, en el sentido estricto, aludiría a grupos armados que se autonomizan y que cuentan con cierto grado de tolerancia y apoyo del mismo Estado. Se dio en Colombia, en Perú, en el norte de Irlanda.
Grupos autonomizados, con miembros de las fuerzas armadas, cuerpos policiales, asociaciones civiles que cuentan con, al menos, tolerancia de parte del Estado. Que actúan contra objetivos esencialmente políticos, para aniquilar a adversarios. Esta es la definición estricta de paramilitarismo. Allí podríamos, más bien, pensar que estos grupos parapoliciales que empiezan a proliferar, se parecerían más a este concepto de paramilitarismo.
–Esta especie de configuración del colectivo armado
–Colectivo es una categoría muy amplia que termina confundiendo. Yo conozco a muchos de estos actores y no tienen ningún tipo de motivación política y encuentran en este término “colectivo” una buena coartada para actuar.
–¿Entonces esto no tiene que ver con paramilitares?
–No. Además se alude al paramilitarismo colombiano. Es una tesis muy xenófoba. Colombia termina siendo responsable de todos nuestros males y la tesis tampoco se verifica empíricamente. Aquí lo que termina ocurriendo es que hay grupos delincuenciales que se vienen rearticulando para dar respuesta a la violencia policial.
El uso de esta categoría del paramilitarismo termina siendo muy complicada, porque se trata de declarar como objetivo militar a sectores del pueblo. El uso de la categoría, con esto de la OLP, incentiva otros usos: bachaqueros, buhoneros, gente que tomó un apartamento.
–Gente, como usted dice, que ha cometido delitos pequeños.
–Ni siquiera delitos. Mira el caso de la Panamericana, donde se desaloja a una comunidad posiblemente por razones urbanísticas. Se hace bajo la perfecta coartada del paramilitarismo y eso termina generando mucho consenso entre la población identificada con el chavismo.
–Si el problema era urbanístico, ¿no ha debido dar la cara una institución, una instancia política o mediadora.
–Esa es la tendencia: usar una etiqueta muy eficaz, como la de los paramilitares, que permite resolver con manos militares problemas de otro orden: sociales, policiales, criminales, urbanísticos. Entonces se trata de declarar a facciones del pueblo como paramilitares, sean delincuentes o no.
Empieza a prevalecer una retórica, entre sectores del gobierno y del chavismo, en la que estratos del pueblo son vistos como enemigos. Esto lo que indica es una pérdida de conexión con sectores importantes de lo popular. Y se puede encontrar su equivalente en categorías como el “bachaquero”. Es decir, se desplaza el relato de la Guerra Económica –que es responsabilidad de la oligarquía, de los grandes capitales– a la señora que vive en un barrio, que compra cinco paquetes de Harina Pan para revenderla o, sencillamente, para tenerla.
El responsable de la Guerra Económica ya no es el capital y mucho menos las redes de corrupción, la policía, el ejército que instrumentaliza el contrabando de extracción, sino algunos sectores del pueblo. Esto, sin duda, habla de un grado de descomposición, habla de un grado de anomia, es muy curioso el desplazamiento y la búsqueda de un nuevo enemigo: facciones de los pobres, bien sea como bachaqueros o como paramilitares.
El nuevo enemigo: el pobre
–Desde el 2013, que comenzó la narrativa de la Guerra Económica, no se consigue al “enemigo real”. ¿Terminó consiguiéndose en el pueblo?
–Sí, yo creo que sí. Es más evidente el contrabando de víveres a mercados informales, el contrabando de extracción, pero eso no es responsabilidad de los bachaqueros. Es mucho más fácil obtener el consenso con figuras que tú puedes ver: la señora que se lleva las pacas de Harina Pan, o el buhonero que te vende el litro de aceite más caro.
Además, hay un marco de negociación con sectores de la burguesía, por eso tampoco conviene dar la guerra a ese nivel. Termina el bachaquero siendo una figura útil, como el paramilitar, porque con eso se culpa al “malandrito” de la esquina. Sin ver, desde luego, los problemas estructurales, las desviaciones policiales en el tráfico de armas, las redes clientelares que pueden estar detrás de la violencia.
–Si los hechos importan, la OLP nació ejecutando “una razzia” en la Cota 905: mueren quince personas, buenas o malas, pero nadie sabe en qué condiciones recibieron la muerte. Después ha comenzado una versión más rutinaria de la OLP, si se quiere, más enfocada en efectos propagandísticos.
–Pero en aquella ocasión ni siquiera se consiguieron a los presuntos malandros que estaban buscando. El resultado fue realmente ridículo. Es decir, la OLP no es un modelo para los propósitos del Estado, incluso si le concediéramos, citando a Maquiavelo, la máxima de que “el fin justifica los medios”. Los resultados desdicen la eficiencia de esto.
–¿Cuál es entonces el modelo para proteger al pueblo?
–Está, por ejemplo, la Unidad de Policía Pacificadora de Brasil, donde hay un copamiento policial de los morros de Río de Janeiro, de las favelas, un control del territorio que no se podía controlar y después dejan allí una unidad policial comunitaria, que con intervención de políticas urbanas, educativas, comunitarias y sociales, restablecen el control estatal –porque el Estado no es sólo la policía–sobre territorios que habían sido relegados.
–¿De las OLP, entonces, saldremos con una criminalidad más organizada?
–En estas políticas siempre termina reorganizándose el delito hacia formas más agresivas. Hay una escalada de la violencia: a más violencia del Estado, más violencia criminal. El delito se reorganiza a formas más estructuradas. Se profundiza la corrupción policial, porque hay una relación directa entre violencia policial y corrupción policial –mientras más violenta sea la policía, más posibilidades hay de extorsión.
Esto, además, tiene efectos políticos perversos. Hay una doble lectura del pobre: el “buen pobre”, que es el señor que va a las misiones y “el pobre malo”, que es el delincuente, el bachaquero, el criminal que recibe una violencia desmedida, un discurso criminalizador. Con esto se está fracturando, enajenando, la base social del chavismo.
Esta combinación entre recesión económica y violencia policial es una combinación explosiva. Es como acercar una llama a la gasolina. La historia de los grandes estallidos sociales, generalmente, tienen que ver con la competencia de estos factores. Incluso, El Caracazo es una mezcla de ambos, con los famosos operativos policiales del Plan Unión. Esto que se está haciendo evoca toda esa idea de los operativos, de las redadas que aparecen en una situación semejante: en la crisis económica. Los operativos policiales pasan a ser la política, a veces la única estrategia del Estado frente al problema económico.
–En medio de una crisis económica, el problema policial y militar de 2014 fueron las guarimbas en los municipios de la clase media. En 2015, la OLP se concentra en los sectores populares. ¿Estamos cerca de un estallido social que hay que contener?
–Bueno, si esa es la motivación entonces la política está extraviada, porque es todo lo contrario: la historia demuestra que el aumento de la represión es una chispa eficaz para los estallidos sociales. Creo que también hay que pensar en la corporación militar y policial que actúa con agendas propias y autonomizadas. Es decir, esa corporación termina acumulando mucho poder en este tipo de operativos. Poder político y poder económico. Porque el delito también es fuente de renta: a través de redes clientelares, a través de extorsión, a través de participación en actividades del crimen.
La última estrategia: populismo punitivo
–¿Importa, en este contexto, distinguir entre el periodo Chávez y el de Maduro?
–Durante mucho tiempo no ha habido una política de seguridad clara. Durante el período de Chávez ha habido una especie de oscilación de las políticas. Primero fue el “funcionalismo de izquierda”, en el que el delito es consecuencia de la pobreza, del desempleo o de la exclusión, y a través de la justicia social, sólo superando ese lastre del capitalismo y del neoliberalismo, podremos enfrentar el delito sin aplicar fórmulas represivas.
Esta es la primera retorica del chavismo, pero no se dio una política alternativa que no fuera “no vamos reprimir, no vamos a criminalizar al pueblo”. Tampoco se atajó el problema de la violencia policial, que, frente a la dificultad de dar respuesta, empezó a ocupar espacios con acciones cada vez más perversas. Recordemos los escuadrones de la muerte en Portuguesa, en Falcón, con ejecuciones extrajudiciales.
Ahora se pasa a una retórica inversa. Ya el criminal no es una víctima de la injusticia social, sino es un cómplice del sistema. Se desempolva la vieja figura del “lumpen”: el delincuente reproduce los valores del capitalismo, los valores egoístas. Esto coincide con la retórica conservadora, esa que dice que hay un problema de crisis de valores y muchas veces se culpa a la madre, a las familias disfuncionales. Frente a esta idea moral, la respuesta es más violencia policial, hasta este escenario bélico de respuesta al delito que es la OLP.
Ninguna de las dos fórmulas ha sido eficaz para enfrentar el problema. Por el contrario, se han abandonado los intentos importantes de caminar en una política de seguridad, como lo fue la reforma policial. Esta se inició en 2006. Formé parte de esa comisión y ahí se hicieron un conjunto de recomendaciones que en los últimos años se han echado por la borda. Se desbarató el proyecto de la Policía Nacional. Hoy, a un policía, le piden que lleve diez detenidos por día. ¿El resultado? Atrapan a infractores menores.
–¿Están pidiendo diez detenidos por día?
–No sé si en estos últimos meses, pero a principios de año fue así. Había que llevar una cuota de detenidos. Entonces, ¿a quien detenían? Detienen al indigente que consiguen con tres piedras de crack en el bolsillo. Y lo presentan. Es decir, detienen a la pequeña criminalidad, que no son las más graves. Así se extravía el foco. Los homicidas, en cambio, apenas entran en el sistema penal. Las cárceles están llenas por delitos de drogas, esencialmente por posesión y venta en pequeñas cantidades.
–La PNB aspiraba a ser un modelo distinto de policía.
–A partir de ahí empieza a desencaminarse lo que proponía el nuevo modelo policial. El proyecto, en 2006, no se reducía a crear una nueva policía, esa fue la gran discusión. Crearla, solamente, significaba crear un nuevo problema y dejar en pie los otros, que eran las restantes policías. El proyecto planteaba avanzar hacia un sistema de policías que permitiera articulaciones con estándares comunes, informados por derechos humanos, informados por criterios de eficiencia y de eficacia. La PNB siempre se concibió como una policía pequeña, salvo en el área de Caracas, que debía ocupar el espacio de la PM.
Más bien se ha producido una expansión de la PNB, un crecimiento muy acelerado, subordinado a políticas y mandos militarizados. Los últimos mandos son militares activos, que le han impreso una distorsionada función y no se avanzó hacia la creación de un sistema que garantizara la protección de la gente. La creación de la PNB no era una política de seguridad en sí misma. También se perdió la idea del desarme.
La reducción de los homicidios en Brasil tuvo que ver con el control de las armas; y las armas en Venezuela circulan tanto en manos de los cuerpos policiales –que son los principales proveedores para actividades delictivas- como en manos de los civiles. Se planteaba avanzar en un modelo semejante al brasileño, en restricción de portes de armas en manos de civiles y un control riguroso de las armas y las municiones en manos de la policía. Eso se desestimó, entre otras cosas por los poderosos lobbies armamentistas.
–¿Se perdió la oportunidad que tuvo el chavismo para hacer una política de seguridad eficiente?
–Los elementos que permitían definir una política de seguridad eficiente fueron abandonados tempranamente. Se ha favorecido una política que tiene mayor valor expresivo y político: la mano dura. Pudiésemos hablar de “populismo punitivo”, ofrecer mano dura a través de estos actos espectaculares, profundamente ineficientes, pero que dan rédito político. Estamos en una campaña electoral y los efectos de este tipo de populismo son muy efímeros. Lo que pasó en la Cota 905: a los que fueron a buscar y no encontraron, ya están de nuevo allí. La gente rápidamente se da cuenta que esto es una ilusión que supone violencia contra ellos y que no resuelve el problema del delito y la criminalidad. Lo paradójico es que esta política de mano dura siempre fue una bandera que blandió la oposición y ahora el chavismo la ha venido convirtiendo en su oferta política.
–¿Todo esto no es una muestra del fracaso de la política de seguridad implementada durante estos años?
–Hay otros factores que también permiten entender este viraje. Y esto sirve para revelar los límites de las políticas redistributivas en los procesos de transformación estructural de alto calado. Lo que explica por qué persiste la violencia, a pesar de haber disminuido la desigualdad. Sin duda que las políticas redistributivas, las políticas sociales, han mejorado las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos. Es evidente en los indicadores económicos y cuando uno va a barrios pobres se da cuenta de eso.
Esta redistribución ha tenido un efecto paradójico al generar nuevas brechas entre las clases populares, es decir, las políticas sociales focalizadas y no universales terminan generando diferencias entre aquellos que están en mejores situaciones, más ventajosas para aprovechar estas políticas -porque se está en una misión, porque se está en un Barrio Nuevo Tricolor, porque se está en cuestiones comunales, porque se entra en las redes asistenciales- y los que quedan relegados de esas políticas.
Entonces empiezan a aparecer diferencias intraclases. Brechas entre los beneficiarios, clientes de estas políticas y los que se quedan relegados. Y hay diferencias muy poco evidentes, sobre todo con los métodos tradicionales para la medición de la desigualdad, porque se dan en el seno de una familia, por ejemplo entre el papá que consiguió trabajo, o que recibe algún beneficio por ser parte de una misión, y el hijo, que no consigue trabajo, que está excluido del sistema educativo. Estas brechas dentro de sectores populares hacen que se empiece a generar una suerte de diferenciación importante entre los factores que han logrado mejorar sus condiciones de vida, de manera significativa, y los factores más relegados.
Ante la desigualdad, que era muy marcada en Venezuela, ahora existe una menos notoria pero más próxima. Eso puede generar muchísima tensión y una sensación de injusticia. Esto explica también por qué este viraje de las políticas de seguridad, cada vez más duras: porque se trata de dar un tratamiento diferenciado a los sectores populares, es decir, hacer una doble política popular de incluir y castigar.
–¿Qué hacer entonces después de tanto tiempo perdido?
–Hay cosas básicas. Yo diría, en primer lugar, insistir en la inclusión de los sectores relegados.
–Universalizar el sistema de protección social.
–Exacto. Universalizar el sistema de protección. Y políticas focalizadas a aquellos sectores que no han sido tocados. Las políticas sociales, fundamentalmente, han estado dirigidas a excluidos de vieja data. Gente que había estado excluida desde los años ochenta, que, como resultado del ajuste neoliberal, perdió su trabajo y que ahora volvió a ser incorporado. Sin embargo, los nuevos excluidos, los jóvenes que no consiguen trabajo, los excluidos del sistema educativo, no han sido incorporados, no han sido atendidos por esas políticas. Así que hay que pensar en políticas sociales universales y en políticas sociales focalizadas.
Hay que retomar la agenda de la reforma policial para organizar una policía eficiente. Mira, muchas de las cosas que ha hecho la OLP –de muy mala manera y con resultados muy malos- se podrían haber hecho con inteligencia policial. Es decir, la policía puede identificar –y estoy seguro que sabe- dónde está la gente vinculada con actos inaceptables, que debiera ser detenida, procesada e ir presa.
–¿Qué nos ha pasado, por qué llegamos a esta situación?
-–Nosotros tenemos un Estado muy anómalo por la relación con la renta petrolera y con la conducción histórica de ese Estado. Un Estado siempre muy distante de la gente, muy violento, por eso nuestras policías siempre han sido muy militarizadas. Esta anomia del Estado es funcional con ciertos intereses, para élites viejas y nuevas que emergen aprovechando la aparente anormalidad. La corrupción no es un tema moral, es, en términos marxistas, la acumulación originaria de capital. La forma de transferencia de la renta petrolera a sectores concentrados del país.
–¿El problema fue tratar de desmontar el Estado sin tener una alternativa a la mano?
–En estos años hubo una recuperación del Estado, después de un período, el neoliberal, en que sólo destacaba su función represiva. Durante los primeros años del chavismo se recupera la idea del Estado como un gran regulador de la vida social, pero se deja intacto el aparato represivo, el sistema penal, las policías a pesar de los intentos de reforma. Se recupera el papel del Estado, pero vinculado con el tema de la renta, como explica Fernando Coronil en su Estado mágico.
Un Estado que se hace cada vez más inútil, más hipertrofiado, incapaz de interactuar con la gente. Las primeras tesis de participación ciudadana, las mesas técnicas de agua, donde se validó la idea de una especie de cogestión o incluso de autogestión, cede su lugar a un Estado cada vez más prepotente, que controla renta y la distribuye, donde la participación popular tiene un papel únicamente de cadena de transmisión entre estas rentas y las bases sociales, cada vez con menos poder efectivo. Entonces termina siendo un Estado gigante con pies de barro que regula todo pero que no puede regular nada, que sólo tiene pactos informales, clientelares, invisibles, con sectores económicos emergentes donde, por cierto, el problema de la generación de criminalidad y violencia no es ajeno.

sábado, agosto 15, 2015

El 2do mejor lugar del mundo para vivir: La Cité Internationale Universitaire de Paris


Imaginen vivir en un conjunto de residencias universitarias junto a 5000 estudiantes de más de 150 países en pleno París. Esta es la maravillosa experiencia de vivir en la Cité Internationale Universitaire de Paris, un sitio privilegiado de 40 edificios entre jardines con todas las facilidades para los estudiantes.
Los edificios de la Cité Universitaire, o CitéU como le llamamos los que hemos disfrutado de ese privilegio representan en su mayoría a loa diversos países y su arquitectura y muchos de estos fueron diseñados por los más grandes arquitectos del siglo XX (incluído Le Corbusier).
La vida social y cultural es extraordinaria. El compartir con tantas culturas diferentes abre tu mente. Es un sitio que te marca de por vida y por el que siempre sentirás nostalgia.


viernes, agosto 14, 2015

Sexo con Nutella



No es difícil pensar que la unión de dos de los manjares más deliciosos del universo resulten en un manjar aún más exquisito. Pero para que esta unión sea realice de manera sublime, se debe verificar que los componentes estén a la temperatura apropiada para que se fundan el uno en el otro.

Lo que viene se los dejo a la imaginación...


lunes, agosto 10, 2015

Mis lugares secretos en Paris (Square Vert Galant)



Voy a darles unas pistas de algunos de mis lugares secretos en Paris. Voy a hablarles primero de un maravilloso rincón escondido en una de las puntas de la famosa Île de la Cité, con vista al famoso Pont des Arts. Se trata del poco conocido parque "Vert Galant". En mis tiempos parisinos, solía sentarme a reflexionar bajo la sombra de un árbol sentado junto en la punta de la isla. Mis pensamientos fluían como fluía el Sena casi rodeándome, y en frente una maravillosa vista que incluía a la Academia de Paris, el museo del Louvre y como ya les dije, el famoso puente de los enamorados. El nombre "Vert Galant" (algo así como viejo verde) hace referencia a Henry IV y a las numerosas amantes que tenía incluso a edad avanzada. Otra curiosidad es que en ese sitio, tuvo lugar la ejecución de Jacques de Morlay, el último gran maestro de la Orden de los Templarios.
¿El por qué es un lugar secreto?. Porque su acceso pasa desapercibido. Pero se los voy a revelar. En el Pont Neuf (Puente Nuevo, el de la peli de Woody Allen) hay una estatua ecuestre de Henry IV (Enrique IV) y detrás de ella hay una escalerita que a veces no huele muy bien, pero que da acceso a ese lugar maravilloso.
Es un buen lugar para hacer picnics (pique-nique como dicen los franceses) y un excelente lugar romántico también.



domingo, agosto 09, 2015

Me provoca mucho volver a publicar en mi blog y dejar el Facebook. Además, con el blog puedo obtener ganancias publicitarias mientras que con el Facebook todas las ganancias van para el Sr. Zuckenberg. ¿Sobre qué puedo escribir?. Tal vez sobre la situación política y económica del país y lo que pienso. Esta es una prueba....

domingo, abril 19, 2015

Música

Pipe Dream

This is pretty damn amazing

Posted by Krafty Kuts on Domingo, 19 de octubre de 2014

viernes, febrero 08, 2013

Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?


Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?



Nuevamente, estamos en Venezuela en el inicio de un año bajo el fuego de una gran presión, ejercida por parte de los factores económicos de poder, para que el gobierno ajuste el tipo de cambio y se consuma una devaluación lineal y sustancial.El venezolano es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo y contribuye con el entierro de la economía productiva.
En las últimas semanas, los poderes fácticos han logrado que el llamado dólar no oficial haya ensanchado ampliamente su brecha con respecto a los dos precios oficiales (CADIVI y SITME). Los dólares que se transan en este circuito informal siguen siendo una proporción menor a la totalidad de dólares que se adquieren dentro de la economía. Sin embargo, esta proporción menor, en volumen, ha logrado una gran incidencia sobre la fijación de los precios (en bolívares) de los bienes finales. Explicar cómo una posición minoritariamente representativa (en términos de volumen) logra tener un poder de fijación de precios mayoritariamente representativo, es una clave para comprender la actual disyuntiva cambiaria.
En primer lugar, el precio actual del dólar clandestino, es fundamentalmente el resultado de la lógica especulativa del capital financiero en la búsqueda de una mayor rentabilidad de los activos financieros que han logrado acumular. Esta acumulación representa una de las paradojas de la economía venezolana en la última década, debido que es resultado, principalmente, de un mecanismo de captura y privatización de la renta petrolera, que al llegar a manejar un volúmen significativo, ha permitido disminuir la capacidad de poder por parte del Estado para mantener una política cambiaria y una política económica soberana.
Esto es una paradoja porque hace 10 años se instauró un control de cambios y, a pesar de ello, la exportación de dólares se ha incrementado en ese período, especialmente desde 2006. En este sentido , los ataques cambiarios que se inician en el último trimestre de cada año, represen un mecanismo de control y dominio en las decisiones de política económica del Estado Nacional. La política económica, y especialmente la macroeconómica, se convierte en un campo de batalla donde se libra una confrontación por la renta petrolera.
Un sector, importante en términos de su posición de activos financieros externos (dólares en efectivos e instrumentos financieros denominados en dólares), termina siendo el gran beneficiado, si logra concretar una ganancia cambiaria. Para llevar a cabo esta estrategia, los intereses del capital financiero, se ocultan detrás de los medios de comunicación corporativos y reciben el apoyo de los economistas ortodoxos. La gran prensa empieza una campaña bien planificada, para generar expectativas cambiarias negativas e inflar el deseo de la gente por arrojar los bolívares y abrazar los dólares como medio de cambio, como reserva de valor y como unidad de cuenta.

En segundo lugar, los factores especulativos deben de tener bases objetivas para que logren ejercer, efectivamente, su influencia sobre el desenlace final. Si el ataque cambiario tiene pocas bases objetivas (que generalmente los economistas neoliberales suelen argumentar cuando hablan de los “fundamentals”) su incidencia final sobre la política cambiaria y sobre los precios oficial y no oficial del dólar, probablemente será débil. Por lo contrario, si el rumor, la campaña mediática para inflar las expectativas de devaluación, y los pronósticos eternamente pesimistas de los economistas antichavistas, cuentan con factores objetivos, la especulación dominará, la profecía se cumplirá con cierta efectividad.
Esto último se conoce en los manuales de economía, como la “profecía autocumplida”, es decir los que no es una realidad ahora, será un hecho real al pasar un breve tiempo, durante el cual las decisiones de los formadores de precios se sesguen hacia esa inicial especulación. Así lo que no era “verdad” al principio, terminará siéndolo gracias a la pequeña ayuda de las expectativas que prenden en un terreno fértil.
Por lo general, el discurso de los macroeconomistas convencionales tiende a argumentar, como factor principal, la sobrevaluación de la moneda en virtud a la tasa de inflación que se ha acumulado desde que se fijó -por última vez- el tipo de cambio. Esta es la explicación por excelencia de los bancos centrales y la que viene anexada a los modelos de programación monetaria-financiera que enseñan en los cursos del FMI. Ciertamente, la famosa explicación del tipo de cambio real (donde se combinan el tipo de cambio nominal, la inflación interna y la inflación externa) puede llegar a tener una influencia en los desbalances que se producen en el comercio externo.
Pero de ahí a explicar la complejidad del problema cambiario en Venezuela hay un gran trecho. En la medida que se convierte en explicación única del problema cambiario, el argumento de la elevada sobrevaluación, termina por abonar el camino para satanizar las importaciones baratas como una amenaza al desequilibrio de la balanza comercial y a la producción interna. De ahí que se utiliza el otro argumento de la necesidad de mantener la competitividad a través de una devaluación que “aumente las exportaciones y disminuya las importaciones”. Este el clásico ajuste basado en el enfoque monetario de la balanza de pagos. Este es el camino fácil de la explicación, pero también resulta en una falacia ideológica disfrazada de argumento técnico.
Además, el argumento de la competitividad basado en el ajuste cambiario, termina promoviendo una competitividad espuria y efímera. Esto es una competitividad alimentada por la reducción del costo laboral, es decir en el empobrecimiento de los trabajadores; es una competitividad basada en la explotación de los recursos naturales y de entronizar éste mecanismo de dependencia; una competitividad que profundiza la desigualdad social al intensificar explotación de la fuerza de trabajo sobre el recurso de ampliar la plusvalía absoluta; una competitividad que afecta a los sectores productivos diferentes al sector exportador de los recursos naturales.
En este mismo sentido, el dilema de la miopía asumida por los partidarios de mantener “el tipo de cambio alto y competitivo” es que a ellos no les importan los factores estructurales y la realidad de los países capitalistas que se encuentran en la periferia. El problema es que un país subdesarrollado, dependiente y rentista petrolero tiende a convivir con una sobrevaluación estructural que no se va a “corregir” (ni menos a resolver) con la utilización del expediente de la devaluación. La sobrevaluación en una economía capitalista, dependiente y petrolera como la nuestra, es un huésped obligado tal como lo es la hipertensión para un paciente obeso.
Otro argumento, utilizado por los partidarios a las devaluaciones, es que el nivel de reservas operativas ha llegado a una cota peligrosa: De ahí se empieza a comparar las reservas con los meses de importación; de ahí se hace una de las cuentas más superficiales para establecer el “tipo de cambio implícito”, al dividir la cantidad de dinero con las reservas internacionales. Es decir, posicionan la idea de que al BCV se le están agotando las reservas líquidas y por tanto, los compradores de dólares deben apresurarse a comprar lo más rápido posible y a cualquier precio, porque no hay cama para tanta gente.
Hay otras explicaciones que complementan los argumentos de los que configuran el cuadro devaluacionista. Unas se siguen ubicando en el plano más macroeconómico: el déficit público, la velocidad y la magnitud del gasto público, la tasa de crecimiento del endeudamiento público, la precariedad del flujo de caja de PDVSA, etc…
Otro conjunto de explicaciones se ubican dentro de las argumentaciones microeconómicas e ideológicas: la inseguridad del marco legal y de las inversiones, la incertidumbre en la fijación del precio y en la reposición de inventarios; la necesidad de asegurarse activos complementarios o sustitutivos del dólar que permitan mantener el valor monetario de su patrimonio (compra de automóviles, compra de inmuebles y acaparamiento de dólares, por ejemplo). Por su puesto, este último conjunto de explicaciones se condimenta con el terror, apoyado por la amenaza de que la llegada del socialismo implica una expropiación generalizada e indiscriminada.
Ahora bien, todas estas explicaciones tienen importancia no sólo para el debate teórico sino por sus consecuencias prácticas. No se trata entonces, en este espacio, de debatir teóricamente estos argumentos, se trata de comprender cómo actúan como legitimadores de un conflicto de intereses entre los grupos dominantes, en el terreno del sistema capitalista venezolano, y especialmente en la lógica que le impregna el capital financiero.
Antes de enumerar algunos de los factores objetivos que hacen que la semilla devaluacionista prenda, es necesario responder a la siguiente pregunta
¿A quiénes beneficia la devaluación?
Beneficia en primer lugar a los que poseen ingresos o activos financieros valorados en dólares. Aquellos sectores económicos que disponen de cuentas externas donde van a parar los dólares que capturan de la renta petrolera y los dólares que obtienen por la exportación. Esto implica a todos los exportadores en primer lugar, pero también aquellos tenedores de bonos cuyo valor está denominado en dólares. Estos son los primeros que apuestan a la devaluación porque son ganadores netos: obtendrán más bolívares por cada dólar que poseen.
En segundo lugar, la devaluación es un mecanismo muy eficiente para aumentar la extracción de plusvalía abaratando el costo laboral. Así que los sectores empresariales privados tendrán un costo que se abaratará en relación a los otros precios de los productos finales que ellos venden.
Se llega a creer que el gobierno es uno de los beneficiados, es decir los ingresos fiscales en un país cuyos ingresos en bolívares depende principalmente de un bien de exportación (como es el caso de nosotros, donde las exportaciones totales contienen un 90% de exportaciones petroleras), obtendrán más bolívares por cada dólar que les ingresen. De ahí que los gobiernos de la IV República, a partir de 1983, ejecutan fuertes devaluaciones con fines fiscales, es decir para recomponer su gasto interno que es básicamente en bolívares. También el gobierno logra “licuar” la deuda pública interna que también es en bolívares, ya que deberá, pagar un valor menor en términos reales.
Pero el gobierno que utilice este expediente con argumentos fiscales, a lo mejor llevado por la misma desesperación que aflige a una persona cuando abusa de la chequera y no tiene fondos, puede caer en una tentación diabólica: tiene que calcular muy bien, por dos razones económicas y por una política. Una primera razón es que si posee una deuda externa que ha venido creciendo velozmente, tendrá que pagar su servicio en dólares. Así que la devaluación puede ser un pésimo negocio si saca la cuenta entre los bolívares adicionales que entran por un bolsillo y los que salen por pagar la deuda externa pública e importaciones de mercancías realizadas por el gobierno. Como sabemos, el Estado ha incrementado su participación en las importaciones con el propósito de tomar control de esta posición de poder dominada por grupos monopólicos, y garantizar el abastecimiento de bienes esenciales como los alimentos.
Algo parecido ocurre con el segundo motivo, el efecto inflacionario provocado por el ajuste cambiario puede convertir en sal y agua los bolívares adicionales que ingresaron gracias a la devaluación. Así que, en determinado contexto, una importante devaluación puede ser un tiro por la culata para el fisco nacional, además de alejarle el logro de la meta inflacionaria anunciada.
Finalmente, hay una razón de carácter político: una devaluación puede afectar la base electoral del gobierno. Si el gobierno no toma medidas que minimicen los efectos negativos de la devaluación sobre los sectores económicos y actores sociales, el escenario sociopolítico se teñirá con el descontento de los que son perdedores de una fuerte devaluación. La derecha puede capitalizar parte de este descontento para los futuros eventos electorales, no sólo porque los ingresos reales se deteriorarán sino por la pérdida de credibilidad del gobierno que luego que asegura que no va a devaluar, termina por hacerlo.
El Presidente Chávez, antes de irse a Cuba para su delicada operación, declaró que no se iba a devaluar. Este proceso transformador se basa, en gran parte, en la esperanza, en la credibilidad de la palabra. La devaluación no sólo deteriora los salarios, sino que corroe esa esperanza y esa credibilidad.
¿A quiénes perjudica la devaluación?
Una devaluación incide negativamente en aquellas personas que viven de ingresos fijos, es decir de toda la población trabajadora cuyos sueldos y salarios ellos no podrán ajustar a su voluntad, como respuesta al ajuste cambiario. El mercado de trabajo actúa como “mercado de ajuste” cuando se hace un ajuste macroeconómico clásico, precisamente porque la devaluación hace que el tipo de cambio actúe como una correa de trasmisión entre el “mercado cambiario”, el mercado de bienes y el mercado de trabajo. Esta relación económica, que implica una relación sociopolítica, es la que está oculta detrás de la explicación del llamado tipo de cambio real que suelen tararear los buenos alumnos del manual neoliberal.

Desde 2008, se suele afirmar que un tipo de cambio fijo y bajo (para aquellos que se dejan convencer por los argumentos de la sobrevaluación) en el contexto del control cambiario, termina perjudicando a los trabajadores, porque los que obtienen dólares “baratos” por CADIVI o los revenden a el precio del mercado paralelo o marcan un precio final de sus productos teniendo como referencia el tipo de cambio paralelo. Eso es verdad, pero la verdadera razón es la ausencia total de mecanismos complementarios que permitan disminuir este “arbitraje” que termina pulverizando los ingresos de los pobres y de la llamada “clase media”. Además del alto grado de tolerancia a las formas de evasión del control y de algunas de las medidas que se han tomado para reprimir a los “culpables” que son remedios que terminan por empeorar la enfermedad (como la Ley de Ilícitos Cambiarios).
En este sentido, hay una estrategia evasiva cuando se presentan a los culpables de “menor monta” de esta situación, y de esta forma se oculta la acción de protagonistas principales. Entonces a finales de año, al mismo tiempo que se incrementaba el ataque cambiario, tambien se puede observar cómo se le echa la culpa a los estudiantes en el exterior y a los usuarios de tarjetas de créditos. Ciertamente, se han detectado graves irregualidades en estos segmentos, especialmente con el de tarjetas de créditos. Pero estos terminan siendo parte de una explicación insuficiente sobre el problema. Entre los estudiantes y las tarjetas de créditos no se llega al 15% de los dólares que distribuye el gobierno.
Se puede argumentar algo cierto, que siendo una proporción relativamente pequeña eso no es motivo para tolerar estas triquiñuelas con el control de cambio. Pero el problema es, primero, que se termina culpando al último eslabón de la cadena, pero no se investiga la responsabilidad de los que crean y protegen estos mecanismos. Esta forma equivocada de diagnósticar el problema, ha conllevado a una política de disminución de cupos que termina por incentivar la presión sobre el precio de la divisa.

Por otro lado, las explicaciones insuficientes como las que se han señalado, se convierten en la excusa para ocultar lo que ocurre con el resto de las divisas distribuidas, donde predomina la acción de grandes grupos e intermediarios con alta presencia corporativa trasnacional.
En todo caso, el control de cambio no puede seguir siendo una camisa de fuerza que termina favoreciendo a los intermediarios y a los que controlan grandes posiciones en dólares.
Cuando el ataque cambiario, expresado en un aumento creciente de la brecha entre el dólar oficial y el tipo de cambio lechuguino, logra mantenerse por varias semanas, una buena justificación del ajuste es aquella que sostiene que “la devaluación ya está descontada” en los precios de los últimos meses porque los marcadores de precios han logrado generalizar la referencia de precio del minoritario mercado paralelo. Esta generalización es una verdad a medias, que llega a convencer a más de uno, que la devaluación decidida por el Gobierno, no tendrá mayores efectos inflacionarios porque ya los mismos han sido recogidos en la tasa de inflación de los últimos meses.
Esta es una de las trampas mortales, especialmente para los que quieren defender la vocación social del gobierno. Resulta que para algunos bienes, esta inocuidad no es cierta. Cuando se pasó de 2,60 a 4,30 Bs.F por cada dólar, habria que estar en las farmacias para palpar el descontento y la impotencia de los que tienen que comprar medicamentos obligatoriamente. En esos días, es cuando más se putea al gobierno en las farmacias, a CADIVI y a todo lo que representa la victoria de la devaluación. Así que las generalizaciones no son buenas en términos del balance de quienes pierden y quienes ganan.
En todo caso, la nueva tasa de cambio oficial, si persisten los factores objetivos y subjetivos de la presión devaluacionista, se convertira en un nuevo “piso” para el cálculo del nuevo precio especulativo del mercado informal.
Otro efecto lesivo de la devaluación se hace evidente en los sectores productivos. Mientras que hay unos sectores de actividad económica donde predomina la acción de los que deciden amasar fortunas con las ganancias cambiaras, hay otros que insisten en mantenerse en actividades productivas fundamentales como la agricultura y la industria. Estos últimos resultan afectados cada vez que se devalúa especialmente si su mercado es principalmente el mercado interno. Incluso en sectores comerciales de mediano y pequeño tamaño puede ser letal la carrera devaluacionista.
Esto ocurre especialmente en una economía con una alta dependencia estructural de las importaciones de insumos. Repetir mecánicamente que la devaluación “promueve las exportaciones y desestimula las importaciones”, es no considerar que más de 90% de las exportaciones declaradas son de orígen petrolero. No tiene sentido una devaluación para mejorar la competitividad de los exportadores no petroleros, especialmente cuando la estrategia está orientada a fortalecer el mercado interno más que el logro de la competitividad internacional (tal como lo enunciaba el Gran Viraje de los 90).

En este último caso, la devaluación afecta la dimensión social, en la medida que produce desempleo y caída de ingresos, a partir de los sectores productivos que salen perjudicados.
La devaluación y su incoherencia con la política económica chavista
La estrategia económica del gobierno bolivariano, desde 2002, se ha basado en una expansión económica basada principalmente en un proceso de distribución popular de la renta y por ello su palanca ha sido la mejora sustancial del consumo de las familias. Es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo rentista mientras contribuye con el entierro de la economía productiva.
Ciertamente, una salida devaluacionista perjudicará a las mayorias que constituyen la base política de este proceso. Los indicadores sociales, como el salario mínimo, serán afectados si no se aplican medidas que amortigüen la caída. La aplicación de incrementos de salario mínimo es insuficiente donde una gran proporción de la masa trabajadora no recibe este beneficio. Esto es porque alrededor del 45% de los trabajadores pertenecen al sector informal.
La supuesta ganancia fiscal que tendría el gobierno y PDVSA se le puede revertir con el incremento de la carga de la deuda, del costo real de las importaciones, del gasto de las misiones sociales y finalmente con su incidencia en la tasa de inflación. Los beneficios fiscales de la devaluación son una peligrosa ilusión, es el camino fácil que conduce al infierno, además de contribuir con el aplazamiento de radicales cambios en la estructura tributaria. La devaluación es íntima colaboradora con la permanencia del IVA.
Los grandes ganadores, la banca privada, los monopolios comerciales y productivos, saldrán fortalecidos y utilizarán este posicionamiento para una futura carrera prodevaluacionista. Mientras más poder tienen, más estarán acorralado el gobierno con esta estrategia anunciada. Los grandes tenedores de títulos públicos en dólares no sólo tendrán más bolívares, sino que tendrán más fuerza para pedir más devaluaciones.
El gobierno tiene que salir de esta emboscada anual, la devaluación no le conviene. Debe adelantar los cambios estructurales e institucionales. Gran parte de estos cambios profundos se pueden iniciar en el corto plazo, gran parte de las alternativas e instrumentos de política depende de un diagnóstico que lleva a resolver la siguiente paradoja:
La economía venezolana cerró con un saldo en cuenta de mercancías superavitario de 39.595 MM US$, esto implica una entrada de 95.952 millones por concepto de las exportaciones. La gran mayoría de estas ventas al exterior son de origen petrolero (92.233 MM US$). Mientras que las compras externas se ubicaron en 56.357 MM de US$. Este sustancial superávit entre exportaciones e importaciones de mercancías, repito de 39.595 MM de US$, se le descuenta el saldo en servicios, el saldo en rentas y las transferencias corrientes, quedando como resultado un saldo en cuenta corriente de 14.565 MM de US$. ¿A dónde va este excedente de recursos financieros que la economía venezolana dispone y que la hace privilegiada en comparación con otras economías latinoamericanos?
A dónde van los dólares, quién los controla, quién los gasta o los malgasta…responder este acertijo lleva a soluciones prácticas y justa para la distribución de ingresos.
El mercado cambiario es sólo una parte, aunque una parte importante, del sistema económico. El tipo de cambio no se puede convertir en el ombligo del mundo económico. Hay que enfrentar otros retos que conciernen al modelo productivo y al control de los poderes fácticos ejercido por los sectores económicos dominantes.
* Simón Andrés Zúñiga es economista venezolano, Sociedad de Economía-política Radical (SER)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, diciembre 13, 2012

¿Por qué tú, que eres inteligente...?


¿Por qué tú, que eres inteligente...?

1

No hay expresión más refocilada que la de quien cree haber encontrado un método infalible para ganar en la lotería o vencer en todas las discusiones. Es fácil reconocerlo. Nos sigue varias cuadras haciéndose el disimulado, lee un papelito como para no olvidar el número de su billete ganador, y por fin nos aborda, con la cara de estreñido de quien da un pésame: -¿Por qué tú… que eres inteligente… que eres preparado… eres de izquierda…?

2

Si tus conclusiones no son satisfactorias, le digo, revisa tus premisas. Lo que estás diciendo es que no soy inteligente o que la izquierda no es inteligente. Si no soy inteligente, te equivocas al decir que lo soy, y mucho más al discutir conmigo, porque a nadie le interesa que le dé la razón un bruto. Si dices que la izquierda no es inteligente, demuéstralo, porque a quien alega un hecho le toca la carga de la prueba.

3

Demostrar que la izquierda no es inteligente es pan comido. Es obvio que no eran inteligentes ni Marx ni Engels, cuyas ideas mueven al mundo hace más de un siglo, ni Lenin o Mao, que convirtieron países semifeudales en potencias. Tan brutos como izquierdistas eran Arthur Rimbaud, Emilio Zolá, Oscar Wilde, Bernard Shaw, Bertrand Russell, José Martí, Albert Einstein, Robert Oppenheimer, Pablo Picasso, Charles Chaplin, Sergio Eisenstein, Vladimiro Tatlin, Igor Stravinsky, Sergio Prokofiev, Tristán Tzara, André Bretón, Ernest Hemingway, Jean Paul Sartre, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Mariátegui, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Salvador Allende, Elena Poniatowska, Tina Modotti, Noam Chomsky, George Clooney, Sean Penn, Oliver Stone, Michael Moore, Naomi Klein, Guayasamín, Jorge Amado, Ciro Alegría, Jorge Icaza, Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Aníbal Nazoa, Aquiles Nazoa, Alfredo Armas Alfonzo, Laura Antillano, Régulo Pérez, Fruto Vivas, Vladimir Acosta…

-¿Perdón, quiénes?- Nos pregunta el implacable juez de la inteligencia, pestañeando como bateador que deja pasar mil strikes sin abanicar uno.

4

Admitamos que la constelación de fundadores del mundo y del pensamiento modernos nada significan ante el Filósofo del Zulia, que descubrió que no hay que pedir peras al horno, ante la rectora Arocha, quien desfiló con pancarta proclamando que “no acateremos” la Ley de Universidades, o ante la diputada que vive conjugando el verbo responsabilidad ¿Se puede ser Gente Pensante sin pensar, o sin tener obra, como bien lo demuestra la derecha intelectual, o alguna izquierda que al pasarse para la derecha dejó de crear?

5

El estudio “Mentes brillantes y actitudes oscuras: habilidad cognitiva inferior predice un mayor prejuicio, ideología derechista y bajo contacto intergrupal”, de Gordon Hodson y Michael Busseri, de la Universidad de Brock (Psychological Science, Febrero 2012, 23: 187.195, doi: 10.1177/0956797611421206) revela eso mismo: los menos inteligentes son derechistas, prejuiciados e inhábiles para el contacto grupal. Investigadores de la Universidad de Zurich, dirigidos por Erns Fehr, encontraron, según Yosuke Morishima, que “los voluntarios que se comportaron más altruistamente también tenían una mayor proporción de materia gris en la unión entre los lóbulos parietal y temporal”. Según Chris Mooney, en The republican war on science, los conservadores puntúan muy por debajo de los progresistas en los test sicológicos que miden la “apertura a la experiencia”, y se encierran en una “clausura cognitiva del mundo” (http://terceracultura.net/tc, 27 agosto 2012). ¿Para qué multiplicar argumentos? El conservador sólo masca el chicle del pasado. Todo adelanto se debe a algún progresista.

6

Nuestro preguntón, como todo derechista, tiene bajo nivel de atención y no soporta argumentos. Antes de que terminemos nos deja, vuelve a leer su papelito y se pega detrás de Román Chalbaud, recitándole: “¿Por qué tú… que eres inteligente… que eres preparado…?”

Por fortuna la inmensa mayoría del pueblo venezolano es inteligente.

domingo, diciembre 09, 2012

Los profesores de colegio son celebridades en Hong Kong


Los profesores de colegio son celebridades en Hong Kong

Tutores en Hong Kong
Aparecen posando glamorosamente en enormes carteles de centros comerciales y autobuses.
Pero no son estrellas de cine ni supermodelos: son los reyes y las reinas de la tutoría en Hong Kong, que ofrecen a los alumnos una oportunidad para mejorar sus mediocres calificaciones.
En la cultura consumista del país, la apariencia vende. Algunos tutores famosos, que lucen sofisticados peinados y prendas de diseñadores, son tratados como ídolos por los jóvenes que acuden a sus clases.
Algunos se han hecho millonarios e incluso aparecen regularmente en programas de televisión.
"Si quieres ser un tutor superior, debes ser joven y atractivo. Los estudiantes se fijan en la apariencia", dice Kelly Mok, de 26 años, una "tutora reina" en King Glory, uno de los establecimientos tutoriales más grande de Hong Kong.
No sólo usa ropa y accesorios de diseñador en los carteles publicitarios: así es que a ella le gusta vestirse fuera de clases. Pero, aclara, sus servicios no serían tan demandados si no enseñara a sacar las mejores calificaciones en su asignatura: el inglés.

Imagen de rock star

Richard Eng
Richard Eng ha aportado un enfoque de espectáculo al hecho de mejorar las calificaciones en los exámenes.
Richard Eng del Beacon College es considerado el primer "tutor estrella" de Hong Kong.
Exmaestro de una escuela secundaria, dice que tuvo la idea después de aparecer en las fotografías publicitarias de su hermana artista.
"En la escuela todos los profesores tienen el mismo aspecto, no hay emoción", señaló.
Su imagen aparece en las carpetas que contienen consejos para estudiar y también en bolígrafos y otros artículos escolares. Los objetos se volvieron tan codiciados que catapultaron su estatus a estrella de rock entre los jóvenes.
El fenómeno de los tutores celebridad es el resultado del enorme crecimiento de los estudios fuera de la escuela en Asia.
El asunto se ve alimentado por los exigentes sistemas de exámenes y por padres ambiciosos que desean que sus hijos obtengan un puesto en las mejores universidades.
En las sociedades en las que el éxito se equipara con las buenas calificaciones, la ansiedad de los padres se transforma en un "flujo constante de ingresos" para los centros de tutoría, de acuerdo con un estudio realizado por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD).
La industria de la tutoría, o "educación en la sombra" como la llama el Banco Asiático de Desarrollo, se ha vuelto muy popular en Asia, debido también al crecimiento de las universidades y de la creciente proporción de abandono escolar.
El profesor de la Universidad de Hong Kong, Mark Bray, uno de los autores del estudio del BAD, dijo que un asombroso 72% de los estudiantes del último año en Hong Kong ahora acude a clases con profesores particulares.
Las familias más ricas siempre han pagado por tutoría individual. La novedad de los tutores estrellas es que ofrecen consejos y exámenes de revisión para los menos pudientes, estudiando en grupos de más de 100 personas.

Una ventaja

Kelly Mok
Olvídense de los parches en los codos, la tutora Kelly Mok enseña inglés con estilo.
Y no se trata sólo de Hong Kong. La tutoría "se ha extendido e intensificado en Asia y cada vez se comercializa más", explica el profesor Bray. En Corea del Sur, el 90% de los niños en edad escolar primaria asisten a clases de este tipo.
En Corea del Sur, Tailandia, Sri Lanka y la India, las escuelas de tutoría se valen de los tutores estrellas para atraer más estudiantes. "Ellos han encontrado una manera de atraer a los jóvenes", dice.
"En Kota también hemos experimentado este fenómeno de tutores estrellas", señaló Pramod Maheshwari, director ejecutivo de la escuela Career Point Coaching en Kota, Rajastán, una ciudad de India en la que los centros de tutoría residenciales atraen a estudiantes de todo el país.
"A los estudiantes se le puede dar una ventaja", dice. Para él, en última instancia, la expansión de la tutoría no está impulsada por las personalidades, sino por "la ineficiencia del sistema escolar".
"En India, el nivel de educación de los estudiantes no es lo suficientemente exigente y millones se preparan para exámenes universitarios competitivos. Es un mercado enorme", afirma Maheshwari.
En China, donde las escuelas privadas de tutoría eran desconocidas hasta que la economía se abrió en la década de los 90, la escuela New Oriental Education and Technology ha crecido hasta convertirse en uno de los centros más grandes de tutoría en Asia, con alrededor de 2,4 millones de estudiantes este año.
Cuenta con 17.600 profesores en 49 ciudades y una red en línea de más de 7,8 millones de usuarios.
Cotiza en la Bolsa de Nueva York desde 2006. Su fundador, Michael Yu (también conocido como Yu Minhong), se convirtió en un multimillonario gracias a su mezcla de ejercicios de aprendizaje con comedia e incluso con discursos motivacionales.
El hombre de origen humilde, que llegó a ser profesor de inglés en la Universidad de Pekín, utilizó el modelo de Hong Kong de emplear tutores estrellas con el fin de preparar a los estudiantes para las pruebas de universidades extranjeras.
La tutoría a veces es considerada como una contribución al rendimiento de los países de Asia del este, sobre todo en matemáticas.

Prohibición

autobús
El 72% de los estudiantes del último año en Hong Kong ahora acude a clases con profesores particulares.
También ha habido intentos de reducir los costos de las tutorías.
En la década de los 80, el gobierno de Corea del Sur emitió una prohibición general sobre las clases particulares.
Aunque demostró no ser ejecutable, la medida reflejó las preocupaciones de que la matrícula ponga demasiada presión sobre los alumnos. Los profesores además se quejaban porque los alumnos se dormían en clase, después de largas noches de tutoría.
En 2009, el gobierno surcoreano adoptó medidas para limitar el número de horas que los estudiantes pasaban en los centros de tutoría, en un intento de reducir el estrés infantil y aumentar el nivel de pensamiento creativo.
Sin embargo, el impacto ha sido limitado, provocando muchas clases de tutoría se lleven a cabo en línea.
El gobierno se ha dado cuenta de que la única forma de cambiar la tendencia es modificar la cultura de exámenes, reducir el número de pruebas para entrar a la universidad y alentar a las universidades a que tomen en cuenta otros factores de preparación del estudiante y no solo una calificación.
Un estudio demostró que la tutoría en Singapur, aunque tiene una influencia positiva en una materia específica, le quita tiempo al resto de las asignaturas, lo que podría provocar una disminución del rendimiento académico general.
El informe del BAD dice que en toda Asia, las familias están gastando una cantidad considerable de sus ingresos en tutoría. Y aunque esto pueda contribuir a un mejor desempeño individual de los estudiantes, también puede exacerbar las desigualdades sociales.

Pánico

Existe evidencia de que pagar por tutoría es una tendencia cultural. En ciudades que poseen grandes comunidades chinas como Vancouver (Canadá) o Sídney (Australia) se ofrecen un montón de clases particulares. Sin embargo, este no es la única causa.
"La tutoría también va a depender de lo que las escuelas y las universidades pidan. Los padres responderán a lo que ellos consideren que ayudará a sus hijos a entrar", dice Bray.
Algunos estudiantes sólo asisten a las conferencias y ven las grabaciones de video de las conferencias, mientras que otros compran complementos como la interacción personalizada con el tutor o asesor estrella a través de Facebook o correo electrónico.
Pero a medida que se matriculan más estudiantes en las tutorías, las ventajas en el salón de clase. Por ello, "habrá estudiantes que solo buscarán un tutor para no estar en desventaja competitiva".
Richard Eng, sin embargo, niega que los profesores estén sembrando el pánico. "El pánico proviene de los propios exámenes. Si no existiera ese sistema en Hong Kong, no importaría lo que yo diga o cómo luzca, los estudiantes no se acercarían a mí".
¿La tutoría pone demasiada presión sobre los alumnos? ¿Se les da a algunos estudiantes una ventaja injusta? Comparta su opinión con nosotros a través del siguiente formulario.

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