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domingo, junio 03, 2018

Voyage: Del porqué un ucevista puede comer pizza de mostaza picante y otras...

Con Cristina la cumpleañera y Fernanda


Subject: Voyage: De porqué un ucevista puede comer pizza de mostaza picante y otras....
Date: Mon, 26 Apr 1999 01:49:08 PDT

Bonjour mes amis,

ESPAÑOLES AL ATAQUE

Les cuento lo que hice este fin de semana.

El Viernes, Fernanda y yo, le teníamos preparada una fiesta sorpresa de cumpleaños a Cristina, la otra brasileira. Para la fiesta vinieron como 12 brasileiros, pero además hubo una invasión de coleados del nuevo grupo de españoles que ahora invadió la MINA. La fiesta nos quedo muy buena, aunque al principio e igual que en la fiesta en la Maison de Portugal, los brasileños se sentaron a hablar y las brasileñas detrás de la barra atendiendo, pero luego con la música empezaron a bailar y es como en Venezuela salvo que como que tampoco hay mucho baile en parejas. Aquí en Venezuela se baila más en parejas.

Yo le había dicho de la fiesta a una española nueva que llego a la MINA y que es de las Islas Canarias y la caraja se presento con una tropa como de 20 carajos desesperados, menos mal que llevaron su propia bebida. Esos españoles como que tienen una obsesión con las catiras brasileñas y como Fernanda es brasileña-alemana, los cargaba locos. A cada rato me decían que se las presentara, pobrecita con lo tímida que es ella, le cayó una verdadera invasión Yo me pude reír muchísimo porque eran igualitos a los conquistadores que buscaban el dorado, pero en este caso era el cabello dorado. Yo les decía, que está por allá y los carajos caían como unos pendejos buscando por allá y luego les decía que buscaran por el camino contrario y por el camino contrario se iban con desespero. Al fin decidí presentarles a Fernanda para que rebotaran de una vez, pero lo que no pude calcular, es que la bandada la fue persiguiendo hasta la puerta de su cuarto y se dispuso a esperarla. ¡Eran como las langostas! Nunca había visto algo así. Yo gozaba un puyero, hasta que repararon que en mi cuarto había ron. Yo me dije, ¡mierda, mis reservitas de ron no las voy a dejar en manos de estos salvajes que se la toman con Coca Cola! Y me los logré quitar de encima diciéndoles que había una fiesta de españolas en la 109. Los carajos se fueron corriendo y nosotros nos perdimos.

DEL PORQUÉ LOS UCEVISTAS PUEDEN COMER PIZZA DE MOSTAZA

El Sábado cuando regresé, me fui a la chambre de Nelson. Al lado estaban sus vecinas quienes tenían una pizza extraña para mi que nadie se había podido comer. Una pizza cuya salsa no era de tomate sino de mostaza picante de Dijon. Todo el que intentaba echarle diente salía con lágrimas en los ojos, corriendo a tomar agua y exclamando y ni Nelson que tiene la costumbre centroamericana de comer tostitos con chile picante pudo comérsela. Ya la iban a botar cuando llegué yo, el que temía pasar hambre si no le pagaban la beca...

En verdad, yo no había cenado y tenía mucha hambre, así que valía la pena el intento de comer gratis. Despejé el camino libre hacia el lavamanos, por si acaso había que vomitar, prepare un vaso de agua y la probé tranquilo, no era buena pero se podía tolerar. Todos estaban impresionados, me comí el pedazo que me dieron y ni siquiera tomé agua, me senté en frente de la pizza y como más nadie se la iba a comer pregunté ¿puedo comérmela toda?. Me dijeron que por supuesto y me la comí con muchísimo gusto. Todos seguían con la boca abierta, y Nelson decía: ¡Ya sabemos que en Venezuela si hay hombres! Al final me preguntaron ¿cómo lo hiciste? Y no sabía cuál era la explicación y les di la única explicación que se me ocurrió en el momento: - Es que estoy acostumbrado a los gases lacrimógenos y al gas mostaza.

OTRAS

Me estoy leyendo un libro magnífico que se llama: “Las Venas Abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, me lo prestó Carmen y ya estoy a punto de comenzar a poner bombas por aquí. ¡Viva la Revolución Latinoamericana, carajo! ¿Ese libro está prohibido en Venezuela?

Carmen en El Pensador de Rodin
Ayer visité con Carmen (Uruguay) el Musée Rodin. Al principio la intención era visitar únicamente los jardines, eso cuesta 5 Fr que es como 500 Bs, pero en El Pensador nos conseguimos a Anne Laure y al novio quienes venían saliendo y nos dieron sus entradas. Rodin es magnífico, pero algún día van a venerar más aún a Camille Claudel, su amante, escultora también.

Ayer, en la chambre de Cristina estaba Pascal, un francés que es como tonto que anda detrás de Cristina. Le dije a Pascal que en Francia no hay libertad porque uno estaba todo el tiempo llenando planillas. El tipo asintió. Es como medio raro.

Me despido, au revoir....

Luis Manuel

domingo, agosto 16, 2015

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Tomado de: Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales



Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

  • Por:
  • HÉCTOR BUJANDA
El Investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV cree que la expansión de la criminalidad es producto de una transformación de la violencia debido a la acción policial y los asesinatos extra judiciales
La posición que deja ver en esta entrevista el Jefe del Departamento de Criminología de la Escuela de Derecho de la UCV, Andrés Antillano, con relación a la explosiva violencia y criminalidad que vive el país, no dejará tranquilo a nadie.
Señala que Venezuela está a las puertas de una guerra de consecuencias impredecibles. Se ha roto el equilibrio histórico entre policías y delincuentes y ahora ya nadie sabe, a ciencia cierta, quién controlará el monopolio de la violencia en los años por venir.
El gobierno bolivariano, en tanto, ha dado un giro casi rocambolesco a la inocua política de seguridad que enarboló durante más de una década –basada en un funcionalismo de izquierda- y ahora practica lo que Antillano llama un “populismo punitivo”, basado en la mano dura y la persecución de los pobres.
Por si fuera poco, el psicólogo social recalca que en períodos de recesión económica, el aumento de la represión policial, como estas prácticas de la OLP, puede ser el equivalente a acercar fuego a la gasolina. Recuerda que cuando eso sucede, es porque el Estado ya no tiene otra política para los sectores sociales que la represión.
La criminalización de los pobres, a través de la figura del bachaquero y del paramilitarismo, se conecta con una tensión más profunda, la que genera una política social que nunca se universalizó y por el contrario produjo diferencias en el barrio, la base social que alguna vez hizo legítimo al chavismo como fuerza política.
De la violencia expresiva a la violencia instrumental
–¿La sociedad venezolana está sumida en la violencia?
–Sí, por supuesto, pero habría que distinguir esa violencia. En primer lugar, es un fenómeno que viene desde los años ochenta. A partir de 1989 se duplica, por primera vez, la tasa de homicidios y desde entonces ha tenido una escalada persistente. Un fenómeno que ocurre en toda América Latina durante ese período. Muy pocos países han logrado revertir la tendencia, quizás la excepción sean Colombia y Brasil. Por esta razón Venezuela pasa a ser la nación con el mayor número de homicidios en Suramérica.
¿Qué es lo que ha aumentado en Venezuela? Por un lado, los delitos callejeros, la pequeña criminalidad, el hurto, las amenazas, la venta de droga, que no son los delitos de mayor gravedad pero que terminan generando un impacto muy grande en la opinión pública: que venga un motorizado y te arrebate el celular.
Por otro lado, han aumentado los delitos violentos: robo a mano armada, secuestros y, por supuesto, homicidios, que han aumentado de manera desmedida. Además, hay otro cambio importante: estos crímenes tienden a democratizarse, se vuelven cada vez más delitos intraclases, las víctimas principales –muy claro en el caso de los homicidios– son gente pobre.
–Pobres, víctimas de pobres.
–Pobres, víctimas de otros pobres. La violencia en Venezuela es, en primer lugar, consecuencia de una exclusión social. No es casual que se disparen las tasas de homicidio y los delitos violentos, justamente en el momento del auge del neoliberalismo. La violencia tiene mucho que ver con la exclusión en sectores específicos de la población. Y en esa medida, ha sido una violencia fundamentalmente especializada.
Aquí la idea de la banda organizada, del crimen organizado, no parecía tener valor analítico: la situación que se ve en Colombia con el paramilitarismo, en Brasil con el Primer Comando de la Capital de Sao Paulo o con el Comando Vermelho en Río de Janeiro, o con las Maras en los países de Centroamérica. No es el tipo de violencia que tenemos aquí, la nuestra es más de orden expresiva, entre muchachos excluidos, grupos irregulares con edades más o menos definidas que se matan entre ellos. Aquí la violencia es una fuente de estatus simbólico.
–Pero estamos en un momento donde el delito duro, el homicidio, el secuestro, los descuartizamientos se han impuesto como modalidades de la violencia cotidiana
–Lo que creo que ha venido pasando –y esto ha repuntado en estos últimos meses– es que esa violencia desorganizada da paso a niveles cada vez más sofisticados y organizados de violencia: pasa de ser una violencia expresiva a ser una violencia instrumental.
–¿A qué alude cuando habla de violencia expresiva?
–Una violencia cuyo sentido se agota en su fin. No es una violencia que pueda explicarse como medio para conseguir un propósito. Una violencia que, en sí misma, es una fuente de reconocimiento, de sentido, tanto para el que se ve afectado, como para el que la ejerce. Creo que esa violencia se está convirtiendo en una violencia de orden instrumental, es un medio para conseguir un fin: robar, secuestrar, cobrar un rescate, eliminar adversarios, controlar determinados territorios, extraer renta de esos territorios.
–¿Esa transformación de la violencia desde cuándo está ocurriendo?
–Es una tendencia que ha venido creciendo en los dos últimos años. Me parece que tiene mucho que ver con el descalabro de los cuerpos policiales y con la situación de recesión económica que vive el país. Sobre todo se acentúa, a mí modo de ver, en el último año. Y es un efecto paradójico, porque a eso ha contribuido la misma política de seguridad del Estado. Yo estoy haciendo un trabajo de campo en zonas muy violentas.
Policías y colectivos: ruptura de un equilibrio
–¿Y qué ha encontrado?
–Investigo en una zona que está, ahora, bajo esa idea de que es una “zona de paz” y que está copada de paramilitares. Hemos visto allí dos cosas: primero, que los actores de la violencia no son paramilitares, son muchachos excluidos que no tienen empleo, que están por fuera del sistema educativo y que se juntan con muchachos semejantes del barrio vecino, en escaramuzas y violencias fortuitas que son fuentes para recibir una suerte de reconocimiento.
Este reconocimiento tiene que ver con la retórica de “mostrar la cara”. El que no se ve, porque es excluido de las formas de reconocimiento social, se convierte en alguien reconocido, al menos para sus pares, en una situación de violencia. Estos muchachos son actores armados y delincuentes que operan en un sector en particular. Durante el último año, y esta es la segunda cosa que consigo en esas zonas, ha venido creciendo la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.
–¿A qué cuerpos policiales se refiere?
–Cicpc, Policía Nacional.
–¿Policía Nacional? ¿No es una institución demasiado joven como para andar en ésas?
–Sí, así es. También existen grupos parapoliciales que proliferan y es algo poco atendido porque, además, se desdibujan bajo un discurso político y empiezan actuar de manera autónoma.
–¿Eso es lo que llaman colectivos?
–Sí, colectivos. Pero yo conozco muchos colectivos, estos son de funcionarios y exfuncionarios policiales.
–¿Estamos hablando de colectivos como el 5 de Marzo?
–En la zona donde trabajo, son funcionarios policiales que actúan autodenominándose “colectivos”. Entonces, durante este periodo de tiempo, han asesinado a veinte muchachos en la zona, malandros –como dicen ahí– y gente “sana” que no tenía ninguna implicación en episodios de delitos. Lo que termina ocurriendo en estas acciones policiales, paradójicamente, es que se rearticulan las bandas hasta entonces enfrentadas.
La escalada de violencia policial, como te digo, termina generando una reorganización de la delincuencia y de la violencia armada. Se defienden de estas incursiones de la policía, con las mismas armas que la policía les vende. Eso hay que recalcarlo, las armas son vendidas por funcionarios de los cuerpos policiales.
–¿Pero qué anima a cuerpos policiales como el Cicpc y la PNB, a estos colectivos parapoliciales, a meterse en los barrios para matar gente? ¿Retaliaciones, cuentas pendientes?
–Vivimos una transformación del equilibrio entre policía y delincuencia en la que la policía tenía una suerte de división del trabajo en la que se establecían unos tipos de pactos informales con la criminalidad. Pactos informales e ilegales, fundamentalmente basados en el cobro de lo que ellos llaman “las multas”. Eso tiene una función extorsiva, que regulaba las relaciones entre policías y delincuentes.
Y este sistema tenía diversos escalones. De pronto, las policías “más pequeñas” o de menor impacto, la policía preventiva o simplemente los funcionarios de ciertos cuerpos, para distinguir a las personas de las organizaciones, se encargan de la venta de droga, de la venta de alcohol ilegal, de las apuestas. Mientras que funcionarios del Cicpc tienen que ver, fundamentalmente, con actividades de criminalidad mucho mas complejas.
Este equilibrio, que era una suerte de pacto silencioso, mafioso, termina quebrándose durante los últimos dos años y termina por producir un enfrentamiento abierto entre delincuentes y fuerzas policiales. Esto ha generado una rearticulación, como te decía, de la respuesta de los delincuentes. Respuesta que llaman “la palabra”. Los delincuentes hablan de una “palabra” entre las distintas bandas que deponen la violencia entre sí para articularse y dar respuesta a la violencia policial.
–Hay una reorganización de la relación policía-delincuente. ¿Qué impulsa esta batalla, usted habló de recesión económica y de descalabro de los cuerpos policiales?
–Yo creo que hay muchos factores, pero de algún modo lo que ha determinado y contribuido en el ultimo año a esta situación es la política de mayor respuesta de violencia por parte del Estado hacia los sectores populares. Yo puedo entender, claramente, las motivaciones, lo que esta detrás de políticas como la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. Entiendo que hay un clamor de la gente. En efecto, se ve desamparada, se ve rehén de la violencia.
OLP, criminalización y extravío
–¿Se dejó correr mucho la situación, por eso estamos clamando por una OLP?
–Hay una gran paradoja. La violencia tiene mucho que ver con el tema de la desigualdad. En los años noventa, aumenta la desigualdad y aumenta la violencia. En Venezuela, sin embargo, en los últimos diez años disminuye la desigualdad, disminuyen los índices de pobreza, pero la violencia se dispara. Yo tengo algunas hipótesis sobre eso. Pero en el cuadro actual, hay una demanda real de la gente. Por eso la recepción de la OLP termina siendo ambigua en los sectores populares. La gente siente una gran sensación de vulnerabilidad y desamparo. Pero no podemos olvidar que todo esto es producto de una pérdida: la de la presencia legítima del Estado.
Los sectores populares no encuentran a qué instancia acudir, no hay mecanismos de regulación sobre muchos territorios. Parece una contradicción lo que digo. Los cuerpos policiales son parte del Estado: tienen, por un lado, una incrementada presencia en los sectores populares, pero esto no cuenta, no garantiza la regulación, las resolución de conflictos. Porque son intervenciones irregulares, oscilantes, compulsivas. Llegan, hacen redadas, se llevan preso a todo el mundo, matan a alguien, se van, no vuelven. Es una presencia espasmódica.
Uno ve que es real la preocupación del gobierno, porque esta ausencia institucional, este espacio vacío, lo terminan ocupando los grupos armados periféricos. Pueden ser grupos de policías, colectivos, malandros, que controlan la situación en el barrio. Al mismo tiempo, lo que también ha ocurrido es que la violencia, el delito, que había venido siendo un delito intraclases, ahora se vuelve más pernicioso y termina victimizando de forma más cruda a los vecinos. Entonces, es un imperativo del Estado recuperar el control institucional sobre esas áreas, porque si no se verá seriamente cuestionado.
Uno podría, entonces, entender los intentos, los ensayos, que ha habido para dar respuesta a la inseguridad, al delito y a la violencia. Lo que creo es que estas estrategias, sobre todo con la OLP, han sido erradas. Es errada en el diagnóstico y es errada en la valoración del problema.
–¿Equivocan el diagnóstico?
–Se yerra en el diagnóstico porque la explicación que se da es que esto está ocurriendo porque han aparecido grupos que tienen el control territorial por la ausencia del Estado. La explicación más habitual aparece en los medios, y es que el Estado se ha replegado en ciertas áreas y esto ha contribuido a que aparezcan grupos criminales. Insisto, no es así, al menos en los lugares donde estamos investigando, que es una llamada “zona de paz”.
–En la zona de paz se le ha dejado a la banda controlar el territorio.
–No es verdad que allí no haya presencia policial. Hay esta presencia policial absolutamente violenta, ilegitima, espasmódica, además que son los mismos cuerpos policiales los que alimentan muchas veces a estos grupos criminales, en armas, en municiones. Es decir, no es un problema de ausencia del Estado, sino de falta de una trama institucional legítima que le brinde protección efectiva a la gente.
–Se yerra también en la valoración del problema, dice
–En esta idea del paramilitarismo, de que son grupos paramilitares los que están infiltrándose en los sectores populares y responden a agendas políticas y extranjeras. Habría que, primero, afinar los criterios. El paramilitarismo, en el sentido estricto, aludiría a grupos armados que se autonomizan y que cuentan con cierto grado de tolerancia y apoyo del mismo Estado. Se dio en Colombia, en Perú, en el norte de Irlanda.
Grupos autonomizados, con miembros de las fuerzas armadas, cuerpos policiales, asociaciones civiles que cuentan con, al menos, tolerancia de parte del Estado. Que actúan contra objetivos esencialmente políticos, para aniquilar a adversarios. Esta es la definición estricta de paramilitarismo. Allí podríamos, más bien, pensar que estos grupos parapoliciales que empiezan a proliferar, se parecerían más a este concepto de paramilitarismo.
–Esta especie de configuración del colectivo armado
–Colectivo es una categoría muy amplia que termina confundiendo. Yo conozco a muchos de estos actores y no tienen ningún tipo de motivación política y encuentran en este término “colectivo” una buena coartada para actuar.
–¿Entonces esto no tiene que ver con paramilitares?
–No. Además se alude al paramilitarismo colombiano. Es una tesis muy xenófoba. Colombia termina siendo responsable de todos nuestros males y la tesis tampoco se verifica empíricamente. Aquí lo que termina ocurriendo es que hay grupos delincuenciales que se vienen rearticulando para dar respuesta a la violencia policial.
El uso de esta categoría del paramilitarismo termina siendo muy complicada, porque se trata de declarar como objetivo militar a sectores del pueblo. El uso de la categoría, con esto de la OLP, incentiva otros usos: bachaqueros, buhoneros, gente que tomó un apartamento.
–Gente, como usted dice, que ha cometido delitos pequeños.
–Ni siquiera delitos. Mira el caso de la Panamericana, donde se desaloja a una comunidad posiblemente por razones urbanísticas. Se hace bajo la perfecta coartada del paramilitarismo y eso termina generando mucho consenso entre la población identificada con el chavismo.
–Si el problema era urbanístico, ¿no ha debido dar la cara una institución, una instancia política o mediadora.
–Esa es la tendencia: usar una etiqueta muy eficaz, como la de los paramilitares, que permite resolver con manos militares problemas de otro orden: sociales, policiales, criminales, urbanísticos. Entonces se trata de declarar a facciones del pueblo como paramilitares, sean delincuentes o no.
Empieza a prevalecer una retórica, entre sectores del gobierno y del chavismo, en la que estratos del pueblo son vistos como enemigos. Esto lo que indica es una pérdida de conexión con sectores importantes de lo popular. Y se puede encontrar su equivalente en categorías como el “bachaquero”. Es decir, se desplaza el relato de la Guerra Económica –que es responsabilidad de la oligarquía, de los grandes capitales– a la señora que vive en un barrio, que compra cinco paquetes de Harina Pan para revenderla o, sencillamente, para tenerla.
El responsable de la Guerra Económica ya no es el capital y mucho menos las redes de corrupción, la policía, el ejército que instrumentaliza el contrabando de extracción, sino algunos sectores del pueblo. Esto, sin duda, habla de un grado de descomposición, habla de un grado de anomia, es muy curioso el desplazamiento y la búsqueda de un nuevo enemigo: facciones de los pobres, bien sea como bachaqueros o como paramilitares.
El nuevo enemigo: el pobre
–Desde el 2013, que comenzó la narrativa de la Guerra Económica, no se consigue al “enemigo real”. ¿Terminó consiguiéndose en el pueblo?
–Sí, yo creo que sí. Es más evidente el contrabando de víveres a mercados informales, el contrabando de extracción, pero eso no es responsabilidad de los bachaqueros. Es mucho más fácil obtener el consenso con figuras que tú puedes ver: la señora que se lleva las pacas de Harina Pan, o el buhonero que te vende el litro de aceite más caro.
Además, hay un marco de negociación con sectores de la burguesía, por eso tampoco conviene dar la guerra a ese nivel. Termina el bachaquero siendo una figura útil, como el paramilitar, porque con eso se culpa al “malandrito” de la esquina. Sin ver, desde luego, los problemas estructurales, las desviaciones policiales en el tráfico de armas, las redes clientelares que pueden estar detrás de la violencia.
–Si los hechos importan, la OLP nació ejecutando “una razzia” en la Cota 905: mueren quince personas, buenas o malas, pero nadie sabe en qué condiciones recibieron la muerte. Después ha comenzado una versión más rutinaria de la OLP, si se quiere, más enfocada en efectos propagandísticos.
–Pero en aquella ocasión ni siquiera se consiguieron a los presuntos malandros que estaban buscando. El resultado fue realmente ridículo. Es decir, la OLP no es un modelo para los propósitos del Estado, incluso si le concediéramos, citando a Maquiavelo, la máxima de que “el fin justifica los medios”. Los resultados desdicen la eficiencia de esto.
–¿Cuál es entonces el modelo para proteger al pueblo?
–Está, por ejemplo, la Unidad de Policía Pacificadora de Brasil, donde hay un copamiento policial de los morros de Río de Janeiro, de las favelas, un control del territorio que no se podía controlar y después dejan allí una unidad policial comunitaria, que con intervención de políticas urbanas, educativas, comunitarias y sociales, restablecen el control estatal –porque el Estado no es sólo la policía–sobre territorios que habían sido relegados.
–¿De las OLP, entonces, saldremos con una criminalidad más organizada?
–En estas políticas siempre termina reorganizándose el delito hacia formas más agresivas. Hay una escalada de la violencia: a más violencia del Estado, más violencia criminal. El delito se reorganiza a formas más estructuradas. Se profundiza la corrupción policial, porque hay una relación directa entre violencia policial y corrupción policial –mientras más violenta sea la policía, más posibilidades hay de extorsión.
Esto, además, tiene efectos políticos perversos. Hay una doble lectura del pobre: el “buen pobre”, que es el señor que va a las misiones y “el pobre malo”, que es el delincuente, el bachaquero, el criminal que recibe una violencia desmedida, un discurso criminalizador. Con esto se está fracturando, enajenando, la base social del chavismo.
Esta combinación entre recesión económica y violencia policial es una combinación explosiva. Es como acercar una llama a la gasolina. La historia de los grandes estallidos sociales, generalmente, tienen que ver con la competencia de estos factores. Incluso, El Caracazo es una mezcla de ambos, con los famosos operativos policiales del Plan Unión. Esto que se está haciendo evoca toda esa idea de los operativos, de las redadas que aparecen en una situación semejante: en la crisis económica. Los operativos policiales pasan a ser la política, a veces la única estrategia del Estado frente al problema económico.
–En medio de una crisis económica, el problema policial y militar de 2014 fueron las guarimbas en los municipios de la clase media. En 2015, la OLP se concentra en los sectores populares. ¿Estamos cerca de un estallido social que hay que contener?
–Bueno, si esa es la motivación entonces la política está extraviada, porque es todo lo contrario: la historia demuestra que el aumento de la represión es una chispa eficaz para los estallidos sociales. Creo que también hay que pensar en la corporación militar y policial que actúa con agendas propias y autonomizadas. Es decir, esa corporación termina acumulando mucho poder en este tipo de operativos. Poder político y poder económico. Porque el delito también es fuente de renta: a través de redes clientelares, a través de extorsión, a través de participación en actividades del crimen.
La última estrategia: populismo punitivo
–¿Importa, en este contexto, distinguir entre el periodo Chávez y el de Maduro?
–Durante mucho tiempo no ha habido una política de seguridad clara. Durante el período de Chávez ha habido una especie de oscilación de las políticas. Primero fue el “funcionalismo de izquierda”, en el que el delito es consecuencia de la pobreza, del desempleo o de la exclusión, y a través de la justicia social, sólo superando ese lastre del capitalismo y del neoliberalismo, podremos enfrentar el delito sin aplicar fórmulas represivas.
Esta es la primera retorica del chavismo, pero no se dio una política alternativa que no fuera “no vamos reprimir, no vamos a criminalizar al pueblo”. Tampoco se atajó el problema de la violencia policial, que, frente a la dificultad de dar respuesta, empezó a ocupar espacios con acciones cada vez más perversas. Recordemos los escuadrones de la muerte en Portuguesa, en Falcón, con ejecuciones extrajudiciales.
Ahora se pasa a una retórica inversa. Ya el criminal no es una víctima de la injusticia social, sino es un cómplice del sistema. Se desempolva la vieja figura del “lumpen”: el delincuente reproduce los valores del capitalismo, los valores egoístas. Esto coincide con la retórica conservadora, esa que dice que hay un problema de crisis de valores y muchas veces se culpa a la madre, a las familias disfuncionales. Frente a esta idea moral, la respuesta es más violencia policial, hasta este escenario bélico de respuesta al delito que es la OLP.
Ninguna de las dos fórmulas ha sido eficaz para enfrentar el problema. Por el contrario, se han abandonado los intentos importantes de caminar en una política de seguridad, como lo fue la reforma policial. Esta se inició en 2006. Formé parte de esa comisión y ahí se hicieron un conjunto de recomendaciones que en los últimos años se han echado por la borda. Se desbarató el proyecto de la Policía Nacional. Hoy, a un policía, le piden que lleve diez detenidos por día. ¿El resultado? Atrapan a infractores menores.
–¿Están pidiendo diez detenidos por día?
–No sé si en estos últimos meses, pero a principios de año fue así. Había que llevar una cuota de detenidos. Entonces, ¿a quien detenían? Detienen al indigente que consiguen con tres piedras de crack en el bolsillo. Y lo presentan. Es decir, detienen a la pequeña criminalidad, que no son las más graves. Así se extravía el foco. Los homicidas, en cambio, apenas entran en el sistema penal. Las cárceles están llenas por delitos de drogas, esencialmente por posesión y venta en pequeñas cantidades.
–La PNB aspiraba a ser un modelo distinto de policía.
–A partir de ahí empieza a desencaminarse lo que proponía el nuevo modelo policial. El proyecto, en 2006, no se reducía a crear una nueva policía, esa fue la gran discusión. Crearla, solamente, significaba crear un nuevo problema y dejar en pie los otros, que eran las restantes policías. El proyecto planteaba avanzar hacia un sistema de policías que permitiera articulaciones con estándares comunes, informados por derechos humanos, informados por criterios de eficiencia y de eficacia. La PNB siempre se concibió como una policía pequeña, salvo en el área de Caracas, que debía ocupar el espacio de la PM.
Más bien se ha producido una expansión de la PNB, un crecimiento muy acelerado, subordinado a políticas y mandos militarizados. Los últimos mandos son militares activos, que le han impreso una distorsionada función y no se avanzó hacia la creación de un sistema que garantizara la protección de la gente. La creación de la PNB no era una política de seguridad en sí misma. También se perdió la idea del desarme.
La reducción de los homicidios en Brasil tuvo que ver con el control de las armas; y las armas en Venezuela circulan tanto en manos de los cuerpos policiales –que son los principales proveedores para actividades delictivas- como en manos de los civiles. Se planteaba avanzar en un modelo semejante al brasileño, en restricción de portes de armas en manos de civiles y un control riguroso de las armas y las municiones en manos de la policía. Eso se desestimó, entre otras cosas por los poderosos lobbies armamentistas.
–¿Se perdió la oportunidad que tuvo el chavismo para hacer una política de seguridad eficiente?
–Los elementos que permitían definir una política de seguridad eficiente fueron abandonados tempranamente. Se ha favorecido una política que tiene mayor valor expresivo y político: la mano dura. Pudiésemos hablar de “populismo punitivo”, ofrecer mano dura a través de estos actos espectaculares, profundamente ineficientes, pero que dan rédito político. Estamos en una campaña electoral y los efectos de este tipo de populismo son muy efímeros. Lo que pasó en la Cota 905: a los que fueron a buscar y no encontraron, ya están de nuevo allí. La gente rápidamente se da cuenta que esto es una ilusión que supone violencia contra ellos y que no resuelve el problema del delito y la criminalidad. Lo paradójico es que esta política de mano dura siempre fue una bandera que blandió la oposición y ahora el chavismo la ha venido convirtiendo en su oferta política.
–¿Todo esto no es una muestra del fracaso de la política de seguridad implementada durante estos años?
–Hay otros factores que también permiten entender este viraje. Y esto sirve para revelar los límites de las políticas redistributivas en los procesos de transformación estructural de alto calado. Lo que explica por qué persiste la violencia, a pesar de haber disminuido la desigualdad. Sin duda que las políticas redistributivas, las políticas sociales, han mejorado las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos. Es evidente en los indicadores económicos y cuando uno va a barrios pobres se da cuenta de eso.
Esta redistribución ha tenido un efecto paradójico al generar nuevas brechas entre las clases populares, es decir, las políticas sociales focalizadas y no universales terminan generando diferencias entre aquellos que están en mejores situaciones, más ventajosas para aprovechar estas políticas -porque se está en una misión, porque se está en un Barrio Nuevo Tricolor, porque se está en cuestiones comunales, porque se entra en las redes asistenciales- y los que quedan relegados de esas políticas.
Entonces empiezan a aparecer diferencias intraclases. Brechas entre los beneficiarios, clientes de estas políticas y los que se quedan relegados. Y hay diferencias muy poco evidentes, sobre todo con los métodos tradicionales para la medición de la desigualdad, porque se dan en el seno de una familia, por ejemplo entre el papá que consiguió trabajo, o que recibe algún beneficio por ser parte de una misión, y el hijo, que no consigue trabajo, que está excluido del sistema educativo. Estas brechas dentro de sectores populares hacen que se empiece a generar una suerte de diferenciación importante entre los factores que han logrado mejorar sus condiciones de vida, de manera significativa, y los factores más relegados.
Ante la desigualdad, que era muy marcada en Venezuela, ahora existe una menos notoria pero más próxima. Eso puede generar muchísima tensión y una sensación de injusticia. Esto explica también por qué este viraje de las políticas de seguridad, cada vez más duras: porque se trata de dar un tratamiento diferenciado a los sectores populares, es decir, hacer una doble política popular de incluir y castigar.
–¿Qué hacer entonces después de tanto tiempo perdido?
–Hay cosas básicas. Yo diría, en primer lugar, insistir en la inclusión de los sectores relegados.
–Universalizar el sistema de protección social.
–Exacto. Universalizar el sistema de protección. Y políticas focalizadas a aquellos sectores que no han sido tocados. Las políticas sociales, fundamentalmente, han estado dirigidas a excluidos de vieja data. Gente que había estado excluida desde los años ochenta, que, como resultado del ajuste neoliberal, perdió su trabajo y que ahora volvió a ser incorporado. Sin embargo, los nuevos excluidos, los jóvenes que no consiguen trabajo, los excluidos del sistema educativo, no han sido incorporados, no han sido atendidos por esas políticas. Así que hay que pensar en políticas sociales universales y en políticas sociales focalizadas.
Hay que retomar la agenda de la reforma policial para organizar una policía eficiente. Mira, muchas de las cosas que ha hecho la OLP –de muy mala manera y con resultados muy malos- se podrían haber hecho con inteligencia policial. Es decir, la policía puede identificar –y estoy seguro que sabe- dónde está la gente vinculada con actos inaceptables, que debiera ser detenida, procesada e ir presa.
–¿Qué nos ha pasado, por qué llegamos a esta situación?
-–Nosotros tenemos un Estado muy anómalo por la relación con la renta petrolera y con la conducción histórica de ese Estado. Un Estado siempre muy distante de la gente, muy violento, por eso nuestras policías siempre han sido muy militarizadas. Esta anomia del Estado es funcional con ciertos intereses, para élites viejas y nuevas que emergen aprovechando la aparente anormalidad. La corrupción no es un tema moral, es, en términos marxistas, la acumulación originaria de capital. La forma de transferencia de la renta petrolera a sectores concentrados del país.
–¿El problema fue tratar de desmontar el Estado sin tener una alternativa a la mano?
–En estos años hubo una recuperación del Estado, después de un período, el neoliberal, en que sólo destacaba su función represiva. Durante los primeros años del chavismo se recupera la idea del Estado como un gran regulador de la vida social, pero se deja intacto el aparato represivo, el sistema penal, las policías a pesar de los intentos de reforma. Se recupera el papel del Estado, pero vinculado con el tema de la renta, como explica Fernando Coronil en su Estado mágico.
Un Estado que se hace cada vez más inútil, más hipertrofiado, incapaz de interactuar con la gente. Las primeras tesis de participación ciudadana, las mesas técnicas de agua, donde se validó la idea de una especie de cogestión o incluso de autogestión, cede su lugar a un Estado cada vez más prepotente, que controla renta y la distribuye, donde la participación popular tiene un papel únicamente de cadena de transmisión entre estas rentas y las bases sociales, cada vez con menos poder efectivo. Entonces termina siendo un Estado gigante con pies de barro que regula todo pero que no puede regular nada, que sólo tiene pactos informales, clientelares, invisibles, con sectores económicos emergentes donde, por cierto, el problema de la generación de criminalidad y violencia no es ajeno.

viernes, diciembre 12, 2008

La nueva "cultura" de la UCV

El Telecorazón de la vergüenza

Artículo de opinión de Armando Carías en torno al evento realizado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela el pasado fin de semana, que degradó al simbólico espacio hasta el punto de convertirlo en un lugar más para realizar "shows" televisivos al estilo de Sábado Sensacional.
 
Armando Carías
Martes, 9 de Dic de 2008. 10:26 am
 
No voy a referirme a la patética Maite Delgado anunciando a “Franco y Oscarcito” prestos al perréo de un reguetón bajo las Nubes de Calder, tampoco al agravio a los espacios que fueran diseñados por Villanueva para fines más nobles que una bailanta disfrazada de causa benéfica, ni siquiera daré testimonio de las talanqueras colocadas en plena Plaza Cubierta del Rectorado para conducir a “la fanaticada” al templete mediático montado en el Aula Magna por alguien que, seguramente, entraba a ella por primera vez.

El anecdotario del bochorno ucevista lo dejaré para otro momento.

Prefiero invertir los caracteres de esta nota en una sencilla solicitud dirigida a quienes, en este momento, tienen la responsabilidad de conducir el destino de la Universidad Central de Venezuela: señoras y señores autoridades universitarias, por favor, por lo que más quieran, por lo que de ucevistas puedan tener; no sigan maltratando el alma de esta madre que a tantos y a tantas nos ha cobijado, no sigan exponiéndola a más humillaciones, no sigan burlándose de su historia , no continúen con el atropello a la nobleza de su misión, no sigan avergonzándola delante de sus hijos. Deténganse, se los ruego.

Todo esto lo escribo tras salir del concierto navideño presentado por nuestra Orquesta Sinfónica Municipal, el domingo 6 de diciembre, en el Aula Magna de la UCV.

Dije antes “bochorno ucevista” y quienes lo sufrieron de manera directa y visible para quienes allí estabamos, fueron, precisamente los maestros de la Orquesta y su director, Rodolfo Saglimbeni, ubicados sin el más mínimo respeto bajo una avasallante estructura de metal que, la noche anterior y el mismo domingo en la tarde, serviría para sostener la batería de luces que “daría realce” a los nada insinuantes tongoneos del cuerpo de baile que acompañó a Luis Fonsi, Elvis Crespo y otras “atracciones internacionales” del “Telecorazón”.

Para ser más gráfico: imagínese usted instalados en el escenario del Aula Magna toneladas de tubos, kilómetros de cables, cientos de reflectores de gran tamaño, telones y equipos de proyección, máquinas de humo y de efectos especiales, una gran pantalla al fondo y varios cuerpos de tarimas, todo eso utilizado para el “show televisivo” de la noche anterior…

Ahora, imagínese además ¡una orquesta! Más de sesenta músicos con sus respectivos instrumentos en medio de un dispositivo que no tenía nada que ver con ellos ni con un concierto navideño… ¿Ya se lo imaginó? Bueno, eso sucedió el domingo ante la mirada complaciente de unas autoridades que han puesto el Aula Magna al servicio del mejor postor, de los empresarios del negocio del espectáculo, de los humoristas que se han hecho millonarios diciendo que este país está en la ruina, de las transnacionales de la fritanga y el colesterol que han instalado sus ventorrillos frente a la Biblioteca Central, de los telecajeros que le disputan los espacios a las obras de Vasarely y Mateo Manaure, de las multinacionales de la comunicación, cuyas “anfitrionas” identificadas con una M fosforescente en la franela son quienes dan la bienvenida a una sala que, en tiempos de mayor cordura y sensibilidad en su programación, fuera considerada la más prestigiosa del país y una de las mejores del mundo.

¿Cómo puede entenderse tanta inconsciencia y tanto desamor hacia un recinto que debería ser el más celado lugar del “campus” ucevista?, ¿quién ó quienes están tomando decisiones que violentan de modo tan soez la naturaleza de un espacio que representa la majestad y la pureza de la institución universitaria?, ¿por qué tanto atropello y tanto desprecio hacia los estudiantes y hacia los grupos artísticos de la propia Universidad, que deben mendigar una fecha para presentarse en espacios que les son naturales, mientras que el “showbusiness” se ve favorecido con temporadas y ensayos que ¡nunca! (y lo digo con propiedad) les fueron concedidos a los artistas universitarios?

Un dato: para presentar el “Telecorazón” del domingo 6 de diciembre en el Aula Magna, la Dirección de Cultura de la UCV le “voló” al Orfeón Universitario y a la Estudiantina el concierto navideño programado desde hacia meses para esa misma fecha en ese lugar, ¿qué tal?

Tiene significación el detalle, sobretodo si consideramos que el Orfeón, no solo es patrimonio cultural de la nación, sino uno de los grupos emblemáticos de la Universidad Central de Venezuela, y que el actual Director de Cultura, Raúl Delgado Estévez, creador sensible y comprometido en la defensa de nuestros valores, fue su director hasta hace pocos años.

¿Qué significa todo ésto?

Significa, triste es reconocerlo, que la Universidad Central de Venezuela, es hoy un lugar en donde los sueños dejaron de florecer, en donde las boinas azules de sus estudiantes dieron paso al conformismo burgués de una dirigencia que mordió la carnada neoliberal y cuya principal motivación no es ese “canto infinito de paz”, sino la expectativa de un título que le abra las puertas del mercado, de la competencia, del capitalismo salvaje en forma de primer empleó.

Por eso, cuando el domingo veíamos y escuchábamos a la Sinfónica Municipal interpretando hermosamente todas esas piezas que nos hablaban de un renacer de la esperanza, de la redención y de la llegada de un Mesías, para nada eso nos cuadraba con un recinto en el que todo evidencia que allí, en la UCV, lo que se respira es la más reaccionaria y recalcitrante ideología capitalista…. la misma que al momento de decidir entre un concierto del Orfeón Universitario, y un “show” televisivo, o en el trance de optar entre las ganancias de una tarde de farándula y el trato digno a la orquesta de la ciudad; no lo piensa dos veces y somete a dos instituciones patrimoniales-orquesta y Orfeón- al maltrato y a la postergación.

Total, la cultura no da “raiting” político.
 
 
 

jueves, noviembre 08, 2007

Deformación profesional y los sucesos de la UCV






Un astrónomo, un físico y un matemático que estaban viajando en un tren por Escocia vieron por la ventanilla una oveja negra en medio de un campo. "Qué interesante" dijo el astrónomo, "todas las ovejas escocesas son negras". Al oírlo, el físico respondió. "¡No !, algunas ovejas escocesas son negras". Al oír lo que decían, el matemático dijo con cara de reproche "En Escocia hay al menos un campo que contiene al menos una oveja, que tiene al menos un lado negro".

Este viejo chiste retrata muy bien mi posición respecto a los sucesos de la UCV. En esto, no puedo negar que tengo la misma tara profesional del matemático del chiste, pero en estos tiempos en donde la verdad es la primera victima, pienso que a todos nos hace falta un poquito de esa tara.
Me parece francamente ridículo que los de un bando solo vean Globovisión y reciten la versión de ese canal, aunque las mismas imágenes que ellos muestran los desmientan. Igual reclamo hago para los talibanes del otro bando. ¿Porqué quedarse con una sola versión, cuando la versión opuesta está a solo un click?. ¿Es que no saben que ambas informaciones están parcializadas?. ¿O es que prefieren quedarse cada quien con su propia versión?. ¿No se están engañando ellos mismos?. Si se está interesado en la verdad, la mejor aproximación que se puede hacer requiere la mayor cantidad de versiones posibles. Despues viene el proceso de Data Minning, hay que extraer la información de mayor verosimilitud del hecho examinado. Por supuesto, siempre hay datos que faltan. Por ejemplo, creo que nunca podré saber quien empezó la violencia. No solo porque no dispongo de imágenes de ese momento, sino porque si las tuviera es difícil determinar que efectivamente no hubo otra escaramuza violencia anterior. Es como el lío entre Tutsis y Hutus.
De lo que si tengo bastantes imágenes, es de un poco de chamos en una actitud bastante agresiva, lanzando piedras, palos y todo lo que encontraban a la Escuela de Sociología de mi muy queridísima UCV, Patrimonio de la Humanidad. Estas imágenes las ví tanto por Globovisión, como por los medios del estado. En los medios del estado decían que estos chamos violentos eran anti-chavistas de otras universidades distintas de la UCV, y en Globovisión no aclaraban exactamente de quienes se trataban, aunque había cierto manejo tendencioso a hacer creer que eran Chavistas manifestando. Luego, en la noche, un dirigente estudiantil de la oposición reconoció que eran los estudiantes opositores enardecidos porque los chavistas los habían agredido. Creo que sobre eso no hay dudas. Los estudiantes que estaban desde afuera destrozando la Escuela de Trabajo Social eran hordas opositoras. Lo de hordas no es un simple calificativo, era el comportamiento que mostraban, y tengo que reconocer que me indignó mucho ver a esas horas destruyendo las instalaciones de mi queridísima Universidad, Patrimonio de la Humanidad. Además algunos venían preparados con mascaras y escudos como si hubiesen sabido de antemano que iba a haber violencia.
Creo que tampoco voy a saber bien lo que estaba pasando dentro de la Escuela de Trabajo Social. Los medios opositores dicen que adentro había Chavistas que tenían secuestradas a las personas que nada tenían que ver con el asunto, y los medios chavistas decían que adentro habían chavistas inocentes y gente inocente que no tenía que ver en nada con el asunto presas ante el asedio opositor. Me parece que había gente inocente allí dentro, aunque no se si estaban secuestradas o presas.
Evidentemente las autoridades Universitarias no quisieron, o no estaban en capacidad de impedir los hechos de violencia que allí estaban ocurriendo. No se que tiene que ver la autonomía universitaria con que las mismas autoridades permitan a las fuerzas del orden público controlar la violencia. La policía no puede entrar a mi casa sin una orden judicial. Pero si yo veo que adentro hay unos vándalos destrozando mi casa, yo mismo llamo a la policía. Es lo mismo. ¿No?.
No tengo pruebas, pero me parece que los chavistas estaban mas interesados salvaguardar a la gente que estaba dentro de la Escuela de Trabajo Social que los opositores. Tal vez por cuestión de afinidad ideológica con algunos de los que estaban allí dentro. Sin embargo, lo cierto es que no se quizo allanar nuestra máxima casa de estudios y en un muy buen intento de rescatar a los rehenes y/o asediados se presentaron los Bomberos, al mando del omnipresente General Rivero. La actuación de Rivero se ganó incluso el corazón de Leopoldo Castillo, sin embargo no logró detener la violencia. Supongo que adentro la situación debió ser desesperante.
En eso, tan tan ta ta tan tan (Musiquita de Globovisión), se aparecieron los personajes mas controversiales de la noche. Desde lo lejos se divisaron unas motos con gente armada y enchaquetada. Su plan era seguramente amedrentar a los que estaban allí fuera o dentro, o sino salir por televisión armados para demostrar la existencia de las legendarias bandas armadas, porque sino no se explica que estuvieran todo el tiempo mostrando la pistola. Aparentemente las pistolas eran de verdad, porque hubo varios heridos de bala ( a menos que hayan sido heridos por gente de la oposición).
Globovisión quizo hacer creer que esas bandas armadas eran las generadoras iniciales de la violencia. Es cierto que participaron en la violencia, pero incluso en la cámara de Globovisión, mientras los narradores decían lo contrario, esas bandas hicieron la labor de un grupo Swat que venía al rescate de los que estaban dentro del edificio de Trabajo Social. Es cierto que estaban armados y que son bandas armadas, que en ese momento, pistola en mano estaban cubriendo la salida de la gente del edificio de Trabajo Social. Y se veía gente saliendo que no parecía tener nada que ver con chavistas violentos. Los mas controversiales de la noche, pueden ser vistos como los héroes salvadores de los que estaban allí dentro. Sin embargo, en la noche, algunos de ellos fueron al programa de Vanessa Davies y en vez de presentarse como héroes, se presentaron como victimas, y no hablaron para nada de su papel de rescatadores, ni que habían tenido que venir armados para evitar que los de adentro se asfixiaran. Se presentaron como simples estudiantes victimas de los palos y piedras. Globovisión no les perdonó esa pequeña omisión y dejó claro y para que no quedaran dudas en la posteridad, que existen estudiantes chavistas que actuan como bandas armadas.

Agradezco a mis lectores que me envíen toda información que pueda ser útil para la reconstrucción de estos hechos. Bien sea para aportar cosas nuevas, como para refutar o apoyar las cosas que aquí se escribieron. Que sea la verdad la que se imponga. Es lo que mas necesitamos. ¿No?




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