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lunes, noviembre 16, 2015

Los atentados de París y la política Francesa.

Mapa de las Cruzadas.

Los lamentables atentados que sufrió París el día de ayer me han tocado sensiblemente. París es la ciudad en donde viví algunos de los mejores años de mi vida y allí viven algunos de mis mejores amigos, algunos de los cuales se encontraban bien cerca de donde ocurrieron los hechos y que ahora son victimas del miedo que infunde el terrorismo y de las privaciones que las políticas de control social que va a imponer el estado francés justificándose en el anti-terrorismo.
Por esas calles ahora bañadas en sangre anduve yo mismo hace no mucho tiempo. Paris es una ciudad que quiero mucho y Francia es un país que adoro, pero no me sumo a la respuesta automática que toma en cuenta un sólo lado de la historia.
Lamentablemente, estos atentados eran completamente predecibles. Y no sólo por la maldad de los terroristas islámicos, sino por las políticas de los gobiernos franceses hacia todo lo que significa el islam, el medio oriente y en general hacia los países árabes y poblaciones árabes y magrebíes que viven dentro de Francia. Políticas que se han convertido en políticas de estado y que no hacen más que exacerbar el odio entre culturas.
Estas culturas que están condenadas a convivir y a integrarse, porque por más que insistan en hablar de la "identidad francesa" lo cierto es que las identidades evolucionan con el tiempo y la identidad francesa tiene ya una parte musulmana que no debe seguir siendo segregada. Francia es un país con un componente cultural árabe y magrebí, de la misma manera como sus antiguas colonias y protectorados: Siria, Líbano, Argelia, Marruecos, Túnez, etc. tienen un componente cultural francés. Son 5 millones de musulmanes que viven en Francia y hacen vida en este país. Es casi el 10% de la población. Y no son sólo inmigrantes directos. Muchos de ellos son hijos y hasta nietos de inmigrantes. Ya tienen hasta 3 generaciones viviendo en Francia.
Lamentablemente en Francia, desde hace tiempo, vienen ganando terreno movimientos anti inmigrantes. Movimientos ultranacionalistas que claman por una Francia sólo para los franceses, y que me recuerdan la Alemania de Hitler y su antisemitismo. Sabemos que detrás de esos movimientos hay intereses económicos. Intereses de grupos económicos que promueven el odio y las guerras para intereses diferentes de los ciudadanos de Francia, para llenar sus propios bolsillos. Estos atentados son consecuencia de ese odio sembrado.
Lamentablemente, esa bandera de la revolución Francesa: azul, blanca y roja ha sido secuestrada por personas que promueven ideales contrarios a la libertad, igualdad y fraternidad que es el lema de Francia y que han convertido las guerras en política de estado. Por esa razón no coloco esos colores en mi foto de perfil del Facebook. Quienes gobiernan en Francia, independientemente de si son de derecha o de izquierda, no representan esos principios. Las políticas que ejecutan están más acordes con la letra de la Marsellesa, que es una letra de odio, lamentable en un himno con una de las melodías más bonitas. Espero que algún día esto cambie. Que la France vuelva a tener esos bellos principios y habrá paz.
(Himno de Francia)
¡En marcha, hijos de la Patria,
ha llegado el día de gloria!
Contra nosotros, la tiranía alza
su sangriento pendón. (bis)
¿Oís en los campos el bramido
de aquellos feroces soldados?
¡Vienen hasta vosotros a degollar
a vuestros hijos y vuestras esposas!
Estribillo
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
¡Marchemos, marchemos!
¡Que una sangre impura
inunde nuestros surcos!
Segunda estrofa
¿Qué pretende esa horda de esclavos,
de traidores, de reyes conjurados?
¿Para quién son esas innobles cadenas,
esos grilletes preparados de hace tiempo? (bis)
Para nosotros, franceses, ¡ah, qué ultraje!
¡Qué transportes debe suscitar!
¡A nosotros, se atreven a intentar
reducirnos a la antigua servidumbre!
Tercera estrofa
¡Cómo, cohortes extranjeras,
harían la ley en nuestros hogares!
¡Cómo, esas falanges mercenarias,
abatirían a nuestros fieros guerreros! (bis)
¡Dios santo! Encadenadas por otras manos,
nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo.
Unos déspotas viles serían
los dueños de nuestros destinos.
Cuarta estrofa
Temblad, tiranos, y vosotros, pérfidos,
oprobio de todos los partidos,
¡temblad! ¡Vuestros planes parricidas
recibirán por fin su merecido! (bis)
Todos son soldados para combatiros,
Si nuestros jóvenes héroes caen,
Francia produce otros,
¡listos para luchar contra vosotros!
Quinta estrofa
¡Franceses, asestad vuestros golpes
o retenedlos, magnánimos guerreros!
perdonad a esas víctimas tristes,
que a su pesar se arman contra nosotros. (bis)
¡Pero no a esos déspotas sanguinarios,
esos cómplices de Bouillé,
todos esos tigres que, despiadados,
desgarran el seno de su madre!
Sexta estrofa
¡Amor sagrado de la Patria,
conduce y sostén nuestros brazos vengadores!
¡Libertad, Libertad amada,
combate con tus defensores! (bis)
¡Que la victoria, a tus voces viriles,
acuda bajo nuestras banderas!
¡Que tus enemigos, al expirar,
vean tu triunfo y nuestra gloria!
Séptima estrofa
Entraremos en el camino
cuando nuestros mayores ya no estén aquí,
encontraremos sus cenizas
y la huella de sus virtudes. (bis)
Menos deseosos de sobrevivirles
que de compartir su tumba,
tendremos el orgullo sublime
de vengarlos o de seguirlos.

domingo, agosto 16, 2015

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Tomado de: Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales



Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

  • Por:
  • HÉCTOR BUJANDA
El Investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV cree que la expansión de la criminalidad es producto de una transformación de la violencia debido a la acción policial y los asesinatos extra judiciales
La posición que deja ver en esta entrevista el Jefe del Departamento de Criminología de la Escuela de Derecho de la UCV, Andrés Antillano, con relación a la explosiva violencia y criminalidad que vive el país, no dejará tranquilo a nadie.
Señala que Venezuela está a las puertas de una guerra de consecuencias impredecibles. Se ha roto el equilibrio histórico entre policías y delincuentes y ahora ya nadie sabe, a ciencia cierta, quién controlará el monopolio de la violencia en los años por venir.
El gobierno bolivariano, en tanto, ha dado un giro casi rocambolesco a la inocua política de seguridad que enarboló durante más de una década –basada en un funcionalismo de izquierda- y ahora practica lo que Antillano llama un “populismo punitivo”, basado en la mano dura y la persecución de los pobres.
Por si fuera poco, el psicólogo social recalca que en períodos de recesión económica, el aumento de la represión policial, como estas prácticas de la OLP, puede ser el equivalente a acercar fuego a la gasolina. Recuerda que cuando eso sucede, es porque el Estado ya no tiene otra política para los sectores sociales que la represión.
La criminalización de los pobres, a través de la figura del bachaquero y del paramilitarismo, se conecta con una tensión más profunda, la que genera una política social que nunca se universalizó y por el contrario produjo diferencias en el barrio, la base social que alguna vez hizo legítimo al chavismo como fuerza política.
De la violencia expresiva a la violencia instrumental
–¿La sociedad venezolana está sumida en la violencia?
–Sí, por supuesto, pero habría que distinguir esa violencia. En primer lugar, es un fenómeno que viene desde los años ochenta. A partir de 1989 se duplica, por primera vez, la tasa de homicidios y desde entonces ha tenido una escalada persistente. Un fenómeno que ocurre en toda América Latina durante ese período. Muy pocos países han logrado revertir la tendencia, quizás la excepción sean Colombia y Brasil. Por esta razón Venezuela pasa a ser la nación con el mayor número de homicidios en Suramérica.
¿Qué es lo que ha aumentado en Venezuela? Por un lado, los delitos callejeros, la pequeña criminalidad, el hurto, las amenazas, la venta de droga, que no son los delitos de mayor gravedad pero que terminan generando un impacto muy grande en la opinión pública: que venga un motorizado y te arrebate el celular.
Por otro lado, han aumentado los delitos violentos: robo a mano armada, secuestros y, por supuesto, homicidios, que han aumentado de manera desmedida. Además, hay otro cambio importante: estos crímenes tienden a democratizarse, se vuelven cada vez más delitos intraclases, las víctimas principales –muy claro en el caso de los homicidios– son gente pobre.
–Pobres, víctimas de pobres.
–Pobres, víctimas de otros pobres. La violencia en Venezuela es, en primer lugar, consecuencia de una exclusión social. No es casual que se disparen las tasas de homicidio y los delitos violentos, justamente en el momento del auge del neoliberalismo. La violencia tiene mucho que ver con la exclusión en sectores específicos de la población. Y en esa medida, ha sido una violencia fundamentalmente especializada.
Aquí la idea de la banda organizada, del crimen organizado, no parecía tener valor analítico: la situación que se ve en Colombia con el paramilitarismo, en Brasil con el Primer Comando de la Capital de Sao Paulo o con el Comando Vermelho en Río de Janeiro, o con las Maras en los países de Centroamérica. No es el tipo de violencia que tenemos aquí, la nuestra es más de orden expresiva, entre muchachos excluidos, grupos irregulares con edades más o menos definidas que se matan entre ellos. Aquí la violencia es una fuente de estatus simbólico.
–Pero estamos en un momento donde el delito duro, el homicidio, el secuestro, los descuartizamientos se han impuesto como modalidades de la violencia cotidiana
–Lo que creo que ha venido pasando –y esto ha repuntado en estos últimos meses– es que esa violencia desorganizada da paso a niveles cada vez más sofisticados y organizados de violencia: pasa de ser una violencia expresiva a ser una violencia instrumental.
–¿A qué alude cuando habla de violencia expresiva?
–Una violencia cuyo sentido se agota en su fin. No es una violencia que pueda explicarse como medio para conseguir un propósito. Una violencia que, en sí misma, es una fuente de reconocimiento, de sentido, tanto para el que se ve afectado, como para el que la ejerce. Creo que esa violencia se está convirtiendo en una violencia de orden instrumental, es un medio para conseguir un fin: robar, secuestrar, cobrar un rescate, eliminar adversarios, controlar determinados territorios, extraer renta de esos territorios.
–¿Esa transformación de la violencia desde cuándo está ocurriendo?
–Es una tendencia que ha venido creciendo en los dos últimos años. Me parece que tiene mucho que ver con el descalabro de los cuerpos policiales y con la situación de recesión económica que vive el país. Sobre todo se acentúa, a mí modo de ver, en el último año. Y es un efecto paradójico, porque a eso ha contribuido la misma política de seguridad del Estado. Yo estoy haciendo un trabajo de campo en zonas muy violentas.
Policías y colectivos: ruptura de un equilibrio
–¿Y qué ha encontrado?
–Investigo en una zona que está, ahora, bajo esa idea de que es una “zona de paz” y que está copada de paramilitares. Hemos visto allí dos cosas: primero, que los actores de la violencia no son paramilitares, son muchachos excluidos que no tienen empleo, que están por fuera del sistema educativo y que se juntan con muchachos semejantes del barrio vecino, en escaramuzas y violencias fortuitas que son fuentes para recibir una suerte de reconocimiento.
Este reconocimiento tiene que ver con la retórica de “mostrar la cara”. El que no se ve, porque es excluido de las formas de reconocimiento social, se convierte en alguien reconocido, al menos para sus pares, en una situación de violencia. Estos muchachos son actores armados y delincuentes que operan en un sector en particular. Durante el último año, y esta es la segunda cosa que consigo en esas zonas, ha venido creciendo la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.
–¿A qué cuerpos policiales se refiere?
–Cicpc, Policía Nacional.
–¿Policía Nacional? ¿No es una institución demasiado joven como para andar en ésas?
–Sí, así es. También existen grupos parapoliciales que proliferan y es algo poco atendido porque, además, se desdibujan bajo un discurso político y empiezan actuar de manera autónoma.
–¿Eso es lo que llaman colectivos?
–Sí, colectivos. Pero yo conozco muchos colectivos, estos son de funcionarios y exfuncionarios policiales.
–¿Estamos hablando de colectivos como el 5 de Marzo?
–En la zona donde trabajo, son funcionarios policiales que actúan autodenominándose “colectivos”. Entonces, durante este periodo de tiempo, han asesinado a veinte muchachos en la zona, malandros –como dicen ahí– y gente “sana” que no tenía ninguna implicación en episodios de delitos. Lo que termina ocurriendo en estas acciones policiales, paradójicamente, es que se rearticulan las bandas hasta entonces enfrentadas.
La escalada de violencia policial, como te digo, termina generando una reorganización de la delincuencia y de la violencia armada. Se defienden de estas incursiones de la policía, con las mismas armas que la policía les vende. Eso hay que recalcarlo, las armas son vendidas por funcionarios de los cuerpos policiales.
–¿Pero qué anima a cuerpos policiales como el Cicpc y la PNB, a estos colectivos parapoliciales, a meterse en los barrios para matar gente? ¿Retaliaciones, cuentas pendientes?
–Vivimos una transformación del equilibrio entre policía y delincuencia en la que la policía tenía una suerte de división del trabajo en la que se establecían unos tipos de pactos informales con la criminalidad. Pactos informales e ilegales, fundamentalmente basados en el cobro de lo que ellos llaman “las multas”. Eso tiene una función extorsiva, que regulaba las relaciones entre policías y delincuentes.
Y este sistema tenía diversos escalones. De pronto, las policías “más pequeñas” o de menor impacto, la policía preventiva o simplemente los funcionarios de ciertos cuerpos, para distinguir a las personas de las organizaciones, se encargan de la venta de droga, de la venta de alcohol ilegal, de las apuestas. Mientras que funcionarios del Cicpc tienen que ver, fundamentalmente, con actividades de criminalidad mucho mas complejas.
Este equilibrio, que era una suerte de pacto silencioso, mafioso, termina quebrándose durante los últimos dos años y termina por producir un enfrentamiento abierto entre delincuentes y fuerzas policiales. Esto ha generado una rearticulación, como te decía, de la respuesta de los delincuentes. Respuesta que llaman “la palabra”. Los delincuentes hablan de una “palabra” entre las distintas bandas que deponen la violencia entre sí para articularse y dar respuesta a la violencia policial.
–Hay una reorganización de la relación policía-delincuente. ¿Qué impulsa esta batalla, usted habló de recesión económica y de descalabro de los cuerpos policiales?
–Yo creo que hay muchos factores, pero de algún modo lo que ha determinado y contribuido en el ultimo año a esta situación es la política de mayor respuesta de violencia por parte del Estado hacia los sectores populares. Yo puedo entender, claramente, las motivaciones, lo que esta detrás de políticas como la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. Entiendo que hay un clamor de la gente. En efecto, se ve desamparada, se ve rehén de la violencia.
OLP, criminalización y extravío
–¿Se dejó correr mucho la situación, por eso estamos clamando por una OLP?
–Hay una gran paradoja. La violencia tiene mucho que ver con el tema de la desigualdad. En los años noventa, aumenta la desigualdad y aumenta la violencia. En Venezuela, sin embargo, en los últimos diez años disminuye la desigualdad, disminuyen los índices de pobreza, pero la violencia se dispara. Yo tengo algunas hipótesis sobre eso. Pero en el cuadro actual, hay una demanda real de la gente. Por eso la recepción de la OLP termina siendo ambigua en los sectores populares. La gente siente una gran sensación de vulnerabilidad y desamparo. Pero no podemos olvidar que todo esto es producto de una pérdida: la de la presencia legítima del Estado.
Los sectores populares no encuentran a qué instancia acudir, no hay mecanismos de regulación sobre muchos territorios. Parece una contradicción lo que digo. Los cuerpos policiales son parte del Estado: tienen, por un lado, una incrementada presencia en los sectores populares, pero esto no cuenta, no garantiza la regulación, las resolución de conflictos. Porque son intervenciones irregulares, oscilantes, compulsivas. Llegan, hacen redadas, se llevan preso a todo el mundo, matan a alguien, se van, no vuelven. Es una presencia espasmódica.
Uno ve que es real la preocupación del gobierno, porque esta ausencia institucional, este espacio vacío, lo terminan ocupando los grupos armados periféricos. Pueden ser grupos de policías, colectivos, malandros, que controlan la situación en el barrio. Al mismo tiempo, lo que también ha ocurrido es que la violencia, el delito, que había venido siendo un delito intraclases, ahora se vuelve más pernicioso y termina victimizando de forma más cruda a los vecinos. Entonces, es un imperativo del Estado recuperar el control institucional sobre esas áreas, porque si no se verá seriamente cuestionado.
Uno podría, entonces, entender los intentos, los ensayos, que ha habido para dar respuesta a la inseguridad, al delito y a la violencia. Lo que creo es que estas estrategias, sobre todo con la OLP, han sido erradas. Es errada en el diagnóstico y es errada en la valoración del problema.
–¿Equivocan el diagnóstico?
–Se yerra en el diagnóstico porque la explicación que se da es que esto está ocurriendo porque han aparecido grupos que tienen el control territorial por la ausencia del Estado. La explicación más habitual aparece en los medios, y es que el Estado se ha replegado en ciertas áreas y esto ha contribuido a que aparezcan grupos criminales. Insisto, no es así, al menos en los lugares donde estamos investigando, que es una llamada “zona de paz”.
–En la zona de paz se le ha dejado a la banda controlar el territorio.
–No es verdad que allí no haya presencia policial. Hay esta presencia policial absolutamente violenta, ilegitima, espasmódica, además que son los mismos cuerpos policiales los que alimentan muchas veces a estos grupos criminales, en armas, en municiones. Es decir, no es un problema de ausencia del Estado, sino de falta de una trama institucional legítima que le brinde protección efectiva a la gente.
–Se yerra también en la valoración del problema, dice
–En esta idea del paramilitarismo, de que son grupos paramilitares los que están infiltrándose en los sectores populares y responden a agendas políticas y extranjeras. Habría que, primero, afinar los criterios. El paramilitarismo, en el sentido estricto, aludiría a grupos armados que se autonomizan y que cuentan con cierto grado de tolerancia y apoyo del mismo Estado. Se dio en Colombia, en Perú, en el norte de Irlanda.
Grupos autonomizados, con miembros de las fuerzas armadas, cuerpos policiales, asociaciones civiles que cuentan con, al menos, tolerancia de parte del Estado. Que actúan contra objetivos esencialmente políticos, para aniquilar a adversarios. Esta es la definición estricta de paramilitarismo. Allí podríamos, más bien, pensar que estos grupos parapoliciales que empiezan a proliferar, se parecerían más a este concepto de paramilitarismo.
–Esta especie de configuración del colectivo armado
–Colectivo es una categoría muy amplia que termina confundiendo. Yo conozco a muchos de estos actores y no tienen ningún tipo de motivación política y encuentran en este término “colectivo” una buena coartada para actuar.
–¿Entonces esto no tiene que ver con paramilitares?
–No. Además se alude al paramilitarismo colombiano. Es una tesis muy xenófoba. Colombia termina siendo responsable de todos nuestros males y la tesis tampoco se verifica empíricamente. Aquí lo que termina ocurriendo es que hay grupos delincuenciales que se vienen rearticulando para dar respuesta a la violencia policial.
El uso de esta categoría del paramilitarismo termina siendo muy complicada, porque se trata de declarar como objetivo militar a sectores del pueblo. El uso de la categoría, con esto de la OLP, incentiva otros usos: bachaqueros, buhoneros, gente que tomó un apartamento.
–Gente, como usted dice, que ha cometido delitos pequeños.
–Ni siquiera delitos. Mira el caso de la Panamericana, donde se desaloja a una comunidad posiblemente por razones urbanísticas. Se hace bajo la perfecta coartada del paramilitarismo y eso termina generando mucho consenso entre la población identificada con el chavismo.
–Si el problema era urbanístico, ¿no ha debido dar la cara una institución, una instancia política o mediadora.
–Esa es la tendencia: usar una etiqueta muy eficaz, como la de los paramilitares, que permite resolver con manos militares problemas de otro orden: sociales, policiales, criminales, urbanísticos. Entonces se trata de declarar a facciones del pueblo como paramilitares, sean delincuentes o no.
Empieza a prevalecer una retórica, entre sectores del gobierno y del chavismo, en la que estratos del pueblo son vistos como enemigos. Esto lo que indica es una pérdida de conexión con sectores importantes de lo popular. Y se puede encontrar su equivalente en categorías como el “bachaquero”. Es decir, se desplaza el relato de la Guerra Económica –que es responsabilidad de la oligarquía, de los grandes capitales– a la señora que vive en un barrio, que compra cinco paquetes de Harina Pan para revenderla o, sencillamente, para tenerla.
El responsable de la Guerra Económica ya no es el capital y mucho menos las redes de corrupción, la policía, el ejército que instrumentaliza el contrabando de extracción, sino algunos sectores del pueblo. Esto, sin duda, habla de un grado de descomposición, habla de un grado de anomia, es muy curioso el desplazamiento y la búsqueda de un nuevo enemigo: facciones de los pobres, bien sea como bachaqueros o como paramilitares.
El nuevo enemigo: el pobre
–Desde el 2013, que comenzó la narrativa de la Guerra Económica, no se consigue al “enemigo real”. ¿Terminó consiguiéndose en el pueblo?
–Sí, yo creo que sí. Es más evidente el contrabando de víveres a mercados informales, el contrabando de extracción, pero eso no es responsabilidad de los bachaqueros. Es mucho más fácil obtener el consenso con figuras que tú puedes ver: la señora que se lleva las pacas de Harina Pan, o el buhonero que te vende el litro de aceite más caro.
Además, hay un marco de negociación con sectores de la burguesía, por eso tampoco conviene dar la guerra a ese nivel. Termina el bachaquero siendo una figura útil, como el paramilitar, porque con eso se culpa al “malandrito” de la esquina. Sin ver, desde luego, los problemas estructurales, las desviaciones policiales en el tráfico de armas, las redes clientelares que pueden estar detrás de la violencia.
–Si los hechos importan, la OLP nació ejecutando “una razzia” en la Cota 905: mueren quince personas, buenas o malas, pero nadie sabe en qué condiciones recibieron la muerte. Después ha comenzado una versión más rutinaria de la OLP, si se quiere, más enfocada en efectos propagandísticos.
–Pero en aquella ocasión ni siquiera se consiguieron a los presuntos malandros que estaban buscando. El resultado fue realmente ridículo. Es decir, la OLP no es un modelo para los propósitos del Estado, incluso si le concediéramos, citando a Maquiavelo, la máxima de que “el fin justifica los medios”. Los resultados desdicen la eficiencia de esto.
–¿Cuál es entonces el modelo para proteger al pueblo?
–Está, por ejemplo, la Unidad de Policía Pacificadora de Brasil, donde hay un copamiento policial de los morros de Río de Janeiro, de las favelas, un control del territorio que no se podía controlar y después dejan allí una unidad policial comunitaria, que con intervención de políticas urbanas, educativas, comunitarias y sociales, restablecen el control estatal –porque el Estado no es sólo la policía–sobre territorios que habían sido relegados.
–¿De las OLP, entonces, saldremos con una criminalidad más organizada?
–En estas políticas siempre termina reorganizándose el delito hacia formas más agresivas. Hay una escalada de la violencia: a más violencia del Estado, más violencia criminal. El delito se reorganiza a formas más estructuradas. Se profundiza la corrupción policial, porque hay una relación directa entre violencia policial y corrupción policial –mientras más violenta sea la policía, más posibilidades hay de extorsión.
Esto, además, tiene efectos políticos perversos. Hay una doble lectura del pobre: el “buen pobre”, que es el señor que va a las misiones y “el pobre malo”, que es el delincuente, el bachaquero, el criminal que recibe una violencia desmedida, un discurso criminalizador. Con esto se está fracturando, enajenando, la base social del chavismo.
Esta combinación entre recesión económica y violencia policial es una combinación explosiva. Es como acercar una llama a la gasolina. La historia de los grandes estallidos sociales, generalmente, tienen que ver con la competencia de estos factores. Incluso, El Caracazo es una mezcla de ambos, con los famosos operativos policiales del Plan Unión. Esto que se está haciendo evoca toda esa idea de los operativos, de las redadas que aparecen en una situación semejante: en la crisis económica. Los operativos policiales pasan a ser la política, a veces la única estrategia del Estado frente al problema económico.
–En medio de una crisis económica, el problema policial y militar de 2014 fueron las guarimbas en los municipios de la clase media. En 2015, la OLP se concentra en los sectores populares. ¿Estamos cerca de un estallido social que hay que contener?
–Bueno, si esa es la motivación entonces la política está extraviada, porque es todo lo contrario: la historia demuestra que el aumento de la represión es una chispa eficaz para los estallidos sociales. Creo que también hay que pensar en la corporación militar y policial que actúa con agendas propias y autonomizadas. Es decir, esa corporación termina acumulando mucho poder en este tipo de operativos. Poder político y poder económico. Porque el delito también es fuente de renta: a través de redes clientelares, a través de extorsión, a través de participación en actividades del crimen.
La última estrategia: populismo punitivo
–¿Importa, en este contexto, distinguir entre el periodo Chávez y el de Maduro?
–Durante mucho tiempo no ha habido una política de seguridad clara. Durante el período de Chávez ha habido una especie de oscilación de las políticas. Primero fue el “funcionalismo de izquierda”, en el que el delito es consecuencia de la pobreza, del desempleo o de la exclusión, y a través de la justicia social, sólo superando ese lastre del capitalismo y del neoliberalismo, podremos enfrentar el delito sin aplicar fórmulas represivas.
Esta es la primera retorica del chavismo, pero no se dio una política alternativa que no fuera “no vamos reprimir, no vamos a criminalizar al pueblo”. Tampoco se atajó el problema de la violencia policial, que, frente a la dificultad de dar respuesta, empezó a ocupar espacios con acciones cada vez más perversas. Recordemos los escuadrones de la muerte en Portuguesa, en Falcón, con ejecuciones extrajudiciales.
Ahora se pasa a una retórica inversa. Ya el criminal no es una víctima de la injusticia social, sino es un cómplice del sistema. Se desempolva la vieja figura del “lumpen”: el delincuente reproduce los valores del capitalismo, los valores egoístas. Esto coincide con la retórica conservadora, esa que dice que hay un problema de crisis de valores y muchas veces se culpa a la madre, a las familias disfuncionales. Frente a esta idea moral, la respuesta es más violencia policial, hasta este escenario bélico de respuesta al delito que es la OLP.
Ninguna de las dos fórmulas ha sido eficaz para enfrentar el problema. Por el contrario, se han abandonado los intentos importantes de caminar en una política de seguridad, como lo fue la reforma policial. Esta se inició en 2006. Formé parte de esa comisión y ahí se hicieron un conjunto de recomendaciones que en los últimos años se han echado por la borda. Se desbarató el proyecto de la Policía Nacional. Hoy, a un policía, le piden que lleve diez detenidos por día. ¿El resultado? Atrapan a infractores menores.
–¿Están pidiendo diez detenidos por día?
–No sé si en estos últimos meses, pero a principios de año fue así. Había que llevar una cuota de detenidos. Entonces, ¿a quien detenían? Detienen al indigente que consiguen con tres piedras de crack en el bolsillo. Y lo presentan. Es decir, detienen a la pequeña criminalidad, que no son las más graves. Así se extravía el foco. Los homicidas, en cambio, apenas entran en el sistema penal. Las cárceles están llenas por delitos de drogas, esencialmente por posesión y venta en pequeñas cantidades.
–La PNB aspiraba a ser un modelo distinto de policía.
–A partir de ahí empieza a desencaminarse lo que proponía el nuevo modelo policial. El proyecto, en 2006, no se reducía a crear una nueva policía, esa fue la gran discusión. Crearla, solamente, significaba crear un nuevo problema y dejar en pie los otros, que eran las restantes policías. El proyecto planteaba avanzar hacia un sistema de policías que permitiera articulaciones con estándares comunes, informados por derechos humanos, informados por criterios de eficiencia y de eficacia. La PNB siempre se concibió como una policía pequeña, salvo en el área de Caracas, que debía ocupar el espacio de la PM.
Más bien se ha producido una expansión de la PNB, un crecimiento muy acelerado, subordinado a políticas y mandos militarizados. Los últimos mandos son militares activos, que le han impreso una distorsionada función y no se avanzó hacia la creación de un sistema que garantizara la protección de la gente. La creación de la PNB no era una política de seguridad en sí misma. También se perdió la idea del desarme.
La reducción de los homicidios en Brasil tuvo que ver con el control de las armas; y las armas en Venezuela circulan tanto en manos de los cuerpos policiales –que son los principales proveedores para actividades delictivas- como en manos de los civiles. Se planteaba avanzar en un modelo semejante al brasileño, en restricción de portes de armas en manos de civiles y un control riguroso de las armas y las municiones en manos de la policía. Eso se desestimó, entre otras cosas por los poderosos lobbies armamentistas.
–¿Se perdió la oportunidad que tuvo el chavismo para hacer una política de seguridad eficiente?
–Los elementos que permitían definir una política de seguridad eficiente fueron abandonados tempranamente. Se ha favorecido una política que tiene mayor valor expresivo y político: la mano dura. Pudiésemos hablar de “populismo punitivo”, ofrecer mano dura a través de estos actos espectaculares, profundamente ineficientes, pero que dan rédito político. Estamos en una campaña electoral y los efectos de este tipo de populismo son muy efímeros. Lo que pasó en la Cota 905: a los que fueron a buscar y no encontraron, ya están de nuevo allí. La gente rápidamente se da cuenta que esto es una ilusión que supone violencia contra ellos y que no resuelve el problema del delito y la criminalidad. Lo paradójico es que esta política de mano dura siempre fue una bandera que blandió la oposición y ahora el chavismo la ha venido convirtiendo en su oferta política.
–¿Todo esto no es una muestra del fracaso de la política de seguridad implementada durante estos años?
–Hay otros factores que también permiten entender este viraje. Y esto sirve para revelar los límites de las políticas redistributivas en los procesos de transformación estructural de alto calado. Lo que explica por qué persiste la violencia, a pesar de haber disminuido la desigualdad. Sin duda que las políticas redistributivas, las políticas sociales, han mejorado las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos. Es evidente en los indicadores económicos y cuando uno va a barrios pobres se da cuenta de eso.
Esta redistribución ha tenido un efecto paradójico al generar nuevas brechas entre las clases populares, es decir, las políticas sociales focalizadas y no universales terminan generando diferencias entre aquellos que están en mejores situaciones, más ventajosas para aprovechar estas políticas -porque se está en una misión, porque se está en un Barrio Nuevo Tricolor, porque se está en cuestiones comunales, porque se entra en las redes asistenciales- y los que quedan relegados de esas políticas.
Entonces empiezan a aparecer diferencias intraclases. Brechas entre los beneficiarios, clientes de estas políticas y los que se quedan relegados. Y hay diferencias muy poco evidentes, sobre todo con los métodos tradicionales para la medición de la desigualdad, porque se dan en el seno de una familia, por ejemplo entre el papá que consiguió trabajo, o que recibe algún beneficio por ser parte de una misión, y el hijo, que no consigue trabajo, que está excluido del sistema educativo. Estas brechas dentro de sectores populares hacen que se empiece a generar una suerte de diferenciación importante entre los factores que han logrado mejorar sus condiciones de vida, de manera significativa, y los factores más relegados.
Ante la desigualdad, que era muy marcada en Venezuela, ahora existe una menos notoria pero más próxima. Eso puede generar muchísima tensión y una sensación de injusticia. Esto explica también por qué este viraje de las políticas de seguridad, cada vez más duras: porque se trata de dar un tratamiento diferenciado a los sectores populares, es decir, hacer una doble política popular de incluir y castigar.
–¿Qué hacer entonces después de tanto tiempo perdido?
–Hay cosas básicas. Yo diría, en primer lugar, insistir en la inclusión de los sectores relegados.
–Universalizar el sistema de protección social.
–Exacto. Universalizar el sistema de protección. Y políticas focalizadas a aquellos sectores que no han sido tocados. Las políticas sociales, fundamentalmente, han estado dirigidas a excluidos de vieja data. Gente que había estado excluida desde los años ochenta, que, como resultado del ajuste neoliberal, perdió su trabajo y que ahora volvió a ser incorporado. Sin embargo, los nuevos excluidos, los jóvenes que no consiguen trabajo, los excluidos del sistema educativo, no han sido incorporados, no han sido atendidos por esas políticas. Así que hay que pensar en políticas sociales universales y en políticas sociales focalizadas.
Hay que retomar la agenda de la reforma policial para organizar una policía eficiente. Mira, muchas de las cosas que ha hecho la OLP –de muy mala manera y con resultados muy malos- se podrían haber hecho con inteligencia policial. Es decir, la policía puede identificar –y estoy seguro que sabe- dónde está la gente vinculada con actos inaceptables, que debiera ser detenida, procesada e ir presa.
–¿Qué nos ha pasado, por qué llegamos a esta situación?
-–Nosotros tenemos un Estado muy anómalo por la relación con la renta petrolera y con la conducción histórica de ese Estado. Un Estado siempre muy distante de la gente, muy violento, por eso nuestras policías siempre han sido muy militarizadas. Esta anomia del Estado es funcional con ciertos intereses, para élites viejas y nuevas que emergen aprovechando la aparente anormalidad. La corrupción no es un tema moral, es, en términos marxistas, la acumulación originaria de capital. La forma de transferencia de la renta petrolera a sectores concentrados del país.
–¿El problema fue tratar de desmontar el Estado sin tener una alternativa a la mano?
–En estos años hubo una recuperación del Estado, después de un período, el neoliberal, en que sólo destacaba su función represiva. Durante los primeros años del chavismo se recupera la idea del Estado como un gran regulador de la vida social, pero se deja intacto el aparato represivo, el sistema penal, las policías a pesar de los intentos de reforma. Se recupera el papel del Estado, pero vinculado con el tema de la renta, como explica Fernando Coronil en su Estado mágico.
Un Estado que se hace cada vez más inútil, más hipertrofiado, incapaz de interactuar con la gente. Las primeras tesis de participación ciudadana, las mesas técnicas de agua, donde se validó la idea de una especie de cogestión o incluso de autogestión, cede su lugar a un Estado cada vez más prepotente, que controla renta y la distribuye, donde la participación popular tiene un papel únicamente de cadena de transmisión entre estas rentas y las bases sociales, cada vez con menos poder efectivo. Entonces termina siendo un Estado gigante con pies de barro que regula todo pero que no puede regular nada, que sólo tiene pactos informales, clientelares, invisibles, con sectores económicos emergentes donde, por cierto, el problema de la generación de criminalidad y violencia no es ajeno.

domingo, noviembre 11, 2012

Crónica: El dudoso “honor” de parirle a un malandro


Crónica: El dudoso “honor” de parirle a un malandro
Las novias de los delincuentes adolescentes de los sectores populares, a veces a juro, en ocasiones violadas, y otras bajo consentimiento, coquetean con el poder y los sinlímites de los chicos.
   
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Crónica: El dudoso “honor” de parirle a un malandro
21% de los niños que nacen en el país son de madres jóvenes (Créditos: Reva)
Marianella Durán /mestilitad@gmail.com

En los barrios de Caracas, donde la violencia se desliza sigilosa por callejones de día y de noche y desvela a los adolescentes de 12, 13 y 14 años, truena una paradoja: “es un honor parirle a un malandro”, sobre todo si no es feo, viaja en moto y no es mal encarado, dice Yusmari Vargas,coordinadora del Servicio Comunitario del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), de la Universidad Central de Venezuela. Catequizadas en la cultura machista, las jovencitas admiran a los delincuentes de su misma edad que son aguerridos, poderosos, bañados en virilidad. Importa poco si traspasan la raya imaginaria hacia lo amoral, al robar, herir, matar. A ellas les gustan. Crecieron jugando en la misma acera, fueron o no a la escuela pero sí a la bodeguita, y entre chogüís y chocolates se entramparon en una nasa de la que no es fácil salir. Son las novias, viudas de esos chicos que duran poco y que antes de partir a tocarle la puerta a San Pedro les dejan su semilla cincelada en el vientre.

Camino al liceo en La Bombilla, Petare, donde estudia Jenniffer de 17 años, todo transcurre normal. Unos muchachos tratan de subir un vehículo de baja cilindrada por unas escaleras que bordean la calle principal. Cuando estiran los brazos para enderezar el manubrio y ascender cada escalón, se asoma la punta del cañón de sus pistolas fuera del canto de la suave tela de la franela. Son cuatro forcejeando apurados para que no haya más testigos de dónde van a guardar la motocicleta, quién sabe de quién. La gente precipita el paso y ruega a Dios a que pase el jeep de la ruta troncal para no ver, no ser, no estar. Parecen temblar las piernas y acabarse la saliva, el miedo talla. Nada es anormal.

Con intensos ojos color guarapo de papelón, y bachaca por su crespo cabello amarillo lumbre, sale de clases y espera “La Flaca” en una esquinita. Chasqueando la goma del chicle, suelta que los jóvenes mala conducta de por su casa, “son chéverej”. La protegen. “Tengo amigos que son malandros.

 Son novios de mis primas y ellas se la pasan con ellos.

 Cuando va a haber algo nos avisan: ‘recójanse que vienen los del otro barrio y se van a entrar a tiros’, o también nos advierten: ‘no salgan de la escuela ahorita’. Así fue la semana pasada porque mataron a un chamo para robarle la moto.

 Ellos cuidan a mis amigas y a mí”, se glorifica la joven.

La violencia acostumbrada. En su ambiente “la violencia es una forma de existir”, según el padre salesiano Alejandro Moreno, autor de Y salimos a matar gente. Su forma de ser “es una manera de dar significado al mundo que viven (…) un modo de existencia, un estilo vital”.

De allí que “no es casual que nuestros adolescentes estén cada vez más involucrados con hechos violentos, porque de alguna manera, incursionar en ellos alimenta su masculinidad como hombres”. Se vuelven atractivos, “la imagen estereotipada que las mujeres conservamos del hombre ideal”, detalla la directora de la Asociación Venezolana para la Educación Sexual Alternativa (Avesa), Magdymar León.

Por eso, con mucha frecuencia, las jóvenes “tienen hijos de malandros, porque pueden darles un estatus en la comunidad”, dice la psicóloga, al tiempo que da fe de tres tipos de motivos en el embarazo adolescente: los que fueron forzados por los antisociales, los que se gestan en medio de relaciones consentidas y bajo un vínculo afectivo, y los que responden al ascenso en su comunidad: “no me obligó sino que quise tenerle un hijo a él”.

Dejar descendencia. 
Durante un taller de prevención de esta ONG en Petare en 2011, al rastrear las causas del embarazo adolescente surgió la interrogante: ¿alguna de ustedes se habrá embarazado de manera voluntaria? “Y una joven dijo sí. Porque mi hermano era un malandro y sabía que tenía sus días contados. Él tenía su novia de 15 años y ella quiso salir embarazada para dejar descendencia. Salió preñada y a los dos meses lo mataron. Ella está con nosotros, mi familia la quiere mucho, nosotros nos hemos hecho cargo de sus dos niños porque tuvo morochos”. 

Una vez sentada en un aula vacía prestada para la conversa, Jenniffer juega con el lápiz que agita sobre el cuaderno, y así pone los dedos en alguna parte mientras compromete sus palabras en un testimonio inédito, “supuestamente” sobre la pareja de una prima: “La quiere tener sometida, es machista… Quiere ser como su papá… Ella le dice que lo quiere, y él a ella, pero eso no es querer. Él está prohibiéndole muchas cosas, y hasta pasa en la moto por el frente de su casa con muchachas, y hasta con la mamá de su hijo, aunque ellos no viven juntos. De por sí hemos tenido problemas”, se le escapa en el verbo la conexión y las contradicciones encandilan por sí solas.

Cuando el muchacho va a buscarla a su casa para salir a escondidas de su mamá, ella le pide que deje el arma en otra parte, pero en seguida lo justifica: “eso no debe ser porque esa es su protección”.

“El malandro se enamora de ellas, más que ellas de los malandros, y comienzan a amenazarlas y seducirlas. Muchas veces las acosan y persiguen, a decirles cosas, a hacerlas sentir que pueden estar en peligro si no están con ellos, entonces aceptan escaparse con los muchachos desde los 12 o 13 años”, retrata sor Deysis Andrade después de haber visto muchas jóvenes pasar por el albergue caraqueño que dirige en la urbanización Artigas -al Oeste de la capital-, Obra Social para las Madres Adolescentes y sus hijos (Osman).

“Cuando ya están con ellos y salen embarazadas, los muchachos se aburren y empiezan a maltratarlas. Ellas se vuelven a sus casas y a algunas las admiten de nuevo, pero a otras no. Hay muchas de las que tenemos aquí que las acogen sus familias, pero ellos siguen acosándolas. Ahí es cuando consiguen una medida de protección. A ellos usualmente no les hacen nada”, reprueba la hermana de la Comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Niñas madres. En este vértigo del barrio y la vida rota, Venezuela actualmente encabeza el primer lugar de embarazos adolescentes en Suramérica, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Registro que quizá se emparente con la cifra del Centro Latinoamericano de Salud y Mujer,cuando señala que sólo 1 de cada 10 jóvenes utilizan métodos anticonceptivos.

Al menos Jenniffer simula que se cuida usando pastillas, pero, según Avesa, las muchachas “no proponen el uso del condón porque pueden ser mal vistas, porque él puede pensar mal de ellas, puede creer que es una ‘corrida’, o será que podía estar enferma o que es prostituta”.

Así es como en el país existe una evolución de 20,5% en el índice de embarazos adolescentes, superior aBrasil con 18% y a Colombia con 16%, en registros de la Organización Panamericana de la Salud.

Mientras, reportes del Ministerio del Poder Popular para la Salud, publicados en 2012, detallan que 21% de todos los niños y niñas que nacen en el país son hijos de madres jóvenes, 1 de cada 5 adolescentes menores de 20 años ya es madre.

Treintaiún adolescentes y 33 niños viven en Osman, con dos embarazadas y una muchacha de 14 años con 2 niños producto del incesto. “Hemos tenido un alto índice de muchachas de las que abusaron sus propios hermanos.

 Cuando las mamás buscan el apoyo institucional, vienen aquí y se quedan con sus hijos, aprenden a cuidarlos y a trabajar para sostenerlos”. Allí las reciben de todas partes, incluso de los estados Zulia, Táchira y Miranda.

La ONG italiana Cesvi, con sede en 35 países, que brinda apoyo en la prevención de la explotación sexual a pequeñas y adolescentes, también lleva estadísticas y atiende a unas 133 jóvenes y 250 en promedio que fueron en busca de ayuda, dieron muestras de derretirse entre la pobreza y la pobreza extrema, la que obliga a las mujeres a ser como no quieren ser y a navegar como un palito en el río a consecuencia de apremiantes problemas económicos. 

Dormir pegados alienta el abuso. Arriba en el cerro, “consigues hacinamiento. Por lo general, las niñas y niños duermen con adultos, con parejas. Duermen pegados dos o tres, entre la mamá y el padrastro, y cuando es así, que te pegas al cuerpo de otro, hay confusiones de límite e identidad”, describe la coordinadora de la Defensoría de los Niños, Niñas y Adolescentes del Municipio Sucre, Helen Ruiz.

Bajo esas circunstancias es alto el índice de “abuso por parte del agresor que vive con la víctima. Tenemos que 35% de los abusos intrafamiliares los perpetran un padrastro o un padre”, comenta Gabriel Bertani,quien se desempeñaba como director de Cesvi.

Eriza el cuerpo lo que sale de la boca de Rosmari -también nombre figurado y estudiante de 9º grado en el mismo liceo de Jenniffer: “Nunca me habían preguntado cómo me siento y yo soy muy infeliz”. Tiene apenas 15 años, corta de estatura y pelo largo lacio, de mejillas rosadas y dientes pequeños con gruesa encía. “Mi padrastro siempre me pega y mi mamá nunca le para a eso. Él siempre la quiere pagar conmigo. A mí me han metido muchos temores de él. Porque me han dicho que hay padrastros que quieren violar a las niñitas. Es muy celoso conmigo y miraba muy feo a un noviecito que llevé a la casa y que tuve que dejarme de él”.

El papá de sus hermanos menores finge que trabaja y guarda un arma en el escaparate de su cuarto. “Yo siempre me la paso aquí en el colegio, él siempre está pendiente de mí. No niego eso porque me gusta que se interese por mí, porque siento que me quiere, pero lo que no me gusta es que me trata demasiado mal. Me revisa los mensajes en el celular que me regaló mi papá de verdad. Me da hasta patadas. Siento que mi mamá le tiene miedo”. 

Quiere ser médico forense pero cree que no va a poder; un día, cuando desafió a la pareja de su madre con que se iría a vivir a la casa de su progenitor biológico, el padrastro le sugirió que le iba a pasar “algo” si cumplía su palabra.

Desertar es morir. En Cesvi también registraron tres casos donde el novio abusó de las adolescentes y que pronto se convirtió en explotación sexual. Cuando es así, “la joven es sometida, y a su edad no podemos decir que esté consciente de su situación. En ocasiones les prometen ropa, dinero o un celular, y por su precariedad económica no podemos hablar de conciencia. Habían sido primero sometidas a un abuso, además, por varias personas, una banda en su comunidad.

 Luego esto fue utilizado para coaccionarla, amenazarla en contra de su familia o para lesionar su reputación con videos o fotografías”, identifica el especialista como uno de los contextos hallados en las chicas que acuden a sus centros en Caracas.

“El día que tratan de salir, funciona como la mafia, y aquella que quiere desertar podría ser ajusticiada. Están bajo amenaza de muerte. Ellas no tienen opción y es posible que usen drogas pero no como un uso recreativo, sino como para hacerse tolerantes ante su situación”, subraya.

En los Anuarios del Ministerio del Poder Popular para la Salud entre 2004 y 2009, se repitió el mismo patrón: el asesinato de jóvenes de 15 a 24 años, y de mujeres de 25 a 44 años. 

Una trilla retorcida a la vista de cualquier espectador que contraría todo juicio, y más, al ver que “las mujeres seguimos buscando una pareja que no es de igual a igual sino que debe ser superior a mí. Al hombre se le dice búscate a una mujer que te atienda y a la mujer se le dice búscate a un hombre que te mantenga. En Venezuela, además, existe un valor sobre la belleza, que debemos ser atractivas para levantarnos al chico que nos va a mantener, al más importante, y quién puede ser el más importante en una comunidad donde existe un alto margen delictivo: el malandro; porque aunque puedo decir que está en malos pasos, me está cuadrando con el modelo masculino de hombre valiente, poderoso, audaz y atrevido”, y eso, según León, puede hechizar a cualquier muchacha adolescente. 

mestilitad@gmail.com 

miércoles, junio 24, 2009

El gobernador estaba con su amante

El gobernador estaba con su amante

Mark Sanford, gobernador de Carolina del Sur

El gobernador admitió su relación extramarital en conferencia de prensa.

Tras el revuelo levantado por su ausencia "injustificada" de cinco días, el gobernador de Carolina del Sur en Estados Unidos, Mark Sanford, se presentó ante las cámaras de televisión y reconoció que su desaparición había sido ocasionada por una mujer: su amante.

Luego de la desaparición de Sanford, su equipo había anunciado que el gobernador estaba recorriendo la Senda de los Montes Apalaches porque estaba "agotado" tras el período de sesiones legislativas.

Justin Webb, corresponsal de la BBC en Washington, aseguró que Stanford es conocido por pedir días de descanso para pasar el tiempo solo.

Sin embargo, poco más tarde trascendió que estaba en Argentina en compañía de una mujer.

Confesión pública

Lo que hice estuvo mal. Punto. Fin de la historia

Mark Sanford, gobernador de Carolina del Sur.

Luego de las múltiples especulaciones acerca del viaje del gobernador de Carolina del Sur, éste llamó a una conferencia de prensa.

Entre lágrimas, el ahora ex presidente de la Asociación de Gobernadores Republicanos (RGA por sus siglas en inglés), pidió perdón a su esposa y familia.

Admitió el romance -durante casi un año- con una "querida amiga" del país sudamericano en una relación que empezó "inocentemente" hace ocho años.

"Pero recientemente, durante este año, se transformó en mucho más que eso. Y como consecuencia la herí. Lastimé a todos. Lastimé a mi esposa. Lastimé a mis hijos. Lastimé a mis amigos", agregó.

"Lo que hice estuvo mal. Punto. Fin de la historia", dijo.

"La gran incógnita en Argentina es quién sería la 'muy querida amiga' con la que Sanford tuvo su affaire. Durante la tarde del jueves, los canales de TV transmitieron una y otra vez la conferencia de prensa, completa y doblada al español, en la que el gobernador reconoció su aventura en estas tierras", detalla la corresponsal de BBC Mundo en Buenos Aires, Valeria Perasso.

Los medios argentinos destacaron el impacto que este affaire extramatrimonial podría tener en la carrera del gobernador, pero sobre todo se regodearon en relatar los detalles del intercambio de correos electrónicos entre la pareja y de especular sobre sus encuentros furtivos en viajes previos del político al país.

"Sobre ella, corren toda clase de rumores: que se trataría de una mujer separada y con hijos, que viviría en la capital argentina y hasta se mencionó que ocuparía un cargo en un organismo público. Pero, por el momento, nada de esto fue confirmado. Los programas de noticias juegan a las especulaciones, mientras se refieren a Sanford como un 'latin lover'", detalló Perasso.

Tropiezo rumbo al 2012

Mark Sanford, gobernador de Carolina del Sur

El gobernador rompió en llanto durante la revelación de su infidelidad.

Esta revelación podría afectar la carrera de Sanford, visto que para muchos estaba considerado como un candidato presidencial ideal del partido para las elecciones del 2012.

Según Webb "la decision de abandonar Carolina del Sur sin aviso por varios días ha generado varias interrogantes y le puede costar la carrera".

Como miembro de la RGA, Sanford había sido considerado uno de los políticos más visibles del partido.

La lista incluye a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, al gobernador de Minnesota, Tim Pawlenty, y al de Louisiana, Bobby Jindal.

Sanford es el segundo político republicano al que se le descubre una amante en una semana: hace unos días el senador republicano John Ensign de Nevada, reveló una relación extramarital y renunció al liderazgo del Senado.

La RGA emitió un comunicado asegurando que "están decepcionados con la revelación, pero saben que es importante tanto para el gobernador Sanford como para la RGA salir adelante lo más pronto posible. Por eso, aceptaron su renuncia".



jueves, junio 18, 2009

25% de los sudafricanos violó alguna vez

25% de los sudafricanos violó alguna vez

Protestas contra las violaciones en Sudáfrica.

Hasta ahora los gobiernos no han logrado frenar la epidemia de violencia contra las mujeres.

Uno de cada cuatro hombres en Sudáfrica confiesa que alguna vez ha violado a alguien, según revela una encuesta.

El estudio, llevado a cabo por el Consejo de Investigaciones Médicas de este país, refleja que la mitad de estos violadores confesos atacaron a más de una víctima.

Además, el 75% de ellos dijo haber violado por primera vez antes de cumplir 20 años.

Este instituto médico encuestó a 1.738 hombres de las provincias de Kwazulu-Natal y de Cabo Oriental, tanto en zonas rurales como urbanas.

Uno de cada 20 hombres consultados admitió que había violado a una mujer o a una chica en el último año.

Resultados "escandalosos"

La profesora Rachel Jewkes, responsable de este estudio, le dijo al Servicio Mundial de la BBC que los resultados de esta encuesta son "muy escandalosos".

En parte, el origen de ello es nuestro agitado pasado y la manera en que los hombres sudafricanos se han socializado durante décadas en unos modelos de masculinidad que predican la idea de ser fuerte y rudo, de usar la dominación y el control sobre las mujeres, igual que sobre otros hombres

Rachel Jewkes

"Tenemos que cambiar actitudes sociales que han creado una norma por la cual coaccionar a una mujer para tener sexo es algo aceptable a algunos niveles", advirtió.

"Somos conscientes de que hay mayor prevalencia de violaciones en Sudáfrica que en otros países. En parte, el origen de ello es nuestro agitado pasado y la manera en que los hombres sudafricanos se han socializado durante décadas en unos modelos de masculinidad que predican la idea de ser fuerte y rudo, de usar la dominación y el control sobre las mujeres, igual que sobre otros hombres".

También a hombres

Jewkes también reveló que uno de cada diez hombres fue violado alguna vez por otro. El 3% de los entrevistados admitió haber forzado a un varón.

Como recordó el corresponsal de la BBC en Johannesburgo, Jonah Fisher, Sudáfrica sufre elevados índices de violación y violencia contra las mujeres, pero hasta ahora los gobiernos no han logrado frenar esta epidemia.

Un informe reciente de un sindicato indicaba que cada tres minutos un niño era violado en Sudáfrica, aunque la mayoría de los casos nunca llegan a denunciarse.


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