lunes, agosto 17, 2015

Sustituir importaciones requiere transformar el aparato cambiario y financiero

Analistas sugieren tomar en cuenta experiencias del pasado para no cometer errores

Sustituir importaciones requiere transformar el aparato cambiario y financiero

16 agosto 2015 | Haga un comentario
Para el exministro de Industria y Comercio, Gustavo Márquez, la propuesta debe abordarse bajo un enfoque endógeno. El internacionalista Alfredo Ordóñez estima que la medida debe hacerse de forma gradual. El economista Humberto García insta propone promover la producción interna
El presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó recientemente la creación de una comisión de alto nivel que planifique y ejecute estrategias encaminadas a la sustitución de productos e insumos importados para favorecer aquellos que puedan obtenerse en el país,  con el fin de “consolidar nuestra economía” y romper con la “dependencia parasitaria” de adquirir afuera todo lo que necesitamos. El Correo del Orinoco consultó a tres analistas económicos, quienes enumeraron las posibles ventajas y desventajas de la propuesta.
Gustavo Márquez, quien se desempeñó como ministro de Industria y Comercio (1999) y ministro de Estado para la Integración y Comercio Exterior (2005-2007) durante la gestión del presidente Hugo Chávez, manifestó que la sustitución de importaciones “solo puede plantearse en este momento bajo un enfoque endógeno”, lo cual implica un cambio radical dentro del sistema.
Dice que “lo que estamos viendo hoy en día es una agonía larga de un modelo de sustitución de importaciones basado en el capitalismo rentístico dependiente que se ha prolongado a lo largo de los años y que la Revolución Bolivariana no ha podido transformar”. En tal sentido, comenta que “si se le da más oxígeno a un muerto que está agonizando, estaríamos avanzando en dirección contraria a lo que se quiere construir en el país, que es la independencia reflejada en el objetivo número uno del plan de la patria”.
Recordó que la sustitución de importaciones no representa ninguna novedad: “Se trata de un modelo que se inició en los años 60 y que todavía está vigente”. En su opinión, esta fue una “estrategia de división internacional del trabajo para la expansión del capitalismo”. Uno de los factores determinantes de la economía venezolana en los últimos 100 años, refiere, son precisamente los ingresos petroleros y particularmente la absorción de la renta petrolera que, en su criterio, “es el traslado hacia Venezuela del producto del trabajo de otros países”.
Esta política, acotó, fue impulsada fundamentalmente por el capital trasnacional con la intención de “trasladar a los países periféricos el desarrollo de algunos procesos industriales manufactureros, aprovechando la mano de obra barata y las ventajas que, de algún modo, desde el punto de vista económico, le permitían bajar los costos de producción”.

DISMINUCIÓN DE LA INVERSIÓN

A través de esa iniciativa, destaca, “se buscaba ampliar no solamente el mercado de consumo, sino también el mercado de insumos”, el cual considera muy importante pues abarca los bienes intermedios. En el caso particular de Venezuela, precisa que “la medida resultó muy atractiva, porque este es un país petrolero, con ingresos en divisas, es decir, potencialmente comprador de esos bienes y servicios”.
Además, señala que esta permitía que los petrodólares que tenían que desembolsar países como Estados Unidos para la compra de crudo, retornaran a sus manos. Ciertamente, comenta el analista, el Estado es quien maneja la renta petrolera, “pero en el modelo capitalista, es el sector privado el que acumula riquezas a partir de la explotación de los trabajadores y la acumulación de plusvalía del trabajo para ampliar su capacidad de producción y elevar su tasa de ganancia”.
A partir de 1979 ese modelo entró en crisis. Uno de los indicadores de ese declive, describe, es la reducción de la inversión privada: “Fue como una especie de montaña rusa; desde los años 40 comenzó a subir bajo el amparo del desarrollo petrolero y actividades conexas, pero en los 50 comenzó a caer y en los 60 se vuelve a iniciar un proceso de recuperación, hasta el final de la década de los 70, donde comienza declinar nuevamente hasta el sol de hoy”.

CAPITALISMO RENTÍSTICO

Al citar al economista Asdrúbal Batista, de quien alega que ha sido un estudioso del tema, y con sus análisis ha permitido tener elementos cuantitativos y cualitativos para evaluar el desarrollo de la economía venezolana, Márquez comenta que en el país tenemos un sistema de capitalismo rentístico, que es muy diferente al capitalismo normal, “porque la renta petrolera se convierte en un factor que distorsiona el proceso productivo normal del capitalismo”.
Uno de los efectos distorsionantes de la renta, aclara, es que el sector petrolero se hace mucho más competitivo que el resto de los sectores, porque con una inversión menor logra ganancias muy elevadas. “Esa diferencia de productividad va haciendo que el resto de los sectores de la economía se vayan rezagando y vayan determinando de algún modo, dentro la lógica capitalista, que sea más viable importar que producir en el país, porque la sobrevaluación del signo monetario establece que es más barato comprar bienes en el exterior que producirlos aquí”.
Afirma que esto había sido advertido hace algunos años por Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri, quien proyectándose hacia el futuro planteó que esto iba a generar una sociedad enferma, porque alrededor de ese modelo “se ha generado una cultura rentística en la que hay quienes tienen un ingreso sin llegar a producir”.

¿SEMBRAR EL PETRÓLEO?

La renta petrolera que aquí se sembraba, critica, “se sembraba en créditos blandos y en transferencias directas al sector privado y a un empresariado parasitario como la Corporación Venezolana de Fomento, a la que se le otorgaron 15 mil millones de dólares en créditos que nunca retornaron”. Muchas de esas empresas fracasaron, y los empresarios terminaron transmutándose en comerciantes que justamente participaban en el negocio de las importaciones, fustigó.
La nacionalización petrolera, según Gustavo Márquez, terminó siendo un gran fraude, tal y como lo mencionó Alí Primera en una de sus canciones, entre otras cosas, porque a partir de esa decisión se desarrolló una paradoja: “En la medida que la venta del petróleo comenzó a aumentar, los ingresos fiscales petroleros empezaron a disminuir”.
En su criterio, esto obedecía a que “la renta petrolera terminó llenando los bolsillos de una burguesía parasitaria que no estaba invirtiendo en el país, sino que usaba esos dólares para acumularlos y hacer fortuna afuera”. No en vano, advierte que las cifras que se están manejando dan cuenta de que “los capitales venezolanos en el exterior en todos estos años pueden estar llegando a los 400 mil millones de dólares, colocando al país en tercer lugar en relación al PIB y en cuarto lugar en términos absolutos”.

EL MISMO MODELO

El modelo actual, contrasta, es el mismo modelo rentístico del pasado. De hecho, afirma que “hoy en día 97% de los ingresos petroleros se utiliza para las importaciones”. Según el ex ministro de Comercio, la estructura de las empresas productivas del país “fue parida por ese modelo de sustitución de importaciones”, por eso, sus procesos de funcionamiento están armados a partir de la importación de insumos, de tecnologías y también de bienes de capital.
Un claro ejemplo de esto, resalta, es la situación de Polar, que en días pasados anunció que no iba a poder seguir produciendo cerveza porque el gobierno no le había dado las divisas necesarias. “Las latas de cerveza se hacen con un aluminio que se importa. ¿Por qué la Polar no ha desarrollado un plan de inversión para comprarle aluminio a la CVG y producir el material para sus latas y así tener una autonomía respecto al mercado internacional?”, cuestionó. Dice que si se hace de esa manera, “la empresa deja de recibir dólares y tiene que moverse con la moneda nacional, lo cual rompería con el proceso exógeno de acumulación”.
En su criterio, lo mismo estaría sucediendo en la estatal petrolera. “Pdvsa ha avanzado muchísimo bajo la administración del Gobierno Bolivariano, pero no podemos decir que ha dejado de ser lo que históricamente ha sido, siguiendo la tradición de las grandes empresas transnacionales que manejaban el petróleo en Venezuela”, advirtió.
Al analizar este aspecto, Márquez se pregunta por qué no se ha elevado hasta ahora la capacidad de refinación en el país, puesto que la misma se ha mantenido igual en los últimos 30 años. Del mismo modo, sostiene que es necesario saber qué pasó con el Plan Semilla lanzado por el presidente Chávez en el año 2005 en función de la soberanía alimentaria, “porque en este momento nosotros estamos importando el 100% de las semillas de hortalizas y de algunas frutas”.
Asimismo, cuestiona que algunos implementos utilizados en la vestimenta de las y los integrantes de la Fuerza Armada sean importados. Para Márquez, la respuesta es sencilla: “A pesar de la voluntad política del comandante Chávez, de ir a una transformación del modelo productivo y superar el capitalismo rentístico, la burocracia y el Estado mismo -cuya esencia es rentística, porque es un importador neto- han arropado todo”.

REFORMAS ESTIMULANTES

Frente a este escenario, señala que para que la sustitución de importaciones pueda funcionar, lo primero que habría que hacer es transformar el sistema financiero. “Nosotros no podemos seguir con una banca rentística que capta los recursos y el ahorro, pero no los convierte en inversión sino en extracción de capital hacia afuera”. Sostiene que la banca rentística “vive de los depósitos del Estado y desvía los recursos” que se destinan a las carteras agrícola y turística, entre otras, con el fin de estimular la producción interna, para manejarlos a su antojo.
Por otra parte, detalla que para poder adelantar una política de relanzamiento del modelo productivo, e ir a un modelo endógeno de desarrollo industrial que va a sustituir importaciones, habría que modificar el sistema cambiario. “Para plantearse una política de desarrollo que permita transformar el modelo rentístico, necesariamente tiene que haber una estabilidad económica que lo permita, porque con este problema cambiario no se puede hacer nada”.
También hay que pensar en una nueva política económica que incluya una reforma tributaria en la que paguen más los que tienen más: “Aquí hay una grandísima evasión fiscal muy alta. El pago de impuestos del sector empresarial parásito es muy bajo. Es absurdo, pero acá, los empresarios pueden ajustar su balance, y eso les permite protegerse de la inflación en el pago de impuestos, pero el pueblo no se puede proteger de la inflación. Ellos le trasladan al pueblo todo, pero a la hora de pagar los impuestos, ajustan”.
Manifiesta que es prudente abrir espacios para que haya alianzas y redes productivas de pequeñas empresas. La idea, avizora, es ser autosuficientes en todo, y en aquellas áreas donde no podamos serlo, hay que establecer alianzas estratégicas para crear redes intraindustriales, es decir, entrar en cadenas productivas internacionales de cooperación como el Alba y Mercosur, y con otros países como China, “pero no para que nos vengan a vender los televisores, ni para que los ensamblemos aquí, sino para meternos en la cadena, para aprenderla, para conocerla, para trabajarla y participar en la agregación del valor de ese producto. Esa es una política de sustitución de importaciones pero con un enfoque endógeno”.

OBLIGAR A PRODUCIR

De acuerdo con el coordinador del postgrado en Economía Internacional de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Alfredo Ordóñez, una economía monoproductora como la venezolana indudablemente presenta debilidades en un sistema económico global. “Cuando el precio del petróleo es alto o superior a lo previsto, siempre se utiliza el excedente para el financiamiento de la inversión social o compras internacionales de otros productos para satisfacer las necesidades de la población. Sin embargo, cuando el precio es muy bajo, la nación queda desprotegida para satisfacer el mercado”, explica.
Amparados en ese modelo, destaca, “el sector empresarial se acostumbró a contar con el apoyo del Estado para garantizar su rentabilidad”, situación que, esgrime, es muy normal cuando el ingreso petrolero puede soportar estas estructuras. “Ahora, cuando el Estado no puede sostener el aparato productivo, lamentablemente este último tiende a trasladarse a la comercialización internacional, lo que genera una desmejora significativa en la productividad del país”, evaluó.
En tal sentido, afirma que la aplicación de una sustitución de importaciones “obligaría a que los sectores productivos vuelvan a producir, generando así un beneficio real a la economía, ya que la producción originará competencia y competitividad entre los grupos empresariales, logrando de esta manera satisfacer parte de las necesidades del mercado local y, en muchas ocasiones, la generación de divisas por concepto no petrolero”.

APLICACIÓN PROGRESIVA

Asegura el especialista que  “sustituir las importaciones siempre es factible cuando se consideran todos los factores que forman parte del sistema productivo de una economía”. Sin embargo, refiere que “aplicar esta medida de la noche a la mañana en una economía global es imprudente e inefectivo”, sobre todo en Venezuela, donde la producción nacional depende primordialmente del ingreso petrolero.
“Realizar una estrategia radical de sustitución de importaciones traería consigo una caída insostenible de la economía y por ende generaría una crisis social profunda. De tal manera que esta medida debe realizarse de forma gradual para poder generar beneficios reales y no solo nominales”, asintió. Para el internacionalista, lo primero que se debe hacer es evaluar la situación real del parque industrial nacional, tomando en cuenta tanto las empresas estatales como las privadas. En segundo lugar, añade, hay que “desarrollar un plan de suministro seguro de materia prima para iniciar el proceso productivo”.
También cree que habría que incorporar a las universidades al proceso de innovación y desarrollo, tomando en cuenta que este es el sector que por naturaleza genera conocimiento y es la fuente de la investigación. “Las Universidades serán las que le proporcionen las ideas y el camino a seguir a los empresarios para que logren una mejor competitividad en el mercado nacional e internacional”, apuntó.  Tal y como lo realizan los países con mayores márgenes de desarrollo industrial, adujo que “la innovación tecnológica viene de los centros de formación universitaria”.

TECNOLOGÍA Y ECONOMÍA

Asimismo, asegura que habría que conformar un plan estratégico de transferencia tecnológica que permita desarrollar proyectos industriales de alto impacto en la sociedad, en los sectores: farmacéutico, telecomunicaciones, militar y de alimentos que, a su parecer, es el más importante. “En este plan deberá existir una triangulación Estado, empresas y universidades para así garantizar que la tecnología adquirida no desaparezca con las personas, sino que quede arraigada en los centros de formación”, expresó.
Ordóñez también propone ajustar el tipo de cambio e iniciar un proceso de devaluaciones progresivas hasta que el dólar y el bolívar logren un equilibrio para que esta medida llegue a tener éxito. “Eso permitirá, a corto plazo, que el Estado pueda evitar una fuga de capitales de forma desproporcionada y se genere la confianza empresarial para el fortalecimiento del parque industrial”, analizó.
La aplicación de esta medida, tomando en cuenta las consideraciones planteadas, en su criterio, generaría competitividad en el mercado nacional e internacional, generación de empleos, ingresos a la nación de divisas y baja inflación. Además estima que esto también permitiría la eliminación de oligopolios o monopolios empresariales. Dice que “el Estado debe garantizar el respeto y cumplimiento de las normas que se definan para el desarrollo de un sistema de producción real y efectivo”.
La propuesta, en criterio del analista, debe apuntar a la construcción de un parque industrial. “En vista de que tenemos una economía débil que solo depende del ingreso petrolero, y dado que su precio en el mercado internacional es vulnerable, nuestra estructura económica es inestable. Por ello, la unión del Estado, empresario y universidades representa la única salida, a corto plazo, para garantizar la estabilidad socioeconómica del país”, concluyó.

FUNCIONÓ EN EL PASADO

Para el economista y profesor universitario Humberto García Larralde la sustitución de importaciones propuesta por el Gobierno “es equivocada como decisión de política, y además requiere de una serie de medidas imprescindibles que no se están cumpliendo en este momento”. Recordó que esta “fue una estrategia que funcionó bien en el pasado”, pero cree que en este momento “esa no es la solución que se debe buscar”. La medida comenzó a aplicarse durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dejaron de llegar al país, producto de esa situación, una cantidad de bienes manufacturados.
Se empezó con algo muy sencillo, relata: “En vez de importar los jugos, se comenzaron a hacer bebidas con frutas locales. También se aplicó en el ramo de los alimentos y con los textiles”.  Durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, añade, la estrategia se utilizó en el sector de la construcción y se dio un gran impulso a las industrias para que fabricaran materiales. “Pero se asume formalmente como política de Estado, con un paquete de incentivos bien estructurados y sistemáticos, en 1959, con la presidencia de Rómulo Betancourt”, asintió.
En aquella oportunidad, esgrime, “la sustitución de importaciones operó con muchos incentivos fiscales, estableciendo la eliminación de impuestos, amplias posibilidades de financiamiento, protección arancelaria muy alta que impedía la competencia externa, una política de compras que establecía la compra de bienes nacionales por parte del Estado, y la existencia de un tipo de cambio sobreevaluado que aumentaba el poder de compra interno de la población y facilitaba la adquisición de insumos y maquinarias a precios asequibles”.

DEPENDENCIA RENTÍSTICA

Dice que mientras hubo renta petrolera para financiar estos incentivos, la medida rindió buenos frutos. Además, acota que el petróleo “ampliaba el mercado interno”, rentabilizando con ello la inversión, hecho que a su parecer fue muy positivo, “porque la industria creció mucho más rápido que el resto del país y había un efecto dinámico dentro del proceso de industrialización”.
Pero en los años 80, cuando la renta petrolera deja de crecer  y el país se muestra incapaz de absorber productivamente la renta que comenzó a entrar con la subida de los precios del petróleo, “todo ese modelo colapsa, cae la inversión y se estanca la actividad productiva”. Frente a esa situación, añade, “los gobiernos intentaron responder con controles de precio y de todo tipo, pero eso lo que hizo fue terminar de hundir al proceso de industrialización por sustitución de importaciones”.
Todas las gestiones gubernamentales tuvieron modalidades variables de esa misma política, describe. “Durante el segundo período de Carlos Andrés Pérez, se insistió en la necesidad de buscar un cambio y se comienza a aplicar una política de orientación hacia afuera. Luego, Rafael Caldera, a su manera, trató de echar todo eso para atrás y después volvió a asumir la misma estrategia, hasta que llegamos a la presidencia de Hugo Chávez”, resumió.

NO HAY INCENTIVOS

Hoy en día, de acuerdo con García Larralde, quien además es miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y coordinador del equipo de desarrollo económico del Cendes, “para proponer un proceso de reactivación de la economía con base en la sustitución de importaciones se debe tener en cuenta lo que sucedió en el pasado”.
Aduce que “en la actualidad, el ingreso petrolero ha caído significativamente y la perspectiva que se tiene es que no va a aumentar en los próximos años, por ello no puede cumplir ese papel dinamizador que ocupó antes en términos de ampliar el mercado interno y financiar todos esos incentivos”. Además considera que la política del gobierno actual, “lejos de promover incentivos, ha desincentivado la producción nacional”.
Otros elementos que, en su criterio, desestimulan la inversión productiva, “son los controles de precios, la falta de garantías jurídicas de todo tipo, normativas como la Ley Orgánica del Trabajo que impiden la flexibilidad laboral que permitiría una mayor respuesta de las empresas frente a las oportunidades o desafíos para competir, y la falta de acceso a las divisas por parte de las empresas”.

ELIMINAR CONTROLES

El economista argumenta que durante los últimos 15 años ha aumentado mucho la dependencia de la renta petrolera, “por el acoso al sector privado interno y la sobrevaluación del bolívar”, lo cual dificulta la producción interna y la posibilidad de competir con las importaciones. De hecho, asegura que el gobierno se ha convertido en el principal importador. “Hoy en día, más del 60% de las importaciones las realiza el Estado y muchas veces las hace, incluso, sin pagar impuestos”, criticó.
En su criterio, “en vez de privilegiar la importación barata de bienes con un dólar subsidiado, el Gobierno debería promover la producción interna a través de una cantidad de incentivos que permitirían reactivar el aparato productivo”. Para ello sería necesario, según el especialista, “levantar los controles de precio y las regulaciones que impiden la actividad productiva, dar garantías jurídicas y crear un escenario macroeconómico que estabilice los precios”.
Asimismo, insiste en que es necesario desmantelar el sistema de control de cambio que, a su parecer, es el que ha provocado todas las distorsiones. “Nosotros no vamos a tener estabilidad cambiaria, de precios, ni vamos a resolver el problema de la inflación y a aumentar el poder adquisitivo de la población con este desajuste cambiario y este desequilibrio fiscal monetario que estamos viviendo ahorita”, apuntó.
El tipo de cambio que tenemos en este momento, indica, “es inviable”, puesto que a 6,30 bolívares por dólar solo importa el gobierno, además la cantidad de dinero que se destina para tal fin no da abasto para suplir las necesidades internas. Eso explica, en su criterio, “la creciente inflación y el desabastecimiento, no solo de bienes de consumo, sino también de insumos para la producción que requieren de una respuesta inmediata y permanente”. A eso suma la deuda comercial con los proveedores internacionales que, según los datos que maneja, está por encima de los 10 mil millones de dólares, “lo que ha hecho que muchos de estos proveedores estén renuentes a seguir trayendo productos para acá”.

PROMOVER LA EXPORTACIÓN

A diferencia de años anteriores, García señala que “la economía ha crecido y el país es otro, con una población mucho mayor, por tanto, no podemos depender de una sola fuente de ingresos para financiar la compra de maquinarias, de equipos e insumos para sostener un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, más aún cuando nuestra dependencia a las importaciones ha crecido tanto”.
En ese sentido, estima que, “en vez de aplicar la sustitución de importaciones, lo que se tiene que hacer es promover una estrategia de exportación” con las condiciones que permitan reactivar la inversión y la actividad productiva. “Eso empezaría a diversificar las fuentes de ingresos petroleros y las fuentes de ingresos externos, y además posibilitaría que las empresas financien sus propias compras de insumos y equipos, además generaría un efecto dinámico que no tiene limitación en el mercado interno”, analizó.
De acuerdo con el analista, la sustitución de importaciones que se ha aplicado tradicionalmente tenía la limitación del mercado interno. “Si este no crecía, hasta ahí llegábamos, se agotaban las posibilidades de venta de producción, en cambio con las exportaciones, para un país pequeño, el mercado internacional es gigantesco”, contrastó. Esa orientación, esgrime, es la que han seguido todos los países exitosos. “Hay una serie de medidas que han aplicado gobiernos de distintos países en distintas épocas, que tienen que ver con apoyar a los pequeños y medianos productores para que puedan producir y exportar”.
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Tomado de: http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/sustituir-importaciones-requiere-transformar-aparato-cambiario-y-financiero/

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