lunes, agosto 17, 2015

Héctor Navarro: “Están acabando la revolución desde adentro”

Héctor Navarro: “Están acabando la revolución desde adentro”
 - www.aporrea.org
 - www.aporrea.org/ideologia/n275905.html

Profesor Héctor Navarro
Credito: Prensa Marea Socialista
Entrevistamos al Profesor Héctor Navarro y a la diputada al Parlatino Ana Elisa Osorio, ambos ex ministros del presidente Chávez y ex miembros de la dirección nacional del PSUV.  Navarro “expulsado” sin derecho a defensa y sin juicio del partido, por ejercer su derecho a la crítica y Ana Elisa ignorada en el actual periodo.  Ellos son, actualmente, impulsores con otras personalidades del proceso, de la Plataforma por la Auditoria Pública y Ciudadana contra el Desfalco a la Nación. Hablamos de la crisis actual, de la situación del PSUV y de las próximas elecciones para Diputados y Diputadas a la Asamblea Nacional.  Hoy entregamos la entrevista al Profesor Navarro y mañana publicaremos la realizada a la diputada Ana Elisa Osorio.
¿Cuál es tu apreciación de la coyuntura actual?
Héctor Navarro: Yo diría que estamos atravesando por una crisis muy importante, que está dada por la coincidencia de dos factores económicos más un factor político que mencionaré luego.
El primero de ellos es la crisis del capitalismo a nivel global. Sin duda que hay una crisis estructural del capital, la lógica del capital está dejando de ser funcional. La velocidad de la acumulación de capital por la vía de la especulación financiera, es mucho mayor que la tasa de producción de riqueza. También, la tecnología permite que grandes capitales circulen sin que esos capitales sean una representación de lo que se ha producido como riqueza. Por esto estamos en una situación de crisis global, mundial.
El planteamiento del crecimiento económico como tal, es un planteamiento absurdo, puesto que la economía no puede crecer indefinidamente, ni ese puede ser un objetivo. En esta trampa han caído hasta los gobiernos de izquierda y economistas de izquierdas, cuando algunos que establecen que hay que crecer económicamente, sin tomar en cuenta que no es lo mismo crecimiento a desarrollo... nosotros tenemos es que desarrollarnos y así poder llegar a satisfacer nuestras necesidades.
Los países desarrollados son aquellos que le pueden garantizar a su población el acceso a todos los bienes y servicios, incluso los espirituales. Son países productores de riqueza
Eso por un lado, a nivel global.
El segundo factor a tomar en consideración, en el marco de lo que dije anteriormente, es la propia crisis de nuestro modelo rentista, que es un modelo que está agotado. Y que es una forma de acumulación que no sólo tiene efectos económicos, sino que tiene efectos en la mentalidad de la gente, a nivel cultural.
La revolución cayó en la trampa del propio modelo de acumulación. Independientemente de que Hugo Chávez haya logrado desviar cantidades importantes de la renta petrolera para la cancelación de la deuda social, no pudo controlarla en su totalidad. La revolución captó la renta, pero no generó riqueza.
También, gracias a la conquista que significó que se elevaran los precios del petróleo, elevamos a la par nuestros gastos. Ello hizo que nos acostumbráramos a tener gastos más elevados, que en momentos difíciles de bajos precios del petróleo como ahora, nos es sumamente difícil reducir, y mucho más difícil, adaptarnos a esta nueva reducción.
Este rentismo, es un modelo que castra las iniciativas productivas de las personas. Parte de nuestro drama, es que se crearon industrias que actualmente están paralizadas. Anteriormente se conseguían productos hechos aquí en Venezuela y ahora no, definitivamente algo sucedió allí...
Son estos dos factores los que están haciendo explosión en este momento, a los que se les suma un tercero, el factor político. Algo que Jorge Giordani dice que es el problema de la hegemonía. Yo creo que hemos perdido la hegemonía.
La Dirección Nacional del PSUV actualmente, según algunas cosas de las que me  he enterado, tiene dieciocho semanas que no se reúne... cuando Chávez anteriormente exigía que la misma se reuniera semanalmente, llegando incluso hasta a verificar la asistencia de todos.
Es así como la crisis está constituida por esos tres elementos. La crisis de la hegemonía, la parte política, la organización del partido. El que no se haya desarrollado una dirección colectiva del proceso y el poder popular, que funcione democráticamente. Eso trae como consecuencia que no haya respaldo político desde las bases hacia la dirección, y eso está produciendo un desgaste muy importante.
Para desgracia nuestra, y de la revolución bolivariana, coinciden esos tres factores.
El desgaste del modelo rentista en Venezuela produce efectos psicológicos importantes, que son entre otras cosas, que la gente esté insatisfecha en la calle. Hugo Chávez nos legó algo muy importante, dejó un capital político en la gente. Chávez aún está vivo en la gente.
En un sentido, Chávez fue al mismo tiempo, la fortaleza y la debilidad de la revolución.
¿Crees que la DN-PSUV está consciente de esta situación que acabas de describir?
HN: Es parte de la crisis de hegemonía. A mi modo de ver, hay un problema que también es fundamental en torno a lo cual gravita todo lo que dije anteriormente.
La CEPAL en su último informe -tengo las cifras- informa que desde 2006 al 2014 en Venezuela hubo una transferencia de capital hacia el exterior de doscientos mil millones de dólares, cifras que coincide con las que nosotros manejamos desde la Plataforma por la Auditoría Pública y Ciudadana, así como también con las declaraciones de Edmée Betancourt y con los datos que maneja Jorge Giordani.
Hay un déficit en lo político. Las imposiciones de las candidaturas en la AN, el hecho de que personas como Ricardo Sánchez sea candidato a diputado, ha causado grandes malestares en la juventud y en las bases del proceso.
Recuerdo que Hugo Chávez, más o menos por el 2011, a poco de fundado el partido, nos decía que había desviaciones capitalistas en el seno del partido, que había, lo que él mismo definió como un proceso de corrupción política.
La Dirección Nacional y Nicolás Maduro, con acciones como las que hemos visto que se han tomado en las candidaturas del partido a la AN, van en contra de la democracia del partido...eso es un paso hacia atrás.
La corrupción no sólo tiene elementos económicos, tiene elementos políticos. Después de todo, la corrupción forma parte del modelo rentista, y también pertenece a la lógica del capital. No es que esté negando el hecho de que haya una guerra económica, porque creo que la hay y está siendo promovida por el imperialismo y desde adentro de las instituciones. La cuestión es que le están haciendo el favor a la guerra económica desde adentro. Un ejemplo de ello son los escándalos de CADIVI y el Gral. Barroso, a quien no investigaron, sino más bien lo pusieron al frente de otras instituciones. El nepotismo dentro del PSUV y dentro del gobierno también se suma a este problema.
¿Qué importancia le asignas a las próximas elecciones a la AN?
HN: En medio de esta situación que acabamos de describir, hay también un “pa alante y pa atrás” por parte del Presidente Nicolás Maduro. Yo creo que están asesorando mal al presidente, el sentido de todo lo que están haciendo es acabar con la revolución y lo están haciendo desde adentro. Es así como vamos hacia este próximo período electoral.
En ese sentido, hay que tomar la importancia que tiene la Asamblea Nacional, de ella dependen muchas cosas. Los resultados serán tan importantes para el gobierno como para la revolución, siendo esta vez el gobierno quien corre mayor peligro de perderse.
Chávez, quien era el que estaba para acompañar todas las campañas de los candidatos y candidatas a la Asamblea Nacional, y quien movilizaba a la gente, ya no está.
Que cayéramos en manos directas de la derecha -porque creo que ya estamos en manos de la derecha-, sería un grave retroceso. Prefiero este gobierno, antes de un gobierno de María Corina Machado, Leopoldo López, o Capriles Radonski.
Al mismo tiempo, pareciera que la revolución no quisiera ganar las elecciones, como producto de las desviaciones, las cuales no sólo afectan la revolución, sino que en estos momentos ponen en riesgo el gobierno, como ya dije anteriormente.
Ante este cambio de rumbo del gobierno y el partido ¿que deben hacer los revolucionarios?
HN: El debate no es sobre el socialismo en estos momentos, esa es una batalla que hemos perdido. Parte del drama que vivimos es que estamos perdiendo la discusión de eso, del socialismo. De ello hay una gran responsabilidad en la Dirección Nacional del PSUV, que no acepta la crítica.
A través de ningún medio oficial se puede hacer la crítica, y por otro lado están los medios de la derecha quienes se quieren aprovechar de la situación. Y quienes tienen críticas creo que no quieren ir a un medio de derecha para poder hacerla. En ese sentido Aporrea es uno de los lugares que aún queda habilitado para ello.
Con respecto a la pregunta, considero que en momentos como estos, es necesario acudir a la subjetividad. Es importante hacerlo para sancionar a los corruptos, para buscar a los responsables, y pasarle por arriba a la corrupción.
Es necesario hacer una trinchera que sirva para combatir a los corruptos y para enfrentarse a la derecha tradicional e imperial. Nosotros sí tenemos con que derrotarla. El pueblo chavista debe identificar a aquellos que puedan tener una visión revolucionaria genuina, crítica e independiente y así poder llegar a tener una voz en la Asamblea Nacional.

Los chinos de la Baralt



Una taguara es el adjetivo que mejor describe a este sitio. El servicio es fatal. La decoración horrible. Incluso poco aseado. Aún así

es uno de los mejores restaurantes de Caracas. Se trata del Restaurant La Nueva Casa de los Chinos, mejor conocidos como "Los Chinos de la Baralt". Allí no vas a encontrar lumpias ni muchos de los platos adaptados que sirven normalmente los restaurantes chinos de Caracas. Sin haber ido a Cantón diría que esta debe ser la comida típica Cantonesa. El precio está por debajo del promedio.
Si te libras de prejuicios la dirección es: Esquina de Bucare, Oeste 14 con Av. Baralt. Al lado de los Orishas. Mi recomendación: Cazuela de Berenjena, Flor de Ajoporro, paciencia con los mesoneros y no se vayan a asustar. Mejor es comer en el piso de arriba. He aquí la reseña de DeGusta y el mapa de Google.
Buen provecho.



Sustituir importaciones requiere transformar el aparato cambiario y financiero

Analistas sugieren tomar en cuenta experiencias del pasado para no cometer errores

Sustituir importaciones requiere transformar el aparato cambiario y financiero

16 agosto 2015 | Haga un comentario
Para el exministro de Industria y Comercio, Gustavo Márquez, la propuesta debe abordarse bajo un enfoque endógeno. El internacionalista Alfredo Ordóñez estima que la medida debe hacerse de forma gradual. El economista Humberto García insta propone promover la producción interna
El presidente de la República, Nicolás Maduro, ordenó recientemente la creación de una comisión de alto nivel que planifique y ejecute estrategias encaminadas a la sustitución de productos e insumos importados para favorecer aquellos que puedan obtenerse en el país,  con el fin de “consolidar nuestra economía” y romper con la “dependencia parasitaria” de adquirir afuera todo lo que necesitamos. El Correo del Orinoco consultó a tres analistas económicos, quienes enumeraron las posibles ventajas y desventajas de la propuesta.
Gustavo Márquez, quien se desempeñó como ministro de Industria y Comercio (1999) y ministro de Estado para la Integración y Comercio Exterior (2005-2007) durante la gestión del presidente Hugo Chávez, manifestó que la sustitución de importaciones “solo puede plantearse en este momento bajo un enfoque endógeno”, lo cual implica un cambio radical dentro del sistema.
Dice que “lo que estamos viendo hoy en día es una agonía larga de un modelo de sustitución de importaciones basado en el capitalismo rentístico dependiente que se ha prolongado a lo largo de los años y que la Revolución Bolivariana no ha podido transformar”. En tal sentido, comenta que “si se le da más oxígeno a un muerto que está agonizando, estaríamos avanzando en dirección contraria a lo que se quiere construir en el país, que es la independencia reflejada en el objetivo número uno del plan de la patria”.
Recordó que la sustitución de importaciones no representa ninguna novedad: “Se trata de un modelo que se inició en los años 60 y que todavía está vigente”. En su opinión, esta fue una “estrategia de división internacional del trabajo para la expansión del capitalismo”. Uno de los factores determinantes de la economía venezolana en los últimos 100 años, refiere, son precisamente los ingresos petroleros y particularmente la absorción de la renta petrolera que, en su criterio, “es el traslado hacia Venezuela del producto del trabajo de otros países”.
Esta política, acotó, fue impulsada fundamentalmente por el capital trasnacional con la intención de “trasladar a los países periféricos el desarrollo de algunos procesos industriales manufactureros, aprovechando la mano de obra barata y las ventajas que, de algún modo, desde el punto de vista económico, le permitían bajar los costos de producción”.

DISMINUCIÓN DE LA INVERSIÓN

A través de esa iniciativa, destaca, “se buscaba ampliar no solamente el mercado de consumo, sino también el mercado de insumos”, el cual considera muy importante pues abarca los bienes intermedios. En el caso particular de Venezuela, precisa que “la medida resultó muy atractiva, porque este es un país petrolero, con ingresos en divisas, es decir, potencialmente comprador de esos bienes y servicios”.
Además, señala que esta permitía que los petrodólares que tenían que desembolsar países como Estados Unidos para la compra de crudo, retornaran a sus manos. Ciertamente, comenta el analista, el Estado es quien maneja la renta petrolera, “pero en el modelo capitalista, es el sector privado el que acumula riquezas a partir de la explotación de los trabajadores y la acumulación de plusvalía del trabajo para ampliar su capacidad de producción y elevar su tasa de ganancia”.
A partir de 1979 ese modelo entró en crisis. Uno de los indicadores de ese declive, describe, es la reducción de la inversión privada: “Fue como una especie de montaña rusa; desde los años 40 comenzó a subir bajo el amparo del desarrollo petrolero y actividades conexas, pero en los 50 comenzó a caer y en los 60 se vuelve a iniciar un proceso de recuperación, hasta el final de la década de los 70, donde comienza declinar nuevamente hasta el sol de hoy”.

CAPITALISMO RENTÍSTICO

Al citar al economista Asdrúbal Batista, de quien alega que ha sido un estudioso del tema, y con sus análisis ha permitido tener elementos cuantitativos y cualitativos para evaluar el desarrollo de la economía venezolana, Márquez comenta que en el país tenemos un sistema de capitalismo rentístico, que es muy diferente al capitalismo normal, “porque la renta petrolera se convierte en un factor que distorsiona el proceso productivo normal del capitalismo”.
Uno de los efectos distorsionantes de la renta, aclara, es que el sector petrolero se hace mucho más competitivo que el resto de los sectores, porque con una inversión menor logra ganancias muy elevadas. “Esa diferencia de productividad va haciendo que el resto de los sectores de la economía se vayan rezagando y vayan determinando de algún modo, dentro la lógica capitalista, que sea más viable importar que producir en el país, porque la sobrevaluación del signo monetario establece que es más barato comprar bienes en el exterior que producirlos aquí”.
Afirma que esto había sido advertido hace algunos años por Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri, quien proyectándose hacia el futuro planteó que esto iba a generar una sociedad enferma, porque alrededor de ese modelo “se ha generado una cultura rentística en la que hay quienes tienen un ingreso sin llegar a producir”.

¿SEMBRAR EL PETRÓLEO?

La renta petrolera que aquí se sembraba, critica, “se sembraba en créditos blandos y en transferencias directas al sector privado y a un empresariado parasitario como la Corporación Venezolana de Fomento, a la que se le otorgaron 15 mil millones de dólares en créditos que nunca retornaron”. Muchas de esas empresas fracasaron, y los empresarios terminaron transmutándose en comerciantes que justamente participaban en el negocio de las importaciones, fustigó.
La nacionalización petrolera, según Gustavo Márquez, terminó siendo un gran fraude, tal y como lo mencionó Alí Primera en una de sus canciones, entre otras cosas, porque a partir de esa decisión se desarrolló una paradoja: “En la medida que la venta del petróleo comenzó a aumentar, los ingresos fiscales petroleros empezaron a disminuir”.
En su criterio, esto obedecía a que “la renta petrolera terminó llenando los bolsillos de una burguesía parasitaria que no estaba invirtiendo en el país, sino que usaba esos dólares para acumularlos y hacer fortuna afuera”. No en vano, advierte que las cifras que se están manejando dan cuenta de que “los capitales venezolanos en el exterior en todos estos años pueden estar llegando a los 400 mil millones de dólares, colocando al país en tercer lugar en relación al PIB y en cuarto lugar en términos absolutos”.

EL MISMO MODELO

El modelo actual, contrasta, es el mismo modelo rentístico del pasado. De hecho, afirma que “hoy en día 97% de los ingresos petroleros se utiliza para las importaciones”. Según el ex ministro de Comercio, la estructura de las empresas productivas del país “fue parida por ese modelo de sustitución de importaciones”, por eso, sus procesos de funcionamiento están armados a partir de la importación de insumos, de tecnologías y también de bienes de capital.
Un claro ejemplo de esto, resalta, es la situación de Polar, que en días pasados anunció que no iba a poder seguir produciendo cerveza porque el gobierno no le había dado las divisas necesarias. “Las latas de cerveza se hacen con un aluminio que se importa. ¿Por qué la Polar no ha desarrollado un plan de inversión para comprarle aluminio a la CVG y producir el material para sus latas y así tener una autonomía respecto al mercado internacional?”, cuestionó. Dice que si se hace de esa manera, “la empresa deja de recibir dólares y tiene que moverse con la moneda nacional, lo cual rompería con el proceso exógeno de acumulación”.
En su criterio, lo mismo estaría sucediendo en la estatal petrolera. “Pdvsa ha avanzado muchísimo bajo la administración del Gobierno Bolivariano, pero no podemos decir que ha dejado de ser lo que históricamente ha sido, siguiendo la tradición de las grandes empresas transnacionales que manejaban el petróleo en Venezuela”, advirtió.
Al analizar este aspecto, Márquez se pregunta por qué no se ha elevado hasta ahora la capacidad de refinación en el país, puesto que la misma se ha mantenido igual en los últimos 30 años. Del mismo modo, sostiene que es necesario saber qué pasó con el Plan Semilla lanzado por el presidente Chávez en el año 2005 en función de la soberanía alimentaria, “porque en este momento nosotros estamos importando el 100% de las semillas de hortalizas y de algunas frutas”.
Asimismo, cuestiona que algunos implementos utilizados en la vestimenta de las y los integrantes de la Fuerza Armada sean importados. Para Márquez, la respuesta es sencilla: “A pesar de la voluntad política del comandante Chávez, de ir a una transformación del modelo productivo y superar el capitalismo rentístico, la burocracia y el Estado mismo -cuya esencia es rentística, porque es un importador neto- han arropado todo”.

REFORMAS ESTIMULANTES

Frente a este escenario, señala que para que la sustitución de importaciones pueda funcionar, lo primero que habría que hacer es transformar el sistema financiero. “Nosotros no podemos seguir con una banca rentística que capta los recursos y el ahorro, pero no los convierte en inversión sino en extracción de capital hacia afuera”. Sostiene que la banca rentística “vive de los depósitos del Estado y desvía los recursos” que se destinan a las carteras agrícola y turística, entre otras, con el fin de estimular la producción interna, para manejarlos a su antojo.
Por otra parte, detalla que para poder adelantar una política de relanzamiento del modelo productivo, e ir a un modelo endógeno de desarrollo industrial que va a sustituir importaciones, habría que modificar el sistema cambiario. “Para plantearse una política de desarrollo que permita transformar el modelo rentístico, necesariamente tiene que haber una estabilidad económica que lo permita, porque con este problema cambiario no se puede hacer nada”.
También hay que pensar en una nueva política económica que incluya una reforma tributaria en la que paguen más los que tienen más: “Aquí hay una grandísima evasión fiscal muy alta. El pago de impuestos del sector empresarial parásito es muy bajo. Es absurdo, pero acá, los empresarios pueden ajustar su balance, y eso les permite protegerse de la inflación en el pago de impuestos, pero el pueblo no se puede proteger de la inflación. Ellos le trasladan al pueblo todo, pero a la hora de pagar los impuestos, ajustan”.
Manifiesta que es prudente abrir espacios para que haya alianzas y redes productivas de pequeñas empresas. La idea, avizora, es ser autosuficientes en todo, y en aquellas áreas donde no podamos serlo, hay que establecer alianzas estratégicas para crear redes intraindustriales, es decir, entrar en cadenas productivas internacionales de cooperación como el Alba y Mercosur, y con otros países como China, “pero no para que nos vengan a vender los televisores, ni para que los ensamblemos aquí, sino para meternos en la cadena, para aprenderla, para conocerla, para trabajarla y participar en la agregación del valor de ese producto. Esa es una política de sustitución de importaciones pero con un enfoque endógeno”.

OBLIGAR A PRODUCIR

De acuerdo con el coordinador del postgrado en Economía Internacional de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Alfredo Ordóñez, una economía monoproductora como la venezolana indudablemente presenta debilidades en un sistema económico global. “Cuando el precio del petróleo es alto o superior a lo previsto, siempre se utiliza el excedente para el financiamiento de la inversión social o compras internacionales de otros productos para satisfacer las necesidades de la población. Sin embargo, cuando el precio es muy bajo, la nación queda desprotegida para satisfacer el mercado”, explica.
Amparados en ese modelo, destaca, “el sector empresarial se acostumbró a contar con el apoyo del Estado para garantizar su rentabilidad”, situación que, esgrime, es muy normal cuando el ingreso petrolero puede soportar estas estructuras. “Ahora, cuando el Estado no puede sostener el aparato productivo, lamentablemente este último tiende a trasladarse a la comercialización internacional, lo que genera una desmejora significativa en la productividad del país”, evaluó.
En tal sentido, afirma que la aplicación de una sustitución de importaciones “obligaría a que los sectores productivos vuelvan a producir, generando así un beneficio real a la economía, ya que la producción originará competencia y competitividad entre los grupos empresariales, logrando de esta manera satisfacer parte de las necesidades del mercado local y, en muchas ocasiones, la generación de divisas por concepto no petrolero”.

APLICACIÓN PROGRESIVA

Asegura el especialista que  “sustituir las importaciones siempre es factible cuando se consideran todos los factores que forman parte del sistema productivo de una economía”. Sin embargo, refiere que “aplicar esta medida de la noche a la mañana en una economía global es imprudente e inefectivo”, sobre todo en Venezuela, donde la producción nacional depende primordialmente del ingreso petrolero.
“Realizar una estrategia radical de sustitución de importaciones traería consigo una caída insostenible de la economía y por ende generaría una crisis social profunda. De tal manera que esta medida debe realizarse de forma gradual para poder generar beneficios reales y no solo nominales”, asintió. Para el internacionalista, lo primero que se debe hacer es evaluar la situación real del parque industrial nacional, tomando en cuenta tanto las empresas estatales como las privadas. En segundo lugar, añade, hay que “desarrollar un plan de suministro seguro de materia prima para iniciar el proceso productivo”.
También cree que habría que incorporar a las universidades al proceso de innovación y desarrollo, tomando en cuenta que este es el sector que por naturaleza genera conocimiento y es la fuente de la investigación. “Las Universidades serán las que le proporcionen las ideas y el camino a seguir a los empresarios para que logren una mejor competitividad en el mercado nacional e internacional”, apuntó.  Tal y como lo realizan los países con mayores márgenes de desarrollo industrial, adujo que “la innovación tecnológica viene de los centros de formación universitaria”.

TECNOLOGÍA Y ECONOMÍA

Asimismo, asegura que habría que conformar un plan estratégico de transferencia tecnológica que permita desarrollar proyectos industriales de alto impacto en la sociedad, en los sectores: farmacéutico, telecomunicaciones, militar y de alimentos que, a su parecer, es el más importante. “En este plan deberá existir una triangulación Estado, empresas y universidades para así garantizar que la tecnología adquirida no desaparezca con las personas, sino que quede arraigada en los centros de formación”, expresó.
Ordóñez también propone ajustar el tipo de cambio e iniciar un proceso de devaluaciones progresivas hasta que el dólar y el bolívar logren un equilibrio para que esta medida llegue a tener éxito. “Eso permitirá, a corto plazo, que el Estado pueda evitar una fuga de capitales de forma desproporcionada y se genere la confianza empresarial para el fortalecimiento del parque industrial”, analizó.
La aplicación de esta medida, tomando en cuenta las consideraciones planteadas, en su criterio, generaría competitividad en el mercado nacional e internacional, generación de empleos, ingresos a la nación de divisas y baja inflación. Además estima que esto también permitiría la eliminación de oligopolios o monopolios empresariales. Dice que “el Estado debe garantizar el respeto y cumplimiento de las normas que se definan para el desarrollo de un sistema de producción real y efectivo”.
La propuesta, en criterio del analista, debe apuntar a la construcción de un parque industrial. “En vista de que tenemos una economía débil que solo depende del ingreso petrolero, y dado que su precio en el mercado internacional es vulnerable, nuestra estructura económica es inestable. Por ello, la unión del Estado, empresario y universidades representa la única salida, a corto plazo, para garantizar la estabilidad socioeconómica del país”, concluyó.

FUNCIONÓ EN EL PASADO

Para el economista y profesor universitario Humberto García Larralde la sustitución de importaciones propuesta por el Gobierno “es equivocada como decisión de política, y además requiere de una serie de medidas imprescindibles que no se están cumpliendo en este momento”. Recordó que esta “fue una estrategia que funcionó bien en el pasado”, pero cree que en este momento “esa no es la solución que se debe buscar”. La medida comenzó a aplicarse durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dejaron de llegar al país, producto de esa situación, una cantidad de bienes manufacturados.
Se empezó con algo muy sencillo, relata: “En vez de importar los jugos, se comenzaron a hacer bebidas con frutas locales. También se aplicó en el ramo de los alimentos y con los textiles”.  Durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, añade, la estrategia se utilizó en el sector de la construcción y se dio un gran impulso a las industrias para que fabricaran materiales. “Pero se asume formalmente como política de Estado, con un paquete de incentivos bien estructurados y sistemáticos, en 1959, con la presidencia de Rómulo Betancourt”, asintió.
En aquella oportunidad, esgrime, “la sustitución de importaciones operó con muchos incentivos fiscales, estableciendo la eliminación de impuestos, amplias posibilidades de financiamiento, protección arancelaria muy alta que impedía la competencia externa, una política de compras que establecía la compra de bienes nacionales por parte del Estado, y la existencia de un tipo de cambio sobreevaluado que aumentaba el poder de compra interno de la población y facilitaba la adquisición de insumos y maquinarias a precios asequibles”.

DEPENDENCIA RENTÍSTICA

Dice que mientras hubo renta petrolera para financiar estos incentivos, la medida rindió buenos frutos. Además, acota que el petróleo “ampliaba el mercado interno”, rentabilizando con ello la inversión, hecho que a su parecer fue muy positivo, “porque la industria creció mucho más rápido que el resto del país y había un efecto dinámico dentro del proceso de industrialización”.
Pero en los años 80, cuando la renta petrolera deja de crecer  y el país se muestra incapaz de absorber productivamente la renta que comenzó a entrar con la subida de los precios del petróleo, “todo ese modelo colapsa, cae la inversión y se estanca la actividad productiva”. Frente a esa situación, añade, “los gobiernos intentaron responder con controles de precio y de todo tipo, pero eso lo que hizo fue terminar de hundir al proceso de industrialización por sustitución de importaciones”.
Todas las gestiones gubernamentales tuvieron modalidades variables de esa misma política, describe. “Durante el segundo período de Carlos Andrés Pérez, se insistió en la necesidad de buscar un cambio y se comienza a aplicar una política de orientación hacia afuera. Luego, Rafael Caldera, a su manera, trató de echar todo eso para atrás y después volvió a asumir la misma estrategia, hasta que llegamos a la presidencia de Hugo Chávez”, resumió.

NO HAY INCENTIVOS

Hoy en día, de acuerdo con García Larralde, quien además es miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y coordinador del equipo de desarrollo económico del Cendes, “para proponer un proceso de reactivación de la economía con base en la sustitución de importaciones se debe tener en cuenta lo que sucedió en el pasado”.
Aduce que “en la actualidad, el ingreso petrolero ha caído significativamente y la perspectiva que se tiene es que no va a aumentar en los próximos años, por ello no puede cumplir ese papel dinamizador que ocupó antes en términos de ampliar el mercado interno y financiar todos esos incentivos”. Además considera que la política del gobierno actual, “lejos de promover incentivos, ha desincentivado la producción nacional”.
Otros elementos que, en su criterio, desestimulan la inversión productiva, “son los controles de precios, la falta de garantías jurídicas de todo tipo, normativas como la Ley Orgánica del Trabajo que impiden la flexibilidad laboral que permitiría una mayor respuesta de las empresas frente a las oportunidades o desafíos para competir, y la falta de acceso a las divisas por parte de las empresas”.

ELIMINAR CONTROLES

El economista argumenta que durante los últimos 15 años ha aumentado mucho la dependencia de la renta petrolera, “por el acoso al sector privado interno y la sobrevaluación del bolívar”, lo cual dificulta la producción interna y la posibilidad de competir con las importaciones. De hecho, asegura que el gobierno se ha convertido en el principal importador. “Hoy en día, más del 60% de las importaciones las realiza el Estado y muchas veces las hace, incluso, sin pagar impuestos”, criticó.
En su criterio, “en vez de privilegiar la importación barata de bienes con un dólar subsidiado, el Gobierno debería promover la producción interna a través de una cantidad de incentivos que permitirían reactivar el aparato productivo”. Para ello sería necesario, según el especialista, “levantar los controles de precio y las regulaciones que impiden la actividad productiva, dar garantías jurídicas y crear un escenario macroeconómico que estabilice los precios”.
Asimismo, insiste en que es necesario desmantelar el sistema de control de cambio que, a su parecer, es el que ha provocado todas las distorsiones. “Nosotros no vamos a tener estabilidad cambiaria, de precios, ni vamos a resolver el problema de la inflación y a aumentar el poder adquisitivo de la población con este desajuste cambiario y este desequilibrio fiscal monetario que estamos viviendo ahorita”, apuntó.
El tipo de cambio que tenemos en este momento, indica, “es inviable”, puesto que a 6,30 bolívares por dólar solo importa el gobierno, además la cantidad de dinero que se destina para tal fin no da abasto para suplir las necesidades internas. Eso explica, en su criterio, “la creciente inflación y el desabastecimiento, no solo de bienes de consumo, sino también de insumos para la producción que requieren de una respuesta inmediata y permanente”. A eso suma la deuda comercial con los proveedores internacionales que, según los datos que maneja, está por encima de los 10 mil millones de dólares, “lo que ha hecho que muchos de estos proveedores estén renuentes a seguir trayendo productos para acá”.

PROMOVER LA EXPORTACIÓN

A diferencia de años anteriores, García señala que “la economía ha crecido y el país es otro, con una población mucho mayor, por tanto, no podemos depender de una sola fuente de ingresos para financiar la compra de maquinarias, de equipos e insumos para sostener un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, más aún cuando nuestra dependencia a las importaciones ha crecido tanto”.
En ese sentido, estima que, “en vez de aplicar la sustitución de importaciones, lo que se tiene que hacer es promover una estrategia de exportación” con las condiciones que permitan reactivar la inversión y la actividad productiva. “Eso empezaría a diversificar las fuentes de ingresos petroleros y las fuentes de ingresos externos, y además posibilitaría que las empresas financien sus propias compras de insumos y equipos, además generaría un efecto dinámico que no tiene limitación en el mercado interno”, analizó.
De acuerdo con el analista, la sustitución de importaciones que se ha aplicado tradicionalmente tenía la limitación del mercado interno. “Si este no crecía, hasta ahí llegábamos, se agotaban las posibilidades de venta de producción, en cambio con las exportaciones, para un país pequeño, el mercado internacional es gigantesco”, contrastó. Esa orientación, esgrime, es la que han seguido todos los países exitosos. “Hay una serie de medidas que han aplicado gobiernos de distintos países en distintas épocas, que tienen que ver con apoyar a los pequeños y medianos productores para que puedan producir y exportar”.
LEA TAMBIÉN:
T/ Héctor Escalante
F/ Jonathan Manzano y María Isabel Batista
Tomado de: http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/sustituir-importaciones-requiere-transformar-aparato-cambiario-y-financiero/

domingo, agosto 16, 2015

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Tomado de: Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales



Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

Andrés Antillano: La recesión económica y el aumento de la represión son una chispa eficaz para los estallidos sociales

  • Por:
  • HÉCTOR BUJANDA
El Investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV cree que la expansión de la criminalidad es producto de una transformación de la violencia debido a la acción policial y los asesinatos extra judiciales
La posición que deja ver en esta entrevista el Jefe del Departamento de Criminología de la Escuela de Derecho de la UCV, Andrés Antillano, con relación a la explosiva violencia y criminalidad que vive el país, no dejará tranquilo a nadie.
Señala que Venezuela está a las puertas de una guerra de consecuencias impredecibles. Se ha roto el equilibrio histórico entre policías y delincuentes y ahora ya nadie sabe, a ciencia cierta, quién controlará el monopolio de la violencia en los años por venir.
El gobierno bolivariano, en tanto, ha dado un giro casi rocambolesco a la inocua política de seguridad que enarboló durante más de una década –basada en un funcionalismo de izquierda- y ahora practica lo que Antillano llama un “populismo punitivo”, basado en la mano dura y la persecución de los pobres.
Por si fuera poco, el psicólogo social recalca que en períodos de recesión económica, el aumento de la represión policial, como estas prácticas de la OLP, puede ser el equivalente a acercar fuego a la gasolina. Recuerda que cuando eso sucede, es porque el Estado ya no tiene otra política para los sectores sociales que la represión.
La criminalización de los pobres, a través de la figura del bachaquero y del paramilitarismo, se conecta con una tensión más profunda, la que genera una política social que nunca se universalizó y por el contrario produjo diferencias en el barrio, la base social que alguna vez hizo legítimo al chavismo como fuerza política.
De la violencia expresiva a la violencia instrumental
–¿La sociedad venezolana está sumida en la violencia?
–Sí, por supuesto, pero habría que distinguir esa violencia. En primer lugar, es un fenómeno que viene desde los años ochenta. A partir de 1989 se duplica, por primera vez, la tasa de homicidios y desde entonces ha tenido una escalada persistente. Un fenómeno que ocurre en toda América Latina durante ese período. Muy pocos países han logrado revertir la tendencia, quizás la excepción sean Colombia y Brasil. Por esta razón Venezuela pasa a ser la nación con el mayor número de homicidios en Suramérica.
¿Qué es lo que ha aumentado en Venezuela? Por un lado, los delitos callejeros, la pequeña criminalidad, el hurto, las amenazas, la venta de droga, que no son los delitos de mayor gravedad pero que terminan generando un impacto muy grande en la opinión pública: que venga un motorizado y te arrebate el celular.
Por otro lado, han aumentado los delitos violentos: robo a mano armada, secuestros y, por supuesto, homicidios, que han aumentado de manera desmedida. Además, hay otro cambio importante: estos crímenes tienden a democratizarse, se vuelven cada vez más delitos intraclases, las víctimas principales –muy claro en el caso de los homicidios– son gente pobre.
–Pobres, víctimas de pobres.
–Pobres, víctimas de otros pobres. La violencia en Venezuela es, en primer lugar, consecuencia de una exclusión social. No es casual que se disparen las tasas de homicidio y los delitos violentos, justamente en el momento del auge del neoliberalismo. La violencia tiene mucho que ver con la exclusión en sectores específicos de la población. Y en esa medida, ha sido una violencia fundamentalmente especializada.
Aquí la idea de la banda organizada, del crimen organizado, no parecía tener valor analítico: la situación que se ve en Colombia con el paramilitarismo, en Brasil con el Primer Comando de la Capital de Sao Paulo o con el Comando Vermelho en Río de Janeiro, o con las Maras en los países de Centroamérica. No es el tipo de violencia que tenemos aquí, la nuestra es más de orden expresiva, entre muchachos excluidos, grupos irregulares con edades más o menos definidas que se matan entre ellos. Aquí la violencia es una fuente de estatus simbólico.
–Pero estamos en un momento donde el delito duro, el homicidio, el secuestro, los descuartizamientos se han impuesto como modalidades de la violencia cotidiana
–Lo que creo que ha venido pasando –y esto ha repuntado en estos últimos meses– es que esa violencia desorganizada da paso a niveles cada vez más sofisticados y organizados de violencia: pasa de ser una violencia expresiva a ser una violencia instrumental.
–¿A qué alude cuando habla de violencia expresiva?
–Una violencia cuyo sentido se agota en su fin. No es una violencia que pueda explicarse como medio para conseguir un propósito. Una violencia que, en sí misma, es una fuente de reconocimiento, de sentido, tanto para el que se ve afectado, como para el que la ejerce. Creo que esa violencia se está convirtiendo en una violencia de orden instrumental, es un medio para conseguir un fin: robar, secuestrar, cobrar un rescate, eliminar adversarios, controlar determinados territorios, extraer renta de esos territorios.
–¿Esa transformación de la violencia desde cuándo está ocurriendo?
–Es una tendencia que ha venido creciendo en los dos últimos años. Me parece que tiene mucho que ver con el descalabro de los cuerpos policiales y con la situación de recesión económica que vive el país. Sobre todo se acentúa, a mí modo de ver, en el último año. Y es un efecto paradójico, porque a eso ha contribuido la misma política de seguridad del Estado. Yo estoy haciendo un trabajo de campo en zonas muy violentas.
Policías y colectivos: ruptura de un equilibrio
–¿Y qué ha encontrado?
–Investigo en una zona que está, ahora, bajo esa idea de que es una “zona de paz” y que está copada de paramilitares. Hemos visto allí dos cosas: primero, que los actores de la violencia no son paramilitares, son muchachos excluidos que no tienen empleo, que están por fuera del sistema educativo y que se juntan con muchachos semejantes del barrio vecino, en escaramuzas y violencias fortuitas que son fuentes para recibir una suerte de reconocimiento.
Este reconocimiento tiene que ver con la retórica de “mostrar la cara”. El que no se ve, porque es excluido de las formas de reconocimiento social, se convierte en alguien reconocido, al menos para sus pares, en una situación de violencia. Estos muchachos son actores armados y delincuentes que operan en un sector en particular. Durante el último año, y esta es la segunda cosa que consigo en esas zonas, ha venido creciendo la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.
–¿A qué cuerpos policiales se refiere?
–Cicpc, Policía Nacional.
–¿Policía Nacional? ¿No es una institución demasiado joven como para andar en ésas?
–Sí, así es. También existen grupos parapoliciales que proliferan y es algo poco atendido porque, además, se desdibujan bajo un discurso político y empiezan actuar de manera autónoma.
–¿Eso es lo que llaman colectivos?
–Sí, colectivos. Pero yo conozco muchos colectivos, estos son de funcionarios y exfuncionarios policiales.
–¿Estamos hablando de colectivos como el 5 de Marzo?
–En la zona donde trabajo, son funcionarios policiales que actúan autodenominándose “colectivos”. Entonces, durante este periodo de tiempo, han asesinado a veinte muchachos en la zona, malandros –como dicen ahí– y gente “sana” que no tenía ninguna implicación en episodios de delitos. Lo que termina ocurriendo en estas acciones policiales, paradójicamente, es que se rearticulan las bandas hasta entonces enfrentadas.
La escalada de violencia policial, como te digo, termina generando una reorganización de la delincuencia y de la violencia armada. Se defienden de estas incursiones de la policía, con las mismas armas que la policía les vende. Eso hay que recalcarlo, las armas son vendidas por funcionarios de los cuerpos policiales.
–¿Pero qué anima a cuerpos policiales como el Cicpc y la PNB, a estos colectivos parapoliciales, a meterse en los barrios para matar gente? ¿Retaliaciones, cuentas pendientes?
–Vivimos una transformación del equilibrio entre policía y delincuencia en la que la policía tenía una suerte de división del trabajo en la que se establecían unos tipos de pactos informales con la criminalidad. Pactos informales e ilegales, fundamentalmente basados en el cobro de lo que ellos llaman “las multas”. Eso tiene una función extorsiva, que regulaba las relaciones entre policías y delincuentes.
Y este sistema tenía diversos escalones. De pronto, las policías “más pequeñas” o de menor impacto, la policía preventiva o simplemente los funcionarios de ciertos cuerpos, para distinguir a las personas de las organizaciones, se encargan de la venta de droga, de la venta de alcohol ilegal, de las apuestas. Mientras que funcionarios del Cicpc tienen que ver, fundamentalmente, con actividades de criminalidad mucho mas complejas.
Este equilibrio, que era una suerte de pacto silencioso, mafioso, termina quebrándose durante los últimos dos años y termina por producir un enfrentamiento abierto entre delincuentes y fuerzas policiales. Esto ha generado una rearticulación, como te decía, de la respuesta de los delincuentes. Respuesta que llaman “la palabra”. Los delincuentes hablan de una “palabra” entre las distintas bandas que deponen la violencia entre sí para articularse y dar respuesta a la violencia policial.
–Hay una reorganización de la relación policía-delincuente. ¿Qué impulsa esta batalla, usted habló de recesión económica y de descalabro de los cuerpos policiales?
–Yo creo que hay muchos factores, pero de algún modo lo que ha determinado y contribuido en el ultimo año a esta situación es la política de mayor respuesta de violencia por parte del Estado hacia los sectores populares. Yo puedo entender, claramente, las motivaciones, lo que esta detrás de políticas como la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. Entiendo que hay un clamor de la gente. En efecto, se ve desamparada, se ve rehén de la violencia.
OLP, criminalización y extravío
–¿Se dejó correr mucho la situación, por eso estamos clamando por una OLP?
–Hay una gran paradoja. La violencia tiene mucho que ver con el tema de la desigualdad. En los años noventa, aumenta la desigualdad y aumenta la violencia. En Venezuela, sin embargo, en los últimos diez años disminuye la desigualdad, disminuyen los índices de pobreza, pero la violencia se dispara. Yo tengo algunas hipótesis sobre eso. Pero en el cuadro actual, hay una demanda real de la gente. Por eso la recepción de la OLP termina siendo ambigua en los sectores populares. La gente siente una gran sensación de vulnerabilidad y desamparo. Pero no podemos olvidar que todo esto es producto de una pérdida: la de la presencia legítima del Estado.
Los sectores populares no encuentran a qué instancia acudir, no hay mecanismos de regulación sobre muchos territorios. Parece una contradicción lo que digo. Los cuerpos policiales son parte del Estado: tienen, por un lado, una incrementada presencia en los sectores populares, pero esto no cuenta, no garantiza la regulación, las resolución de conflictos. Porque son intervenciones irregulares, oscilantes, compulsivas. Llegan, hacen redadas, se llevan preso a todo el mundo, matan a alguien, se van, no vuelven. Es una presencia espasmódica.
Uno ve que es real la preocupación del gobierno, porque esta ausencia institucional, este espacio vacío, lo terminan ocupando los grupos armados periféricos. Pueden ser grupos de policías, colectivos, malandros, que controlan la situación en el barrio. Al mismo tiempo, lo que también ha ocurrido es que la violencia, el delito, que había venido siendo un delito intraclases, ahora se vuelve más pernicioso y termina victimizando de forma más cruda a los vecinos. Entonces, es un imperativo del Estado recuperar el control institucional sobre esas áreas, porque si no se verá seriamente cuestionado.
Uno podría, entonces, entender los intentos, los ensayos, que ha habido para dar respuesta a la inseguridad, al delito y a la violencia. Lo que creo es que estas estrategias, sobre todo con la OLP, han sido erradas. Es errada en el diagnóstico y es errada en la valoración del problema.
–¿Equivocan el diagnóstico?
–Se yerra en el diagnóstico porque la explicación que se da es que esto está ocurriendo porque han aparecido grupos que tienen el control territorial por la ausencia del Estado. La explicación más habitual aparece en los medios, y es que el Estado se ha replegado en ciertas áreas y esto ha contribuido a que aparezcan grupos criminales. Insisto, no es así, al menos en los lugares donde estamos investigando, que es una llamada “zona de paz”.
–En la zona de paz se le ha dejado a la banda controlar el territorio.
–No es verdad que allí no haya presencia policial. Hay esta presencia policial absolutamente violenta, ilegitima, espasmódica, además que son los mismos cuerpos policiales los que alimentan muchas veces a estos grupos criminales, en armas, en municiones. Es decir, no es un problema de ausencia del Estado, sino de falta de una trama institucional legítima que le brinde protección efectiva a la gente.
–Se yerra también en la valoración del problema, dice
–En esta idea del paramilitarismo, de que son grupos paramilitares los que están infiltrándose en los sectores populares y responden a agendas políticas y extranjeras. Habría que, primero, afinar los criterios. El paramilitarismo, en el sentido estricto, aludiría a grupos armados que se autonomizan y que cuentan con cierto grado de tolerancia y apoyo del mismo Estado. Se dio en Colombia, en Perú, en el norte de Irlanda.
Grupos autonomizados, con miembros de las fuerzas armadas, cuerpos policiales, asociaciones civiles que cuentan con, al menos, tolerancia de parte del Estado. Que actúan contra objetivos esencialmente políticos, para aniquilar a adversarios. Esta es la definición estricta de paramilitarismo. Allí podríamos, más bien, pensar que estos grupos parapoliciales que empiezan a proliferar, se parecerían más a este concepto de paramilitarismo.
–Esta especie de configuración del colectivo armado
–Colectivo es una categoría muy amplia que termina confundiendo. Yo conozco a muchos de estos actores y no tienen ningún tipo de motivación política y encuentran en este término “colectivo” una buena coartada para actuar.
–¿Entonces esto no tiene que ver con paramilitares?
–No. Además se alude al paramilitarismo colombiano. Es una tesis muy xenófoba. Colombia termina siendo responsable de todos nuestros males y la tesis tampoco se verifica empíricamente. Aquí lo que termina ocurriendo es que hay grupos delincuenciales que se vienen rearticulando para dar respuesta a la violencia policial.
El uso de esta categoría del paramilitarismo termina siendo muy complicada, porque se trata de declarar como objetivo militar a sectores del pueblo. El uso de la categoría, con esto de la OLP, incentiva otros usos: bachaqueros, buhoneros, gente que tomó un apartamento.
–Gente, como usted dice, que ha cometido delitos pequeños.
–Ni siquiera delitos. Mira el caso de la Panamericana, donde se desaloja a una comunidad posiblemente por razones urbanísticas. Se hace bajo la perfecta coartada del paramilitarismo y eso termina generando mucho consenso entre la población identificada con el chavismo.
–Si el problema era urbanístico, ¿no ha debido dar la cara una institución, una instancia política o mediadora.
–Esa es la tendencia: usar una etiqueta muy eficaz, como la de los paramilitares, que permite resolver con manos militares problemas de otro orden: sociales, policiales, criminales, urbanísticos. Entonces se trata de declarar a facciones del pueblo como paramilitares, sean delincuentes o no.
Empieza a prevalecer una retórica, entre sectores del gobierno y del chavismo, en la que estratos del pueblo son vistos como enemigos. Esto lo que indica es una pérdida de conexión con sectores importantes de lo popular. Y se puede encontrar su equivalente en categorías como el “bachaquero”. Es decir, se desplaza el relato de la Guerra Económica –que es responsabilidad de la oligarquía, de los grandes capitales– a la señora que vive en un barrio, que compra cinco paquetes de Harina Pan para revenderla o, sencillamente, para tenerla.
El responsable de la Guerra Económica ya no es el capital y mucho menos las redes de corrupción, la policía, el ejército que instrumentaliza el contrabando de extracción, sino algunos sectores del pueblo. Esto, sin duda, habla de un grado de descomposición, habla de un grado de anomia, es muy curioso el desplazamiento y la búsqueda de un nuevo enemigo: facciones de los pobres, bien sea como bachaqueros o como paramilitares.
El nuevo enemigo: el pobre
–Desde el 2013, que comenzó la narrativa de la Guerra Económica, no se consigue al “enemigo real”. ¿Terminó consiguiéndose en el pueblo?
–Sí, yo creo que sí. Es más evidente el contrabando de víveres a mercados informales, el contrabando de extracción, pero eso no es responsabilidad de los bachaqueros. Es mucho más fácil obtener el consenso con figuras que tú puedes ver: la señora que se lleva las pacas de Harina Pan, o el buhonero que te vende el litro de aceite más caro.
Además, hay un marco de negociación con sectores de la burguesía, por eso tampoco conviene dar la guerra a ese nivel. Termina el bachaquero siendo una figura útil, como el paramilitar, porque con eso se culpa al “malandrito” de la esquina. Sin ver, desde luego, los problemas estructurales, las desviaciones policiales en el tráfico de armas, las redes clientelares que pueden estar detrás de la violencia.
–Si los hechos importan, la OLP nació ejecutando “una razzia” en la Cota 905: mueren quince personas, buenas o malas, pero nadie sabe en qué condiciones recibieron la muerte. Después ha comenzado una versión más rutinaria de la OLP, si se quiere, más enfocada en efectos propagandísticos.
–Pero en aquella ocasión ni siquiera se consiguieron a los presuntos malandros que estaban buscando. El resultado fue realmente ridículo. Es decir, la OLP no es un modelo para los propósitos del Estado, incluso si le concediéramos, citando a Maquiavelo, la máxima de que “el fin justifica los medios”. Los resultados desdicen la eficiencia de esto.
–¿Cuál es entonces el modelo para proteger al pueblo?
–Está, por ejemplo, la Unidad de Policía Pacificadora de Brasil, donde hay un copamiento policial de los morros de Río de Janeiro, de las favelas, un control del territorio que no se podía controlar y después dejan allí una unidad policial comunitaria, que con intervención de políticas urbanas, educativas, comunitarias y sociales, restablecen el control estatal –porque el Estado no es sólo la policía–sobre territorios que habían sido relegados.
–¿De las OLP, entonces, saldremos con una criminalidad más organizada?
–En estas políticas siempre termina reorganizándose el delito hacia formas más agresivas. Hay una escalada de la violencia: a más violencia del Estado, más violencia criminal. El delito se reorganiza a formas más estructuradas. Se profundiza la corrupción policial, porque hay una relación directa entre violencia policial y corrupción policial –mientras más violenta sea la policía, más posibilidades hay de extorsión.
Esto, además, tiene efectos políticos perversos. Hay una doble lectura del pobre: el “buen pobre”, que es el señor que va a las misiones y “el pobre malo”, que es el delincuente, el bachaquero, el criminal que recibe una violencia desmedida, un discurso criminalizador. Con esto se está fracturando, enajenando, la base social del chavismo.
Esta combinación entre recesión económica y violencia policial es una combinación explosiva. Es como acercar una llama a la gasolina. La historia de los grandes estallidos sociales, generalmente, tienen que ver con la competencia de estos factores. Incluso, El Caracazo es una mezcla de ambos, con los famosos operativos policiales del Plan Unión. Esto que se está haciendo evoca toda esa idea de los operativos, de las redadas que aparecen en una situación semejante: en la crisis económica. Los operativos policiales pasan a ser la política, a veces la única estrategia del Estado frente al problema económico.
–En medio de una crisis económica, el problema policial y militar de 2014 fueron las guarimbas en los municipios de la clase media. En 2015, la OLP se concentra en los sectores populares. ¿Estamos cerca de un estallido social que hay que contener?
–Bueno, si esa es la motivación entonces la política está extraviada, porque es todo lo contrario: la historia demuestra que el aumento de la represión es una chispa eficaz para los estallidos sociales. Creo que también hay que pensar en la corporación militar y policial que actúa con agendas propias y autonomizadas. Es decir, esa corporación termina acumulando mucho poder en este tipo de operativos. Poder político y poder económico. Porque el delito también es fuente de renta: a través de redes clientelares, a través de extorsión, a través de participación en actividades del crimen.
La última estrategia: populismo punitivo
–¿Importa, en este contexto, distinguir entre el periodo Chávez y el de Maduro?
–Durante mucho tiempo no ha habido una política de seguridad clara. Durante el período de Chávez ha habido una especie de oscilación de las políticas. Primero fue el “funcionalismo de izquierda”, en el que el delito es consecuencia de la pobreza, del desempleo o de la exclusión, y a través de la justicia social, sólo superando ese lastre del capitalismo y del neoliberalismo, podremos enfrentar el delito sin aplicar fórmulas represivas.
Esta es la primera retorica del chavismo, pero no se dio una política alternativa que no fuera “no vamos reprimir, no vamos a criminalizar al pueblo”. Tampoco se atajó el problema de la violencia policial, que, frente a la dificultad de dar respuesta, empezó a ocupar espacios con acciones cada vez más perversas. Recordemos los escuadrones de la muerte en Portuguesa, en Falcón, con ejecuciones extrajudiciales.
Ahora se pasa a una retórica inversa. Ya el criminal no es una víctima de la injusticia social, sino es un cómplice del sistema. Se desempolva la vieja figura del “lumpen”: el delincuente reproduce los valores del capitalismo, los valores egoístas. Esto coincide con la retórica conservadora, esa que dice que hay un problema de crisis de valores y muchas veces se culpa a la madre, a las familias disfuncionales. Frente a esta idea moral, la respuesta es más violencia policial, hasta este escenario bélico de respuesta al delito que es la OLP.
Ninguna de las dos fórmulas ha sido eficaz para enfrentar el problema. Por el contrario, se han abandonado los intentos importantes de caminar en una política de seguridad, como lo fue la reforma policial. Esta se inició en 2006. Formé parte de esa comisión y ahí se hicieron un conjunto de recomendaciones que en los últimos años se han echado por la borda. Se desbarató el proyecto de la Policía Nacional. Hoy, a un policía, le piden que lleve diez detenidos por día. ¿El resultado? Atrapan a infractores menores.
–¿Están pidiendo diez detenidos por día?
–No sé si en estos últimos meses, pero a principios de año fue así. Había que llevar una cuota de detenidos. Entonces, ¿a quien detenían? Detienen al indigente que consiguen con tres piedras de crack en el bolsillo. Y lo presentan. Es decir, detienen a la pequeña criminalidad, que no son las más graves. Así se extravía el foco. Los homicidas, en cambio, apenas entran en el sistema penal. Las cárceles están llenas por delitos de drogas, esencialmente por posesión y venta en pequeñas cantidades.
–La PNB aspiraba a ser un modelo distinto de policía.
–A partir de ahí empieza a desencaminarse lo que proponía el nuevo modelo policial. El proyecto, en 2006, no se reducía a crear una nueva policía, esa fue la gran discusión. Crearla, solamente, significaba crear un nuevo problema y dejar en pie los otros, que eran las restantes policías. El proyecto planteaba avanzar hacia un sistema de policías que permitiera articulaciones con estándares comunes, informados por derechos humanos, informados por criterios de eficiencia y de eficacia. La PNB siempre se concibió como una policía pequeña, salvo en el área de Caracas, que debía ocupar el espacio de la PM.
Más bien se ha producido una expansión de la PNB, un crecimiento muy acelerado, subordinado a políticas y mandos militarizados. Los últimos mandos son militares activos, que le han impreso una distorsionada función y no se avanzó hacia la creación de un sistema que garantizara la protección de la gente. La creación de la PNB no era una política de seguridad en sí misma. También se perdió la idea del desarme.
La reducción de los homicidios en Brasil tuvo que ver con el control de las armas; y las armas en Venezuela circulan tanto en manos de los cuerpos policiales –que son los principales proveedores para actividades delictivas- como en manos de los civiles. Se planteaba avanzar en un modelo semejante al brasileño, en restricción de portes de armas en manos de civiles y un control riguroso de las armas y las municiones en manos de la policía. Eso se desestimó, entre otras cosas por los poderosos lobbies armamentistas.
–¿Se perdió la oportunidad que tuvo el chavismo para hacer una política de seguridad eficiente?
–Los elementos que permitían definir una política de seguridad eficiente fueron abandonados tempranamente. Se ha favorecido una política que tiene mayor valor expresivo y político: la mano dura. Pudiésemos hablar de “populismo punitivo”, ofrecer mano dura a través de estos actos espectaculares, profundamente ineficientes, pero que dan rédito político. Estamos en una campaña electoral y los efectos de este tipo de populismo son muy efímeros. Lo que pasó en la Cota 905: a los que fueron a buscar y no encontraron, ya están de nuevo allí. La gente rápidamente se da cuenta que esto es una ilusión que supone violencia contra ellos y que no resuelve el problema del delito y la criminalidad. Lo paradójico es que esta política de mano dura siempre fue una bandera que blandió la oposición y ahora el chavismo la ha venido convirtiendo en su oferta política.
–¿Todo esto no es una muestra del fracaso de la política de seguridad implementada durante estos años?
–Hay otros factores que también permiten entender este viraje. Y esto sirve para revelar los límites de las políticas redistributivas en los procesos de transformación estructural de alto calado. Lo que explica por qué persiste la violencia, a pesar de haber disminuido la desigualdad. Sin duda que las políticas redistributivas, las políticas sociales, han mejorado las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos. Es evidente en los indicadores económicos y cuando uno va a barrios pobres se da cuenta de eso.
Esta redistribución ha tenido un efecto paradójico al generar nuevas brechas entre las clases populares, es decir, las políticas sociales focalizadas y no universales terminan generando diferencias entre aquellos que están en mejores situaciones, más ventajosas para aprovechar estas políticas -porque se está en una misión, porque se está en un Barrio Nuevo Tricolor, porque se está en cuestiones comunales, porque se entra en las redes asistenciales- y los que quedan relegados de esas políticas.
Entonces empiezan a aparecer diferencias intraclases. Brechas entre los beneficiarios, clientes de estas políticas y los que se quedan relegados. Y hay diferencias muy poco evidentes, sobre todo con los métodos tradicionales para la medición de la desigualdad, porque se dan en el seno de una familia, por ejemplo entre el papá que consiguió trabajo, o que recibe algún beneficio por ser parte de una misión, y el hijo, que no consigue trabajo, que está excluido del sistema educativo. Estas brechas dentro de sectores populares hacen que se empiece a generar una suerte de diferenciación importante entre los factores que han logrado mejorar sus condiciones de vida, de manera significativa, y los factores más relegados.
Ante la desigualdad, que era muy marcada en Venezuela, ahora existe una menos notoria pero más próxima. Eso puede generar muchísima tensión y una sensación de injusticia. Esto explica también por qué este viraje de las políticas de seguridad, cada vez más duras: porque se trata de dar un tratamiento diferenciado a los sectores populares, es decir, hacer una doble política popular de incluir y castigar.
–¿Qué hacer entonces después de tanto tiempo perdido?
–Hay cosas básicas. Yo diría, en primer lugar, insistir en la inclusión de los sectores relegados.
–Universalizar el sistema de protección social.
–Exacto. Universalizar el sistema de protección. Y políticas focalizadas a aquellos sectores que no han sido tocados. Las políticas sociales, fundamentalmente, han estado dirigidas a excluidos de vieja data. Gente que había estado excluida desde los años ochenta, que, como resultado del ajuste neoliberal, perdió su trabajo y que ahora volvió a ser incorporado. Sin embargo, los nuevos excluidos, los jóvenes que no consiguen trabajo, los excluidos del sistema educativo, no han sido incorporados, no han sido atendidos por esas políticas. Así que hay que pensar en políticas sociales universales y en políticas sociales focalizadas.
Hay que retomar la agenda de la reforma policial para organizar una policía eficiente. Mira, muchas de las cosas que ha hecho la OLP –de muy mala manera y con resultados muy malos- se podrían haber hecho con inteligencia policial. Es decir, la policía puede identificar –y estoy seguro que sabe- dónde está la gente vinculada con actos inaceptables, que debiera ser detenida, procesada e ir presa.
–¿Qué nos ha pasado, por qué llegamos a esta situación?
-–Nosotros tenemos un Estado muy anómalo por la relación con la renta petrolera y con la conducción histórica de ese Estado. Un Estado siempre muy distante de la gente, muy violento, por eso nuestras policías siempre han sido muy militarizadas. Esta anomia del Estado es funcional con ciertos intereses, para élites viejas y nuevas que emergen aprovechando la aparente anormalidad. La corrupción no es un tema moral, es, en términos marxistas, la acumulación originaria de capital. La forma de transferencia de la renta petrolera a sectores concentrados del país.
–¿El problema fue tratar de desmontar el Estado sin tener una alternativa a la mano?
–En estos años hubo una recuperación del Estado, después de un período, el neoliberal, en que sólo destacaba su función represiva. Durante los primeros años del chavismo se recupera la idea del Estado como un gran regulador de la vida social, pero se deja intacto el aparato represivo, el sistema penal, las policías a pesar de los intentos de reforma. Se recupera el papel del Estado, pero vinculado con el tema de la renta, como explica Fernando Coronil en su Estado mágico.
Un Estado que se hace cada vez más inútil, más hipertrofiado, incapaz de interactuar con la gente. Las primeras tesis de participación ciudadana, las mesas técnicas de agua, donde se validó la idea de una especie de cogestión o incluso de autogestión, cede su lugar a un Estado cada vez más prepotente, que controla renta y la distribuye, donde la participación popular tiene un papel únicamente de cadena de transmisión entre estas rentas y las bases sociales, cada vez con menos poder efectivo. Entonces termina siendo un Estado gigante con pies de barro que regula todo pero que no puede regular nada, que sólo tiene pactos informales, clientelares, invisibles, con sectores económicos emergentes donde, por cierto, el problema de la generación de criminalidad y violencia no es ajeno.

sábado, agosto 15, 2015

El 2do mejor lugar del mundo para vivir: La Cité Internationale Universitaire de Paris


Imaginen vivir en un conjunto de residencias universitarias junto a 5000 estudiantes de más de 150 países en pleno París. Esta es la maravillosa experiencia de vivir en la Cité Internationale Universitaire de Paris, un sitio privilegiado de 40 edificios entre jardines con todas las facilidades para los estudiantes.
Los edificios de la Cité Universitaire, o CitéU como le llamamos los que hemos disfrutado de ese privilegio representan en su mayoría a loa diversos países y su arquitectura y muchos de estos fueron diseñados por los más grandes arquitectos del siglo XX (incluído Le Corbusier).
La vida social y cultural es extraordinaria. El compartir con tantas culturas diferentes abre tu mente. Es un sitio que te marca de por vida y por el que siempre sentirás nostalgia.


viernes, agosto 14, 2015

Sexo con Nutella



No es difícil pensar que la unión de dos de los manjares más deliciosos del universo resulten en un manjar aún más exquisito. Pero para que esta unión sea realice de manera sublime, se debe verificar que los componentes estén a la temperatura apropiada para que se fundan el uno en el otro.

Lo que viene se los dejo a la imaginación...


lunes, agosto 10, 2015

Mis lugares secretos en Paris (Square Vert Galant)



Voy a darles unas pistas de algunos de mis lugares secretos en Paris. Voy a hablarles primero de un maravilloso rincón escondido en una de las puntas de la famosa Île de la Cité, con vista al famoso Pont des Arts. Se trata del poco conocido parque "Vert Galant". En mis tiempos parisinos, solía sentarme a reflexionar bajo la sombra de un árbol sentado junto en la punta de la isla. Mis pensamientos fluían como fluía el Sena casi rodeándome, y en frente una maravillosa vista que incluía a la Academia de Paris, el museo del Louvre y como ya les dije, el famoso puente de los enamorados. El nombre "Vert Galant" (algo así como viejo verde) hace referencia a Henry IV y a las numerosas amantes que tenía incluso a edad avanzada. Otra curiosidad es que en ese sitio, tuvo lugar la ejecución de Jacques de Morlay, el último gran maestro de la Orden de los Templarios.
¿El por qué es un lugar secreto?. Porque su acceso pasa desapercibido. Pero se los voy a revelar. En el Pont Neuf (Puente Nuevo, el de la peli de Woody Allen) hay una estatua ecuestre de Henry IV (Enrique IV) y detrás de ella hay una escalerita que a veces no huele muy bien, pero que da acceso a ese lugar maravilloso.
Es un buen lugar para hacer picnics (pique-nique como dicen los franceses) y un excelente lugar romántico también.



domingo, agosto 09, 2015

Me provoca mucho volver a publicar en mi blog y dejar el Facebook. Además, con el blog puedo obtener ganancias publicitarias mientras que con el Facebook todas las ganancias van para el Sr. Zuckenberg. ¿Sobre qué puedo escribir?. Tal vez sobre la situación política y económica del país y lo que pienso. Esta es una prueba....

 Suscribirse a este Blog