viernes, febrero 08, 2013

Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?


Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?



Nuevamente, estamos en Venezuela en el inicio de un año bajo el fuego de una gran presión, ejercida por parte de los factores económicos de poder, para que el gobierno ajuste el tipo de cambio y se consuma una devaluación lineal y sustancial.El venezolano es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo y contribuye con el entierro de la economía productiva.
En las últimas semanas, los poderes fácticos han logrado que el llamado dólar no oficial haya ensanchado ampliamente su brecha con respecto a los dos precios oficiales (CADIVI y SITME). Los dólares que se transan en este circuito informal siguen siendo una proporción menor a la totalidad de dólares que se adquieren dentro de la economía. Sin embargo, esta proporción menor, en volumen, ha logrado una gran incidencia sobre la fijación de los precios (en bolívares) de los bienes finales. Explicar cómo una posición minoritariamente representativa (en términos de volumen) logra tener un poder de fijación de precios mayoritariamente representativo, es una clave para comprender la actual disyuntiva cambiaria.
En primer lugar, el precio actual del dólar clandestino, es fundamentalmente el resultado de la lógica especulativa del capital financiero en la búsqueda de una mayor rentabilidad de los activos financieros que han logrado acumular. Esta acumulación representa una de las paradojas de la economía venezolana en la última década, debido que es resultado, principalmente, de un mecanismo de captura y privatización de la renta petrolera, que al llegar a manejar un volúmen significativo, ha permitido disminuir la capacidad de poder por parte del Estado para mantener una política cambiaria y una política económica soberana.
Esto es una paradoja porque hace 10 años se instauró un control de cambios y, a pesar de ello, la exportación de dólares se ha incrementado en ese período, especialmente desde 2006. En este sentido , los ataques cambiarios que se inician en el último trimestre de cada año, represen un mecanismo de control y dominio en las decisiones de política económica del Estado Nacional. La política económica, y especialmente la macroeconómica, se convierte en un campo de batalla donde se libra una confrontación por la renta petrolera.
Un sector, importante en términos de su posición de activos financieros externos (dólares en efectivos e instrumentos financieros denominados en dólares), termina siendo el gran beneficiado, si logra concretar una ganancia cambiaria. Para llevar a cabo esta estrategia, los intereses del capital financiero, se ocultan detrás de los medios de comunicación corporativos y reciben el apoyo de los economistas ortodoxos. La gran prensa empieza una campaña bien planificada, para generar expectativas cambiarias negativas e inflar el deseo de la gente por arrojar los bolívares y abrazar los dólares como medio de cambio, como reserva de valor y como unidad de cuenta.

En segundo lugar, los factores especulativos deben de tener bases objetivas para que logren ejercer, efectivamente, su influencia sobre el desenlace final. Si el ataque cambiario tiene pocas bases objetivas (que generalmente los economistas neoliberales suelen argumentar cuando hablan de los “fundamentals”) su incidencia final sobre la política cambiaria y sobre los precios oficial y no oficial del dólar, probablemente será débil. Por lo contrario, si el rumor, la campaña mediática para inflar las expectativas de devaluación, y los pronósticos eternamente pesimistas de los economistas antichavistas, cuentan con factores objetivos, la especulación dominará, la profecía se cumplirá con cierta efectividad.
Esto último se conoce en los manuales de economía, como la “profecía autocumplida”, es decir los que no es una realidad ahora, será un hecho real al pasar un breve tiempo, durante el cual las decisiones de los formadores de precios se sesguen hacia esa inicial especulación. Así lo que no era “verdad” al principio, terminará siéndolo gracias a la pequeña ayuda de las expectativas que prenden en un terreno fértil.
Por lo general, el discurso de los macroeconomistas convencionales tiende a argumentar, como factor principal, la sobrevaluación de la moneda en virtud a la tasa de inflación que se ha acumulado desde que se fijó -por última vez- el tipo de cambio. Esta es la explicación por excelencia de los bancos centrales y la que viene anexada a los modelos de programación monetaria-financiera que enseñan en los cursos del FMI. Ciertamente, la famosa explicación del tipo de cambio real (donde se combinan el tipo de cambio nominal, la inflación interna y la inflación externa) puede llegar a tener una influencia en los desbalances que se producen en el comercio externo.
Pero de ahí a explicar la complejidad del problema cambiario en Venezuela hay un gran trecho. En la medida que se convierte en explicación única del problema cambiario, el argumento de la elevada sobrevaluación, termina por abonar el camino para satanizar las importaciones baratas como una amenaza al desequilibrio de la balanza comercial y a la producción interna. De ahí que se utiliza el otro argumento de la necesidad de mantener la competitividad a través de una devaluación que “aumente las exportaciones y disminuya las importaciones”. Este el clásico ajuste basado en el enfoque monetario de la balanza de pagos. Este es el camino fácil de la explicación, pero también resulta en una falacia ideológica disfrazada de argumento técnico.
Además, el argumento de la competitividad basado en el ajuste cambiario, termina promoviendo una competitividad espuria y efímera. Esto es una competitividad alimentada por la reducción del costo laboral, es decir en el empobrecimiento de los trabajadores; es una competitividad basada en la explotación de los recursos naturales y de entronizar éste mecanismo de dependencia; una competitividad que profundiza la desigualdad social al intensificar explotación de la fuerza de trabajo sobre el recurso de ampliar la plusvalía absoluta; una competitividad que afecta a los sectores productivos diferentes al sector exportador de los recursos naturales.
En este mismo sentido, el dilema de la miopía asumida por los partidarios de mantener “el tipo de cambio alto y competitivo” es que a ellos no les importan los factores estructurales y la realidad de los países capitalistas que se encuentran en la periferia. El problema es que un país subdesarrollado, dependiente y rentista petrolero tiende a convivir con una sobrevaluación estructural que no se va a “corregir” (ni menos a resolver) con la utilización del expediente de la devaluación. La sobrevaluación en una economía capitalista, dependiente y petrolera como la nuestra, es un huésped obligado tal como lo es la hipertensión para un paciente obeso.
Otro argumento, utilizado por los partidarios a las devaluaciones, es que el nivel de reservas operativas ha llegado a una cota peligrosa: De ahí se empieza a comparar las reservas con los meses de importación; de ahí se hace una de las cuentas más superficiales para establecer el “tipo de cambio implícito”, al dividir la cantidad de dinero con las reservas internacionales. Es decir, posicionan la idea de que al BCV se le están agotando las reservas líquidas y por tanto, los compradores de dólares deben apresurarse a comprar lo más rápido posible y a cualquier precio, porque no hay cama para tanta gente.
Hay otras explicaciones que complementan los argumentos de los que configuran el cuadro devaluacionista. Unas se siguen ubicando en el plano más macroeconómico: el déficit público, la velocidad y la magnitud del gasto público, la tasa de crecimiento del endeudamiento público, la precariedad del flujo de caja de PDVSA, etc…
Otro conjunto de explicaciones se ubican dentro de las argumentaciones microeconómicas e ideológicas: la inseguridad del marco legal y de las inversiones, la incertidumbre en la fijación del precio y en la reposición de inventarios; la necesidad de asegurarse activos complementarios o sustitutivos del dólar que permitan mantener el valor monetario de su patrimonio (compra de automóviles, compra de inmuebles y acaparamiento de dólares, por ejemplo). Por su puesto, este último conjunto de explicaciones se condimenta con el terror, apoyado por la amenaza de que la llegada del socialismo implica una expropiación generalizada e indiscriminada.
Ahora bien, todas estas explicaciones tienen importancia no sólo para el debate teórico sino por sus consecuencias prácticas. No se trata entonces, en este espacio, de debatir teóricamente estos argumentos, se trata de comprender cómo actúan como legitimadores de un conflicto de intereses entre los grupos dominantes, en el terreno del sistema capitalista venezolano, y especialmente en la lógica que le impregna el capital financiero.
Antes de enumerar algunos de los factores objetivos que hacen que la semilla devaluacionista prenda, es necesario responder a la siguiente pregunta
¿A quiénes beneficia la devaluación?
Beneficia en primer lugar a los que poseen ingresos o activos financieros valorados en dólares. Aquellos sectores económicos que disponen de cuentas externas donde van a parar los dólares que capturan de la renta petrolera y los dólares que obtienen por la exportación. Esto implica a todos los exportadores en primer lugar, pero también aquellos tenedores de bonos cuyo valor está denominado en dólares. Estos son los primeros que apuestan a la devaluación porque son ganadores netos: obtendrán más bolívares por cada dólar que poseen.
En segundo lugar, la devaluación es un mecanismo muy eficiente para aumentar la extracción de plusvalía abaratando el costo laboral. Así que los sectores empresariales privados tendrán un costo que se abaratará en relación a los otros precios de los productos finales que ellos venden.
Se llega a creer que el gobierno es uno de los beneficiados, es decir los ingresos fiscales en un país cuyos ingresos en bolívares depende principalmente de un bien de exportación (como es el caso de nosotros, donde las exportaciones totales contienen un 90% de exportaciones petroleras), obtendrán más bolívares por cada dólar que les ingresen. De ahí que los gobiernos de la IV República, a partir de 1983, ejecutan fuertes devaluaciones con fines fiscales, es decir para recomponer su gasto interno que es básicamente en bolívares. También el gobierno logra “licuar” la deuda pública interna que también es en bolívares, ya que deberá, pagar un valor menor en términos reales.
Pero el gobierno que utilice este expediente con argumentos fiscales, a lo mejor llevado por la misma desesperación que aflige a una persona cuando abusa de la chequera y no tiene fondos, puede caer en una tentación diabólica: tiene que calcular muy bien, por dos razones económicas y por una política. Una primera razón es que si posee una deuda externa que ha venido creciendo velozmente, tendrá que pagar su servicio en dólares. Así que la devaluación puede ser un pésimo negocio si saca la cuenta entre los bolívares adicionales que entran por un bolsillo y los que salen por pagar la deuda externa pública e importaciones de mercancías realizadas por el gobierno. Como sabemos, el Estado ha incrementado su participación en las importaciones con el propósito de tomar control de esta posición de poder dominada por grupos monopólicos, y garantizar el abastecimiento de bienes esenciales como los alimentos.
Algo parecido ocurre con el segundo motivo, el efecto inflacionario provocado por el ajuste cambiario puede convertir en sal y agua los bolívares adicionales que ingresaron gracias a la devaluación. Así que, en determinado contexto, una importante devaluación puede ser un tiro por la culata para el fisco nacional, además de alejarle el logro de la meta inflacionaria anunciada.
Finalmente, hay una razón de carácter político: una devaluación puede afectar la base electoral del gobierno. Si el gobierno no toma medidas que minimicen los efectos negativos de la devaluación sobre los sectores económicos y actores sociales, el escenario sociopolítico se teñirá con el descontento de los que son perdedores de una fuerte devaluación. La derecha puede capitalizar parte de este descontento para los futuros eventos electorales, no sólo porque los ingresos reales se deteriorarán sino por la pérdida de credibilidad del gobierno que luego que asegura que no va a devaluar, termina por hacerlo.
El Presidente Chávez, antes de irse a Cuba para su delicada operación, declaró que no se iba a devaluar. Este proceso transformador se basa, en gran parte, en la esperanza, en la credibilidad de la palabra. La devaluación no sólo deteriora los salarios, sino que corroe esa esperanza y esa credibilidad.
¿A quiénes perjudica la devaluación?
Una devaluación incide negativamente en aquellas personas que viven de ingresos fijos, es decir de toda la población trabajadora cuyos sueldos y salarios ellos no podrán ajustar a su voluntad, como respuesta al ajuste cambiario. El mercado de trabajo actúa como “mercado de ajuste” cuando se hace un ajuste macroeconómico clásico, precisamente porque la devaluación hace que el tipo de cambio actúe como una correa de trasmisión entre el “mercado cambiario”, el mercado de bienes y el mercado de trabajo. Esta relación económica, que implica una relación sociopolítica, es la que está oculta detrás de la explicación del llamado tipo de cambio real que suelen tararear los buenos alumnos del manual neoliberal.

Desde 2008, se suele afirmar que un tipo de cambio fijo y bajo (para aquellos que se dejan convencer por los argumentos de la sobrevaluación) en el contexto del control cambiario, termina perjudicando a los trabajadores, porque los que obtienen dólares “baratos” por CADIVI o los revenden a el precio del mercado paralelo o marcan un precio final de sus productos teniendo como referencia el tipo de cambio paralelo. Eso es verdad, pero la verdadera razón es la ausencia total de mecanismos complementarios que permitan disminuir este “arbitraje” que termina pulverizando los ingresos de los pobres y de la llamada “clase media”. Además del alto grado de tolerancia a las formas de evasión del control y de algunas de las medidas que se han tomado para reprimir a los “culpables” que son remedios que terminan por empeorar la enfermedad (como la Ley de Ilícitos Cambiarios).
En este sentido, hay una estrategia evasiva cuando se presentan a los culpables de “menor monta” de esta situación, y de esta forma se oculta la acción de protagonistas principales. Entonces a finales de año, al mismo tiempo que se incrementaba el ataque cambiario, tambien se puede observar cómo se le echa la culpa a los estudiantes en el exterior y a los usuarios de tarjetas de créditos. Ciertamente, se han detectado graves irregualidades en estos segmentos, especialmente con el de tarjetas de créditos. Pero estos terminan siendo parte de una explicación insuficiente sobre el problema. Entre los estudiantes y las tarjetas de créditos no se llega al 15% de los dólares que distribuye el gobierno.
Se puede argumentar algo cierto, que siendo una proporción relativamente pequeña eso no es motivo para tolerar estas triquiñuelas con el control de cambio. Pero el problema es, primero, que se termina culpando al último eslabón de la cadena, pero no se investiga la responsabilidad de los que crean y protegen estos mecanismos. Esta forma equivocada de diagnósticar el problema, ha conllevado a una política de disminución de cupos que termina por incentivar la presión sobre el precio de la divisa.

Por otro lado, las explicaciones insuficientes como las que se han señalado, se convierten en la excusa para ocultar lo que ocurre con el resto de las divisas distribuidas, donde predomina la acción de grandes grupos e intermediarios con alta presencia corporativa trasnacional.
En todo caso, el control de cambio no puede seguir siendo una camisa de fuerza que termina favoreciendo a los intermediarios y a los que controlan grandes posiciones en dólares.
Cuando el ataque cambiario, expresado en un aumento creciente de la brecha entre el dólar oficial y el tipo de cambio lechuguino, logra mantenerse por varias semanas, una buena justificación del ajuste es aquella que sostiene que “la devaluación ya está descontada” en los precios de los últimos meses porque los marcadores de precios han logrado generalizar la referencia de precio del minoritario mercado paralelo. Esta generalización es una verdad a medias, que llega a convencer a más de uno, que la devaluación decidida por el Gobierno, no tendrá mayores efectos inflacionarios porque ya los mismos han sido recogidos en la tasa de inflación de los últimos meses.
Esta es una de las trampas mortales, especialmente para los que quieren defender la vocación social del gobierno. Resulta que para algunos bienes, esta inocuidad no es cierta. Cuando se pasó de 2,60 a 4,30 Bs.F por cada dólar, habria que estar en las farmacias para palpar el descontento y la impotencia de los que tienen que comprar medicamentos obligatoriamente. En esos días, es cuando más se putea al gobierno en las farmacias, a CADIVI y a todo lo que representa la victoria de la devaluación. Así que las generalizaciones no son buenas en términos del balance de quienes pierden y quienes ganan.
En todo caso, la nueva tasa de cambio oficial, si persisten los factores objetivos y subjetivos de la presión devaluacionista, se convertira en un nuevo “piso” para el cálculo del nuevo precio especulativo del mercado informal.
Otro efecto lesivo de la devaluación se hace evidente en los sectores productivos. Mientras que hay unos sectores de actividad económica donde predomina la acción de los que deciden amasar fortunas con las ganancias cambiaras, hay otros que insisten en mantenerse en actividades productivas fundamentales como la agricultura y la industria. Estos últimos resultan afectados cada vez que se devalúa especialmente si su mercado es principalmente el mercado interno. Incluso en sectores comerciales de mediano y pequeño tamaño puede ser letal la carrera devaluacionista.
Esto ocurre especialmente en una economía con una alta dependencia estructural de las importaciones de insumos. Repetir mecánicamente que la devaluación “promueve las exportaciones y desestimula las importaciones”, es no considerar que más de 90% de las exportaciones declaradas son de orígen petrolero. No tiene sentido una devaluación para mejorar la competitividad de los exportadores no petroleros, especialmente cuando la estrategia está orientada a fortalecer el mercado interno más que el logro de la competitividad internacional (tal como lo enunciaba el Gran Viraje de los 90).

En este último caso, la devaluación afecta la dimensión social, en la medida que produce desempleo y caída de ingresos, a partir de los sectores productivos que salen perjudicados.
La devaluación y su incoherencia con la política económica chavista
La estrategia económica del gobierno bolivariano, desde 2002, se ha basado en una expansión económica basada principalmente en un proceso de distribución popular de la renta y por ello su palanca ha sido la mejora sustancial del consumo de las familias. Es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo rentista mientras contribuye con el entierro de la economía productiva.
Ciertamente, una salida devaluacionista perjudicará a las mayorias que constituyen la base política de este proceso. Los indicadores sociales, como el salario mínimo, serán afectados si no se aplican medidas que amortigüen la caída. La aplicación de incrementos de salario mínimo es insuficiente donde una gran proporción de la masa trabajadora no recibe este beneficio. Esto es porque alrededor del 45% de los trabajadores pertenecen al sector informal.
La supuesta ganancia fiscal que tendría el gobierno y PDVSA se le puede revertir con el incremento de la carga de la deuda, del costo real de las importaciones, del gasto de las misiones sociales y finalmente con su incidencia en la tasa de inflación. Los beneficios fiscales de la devaluación son una peligrosa ilusión, es el camino fácil que conduce al infierno, además de contribuir con el aplazamiento de radicales cambios en la estructura tributaria. La devaluación es íntima colaboradora con la permanencia del IVA.
Los grandes ganadores, la banca privada, los monopolios comerciales y productivos, saldrán fortalecidos y utilizarán este posicionamiento para una futura carrera prodevaluacionista. Mientras más poder tienen, más estarán acorralado el gobierno con esta estrategia anunciada. Los grandes tenedores de títulos públicos en dólares no sólo tendrán más bolívares, sino que tendrán más fuerza para pedir más devaluaciones.
El gobierno tiene que salir de esta emboscada anual, la devaluación no le conviene. Debe adelantar los cambios estructurales e institucionales. Gran parte de estos cambios profundos se pueden iniciar en el corto plazo, gran parte de las alternativas e instrumentos de política depende de un diagnóstico que lleva a resolver la siguiente paradoja:
La economía venezolana cerró con un saldo en cuenta de mercancías superavitario de 39.595 MM US$, esto implica una entrada de 95.952 millones por concepto de las exportaciones. La gran mayoría de estas ventas al exterior son de origen petrolero (92.233 MM US$). Mientras que las compras externas se ubicaron en 56.357 MM de US$. Este sustancial superávit entre exportaciones e importaciones de mercancías, repito de 39.595 MM de US$, se le descuenta el saldo en servicios, el saldo en rentas y las transferencias corrientes, quedando como resultado un saldo en cuenta corriente de 14.565 MM de US$. ¿A dónde va este excedente de recursos financieros que la economía venezolana dispone y que la hace privilegiada en comparación con otras economías latinoamericanos?
A dónde van los dólares, quién los controla, quién los gasta o los malgasta…responder este acertijo lleva a soluciones prácticas y justa para la distribución de ingresos.
El mercado cambiario es sólo una parte, aunque una parte importante, del sistema económico. El tipo de cambio no se puede convertir en el ombligo del mundo económico. Hay que enfrentar otros retos que conciernen al modelo productivo y al control de los poderes fácticos ejercido por los sectores económicos dominantes.
* Simón Andrés Zúñiga es economista venezolano, Sociedad de Economía-política Radical (SER)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?


Devaluar o no devaluar… ¿Éste es el problema?



Nuevamente, estamos en Venezuela en el inicio de un año bajo el fuego de una gran presión, ejercida por parte de los factores económicos de poder, para que el gobierno ajuste el tipo de cambio y se consuma una devaluación lineal y sustancial.El venezolano es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo y contribuye con el entierro de la economía productiva.
En las últimas semanas, los poderes fácticos han logrado que el llamado dólar no oficial haya ensanchado ampliamente su brecha con respecto a los dos precios oficiales (CADIVI y SITME). Los dólares que se transan en este circuito informal siguen siendo una proporción menor a la totalidad de dólares que se adquieren dentro de la economía. Sin embargo, esta proporción menor, en volumen, ha logrado una gran incidencia sobre la fijación de los precios (en bolívares) de los bienes finales. Explicar cómo una posición minoritariamente representativa (en términos de volumen) logra tener un poder de fijación de precios mayoritariamente representativo, es una clave para comprender la actual disyuntiva cambiaria.
En primer lugar, el precio actual del dólar clandestino, es fundamentalmente el resultado de la lógica especulativa del capital financiero en la búsqueda de una mayor rentabilidad de los activos financieros que han logrado acumular. Esta acumulación representa una de las paradojas de la economía venezolana en la última década, debido que es resultado, principalmente, de un mecanismo de captura y privatización de la renta petrolera, que al llegar a manejar un volúmen significativo, ha permitido disminuir la capacidad de poder por parte del Estado para mantener una política cambiaria y una política económica soberana.
Esto es una paradoja porque hace 10 años se instauró un control de cambios y, a pesar de ello, la exportación de dólares se ha incrementado en ese período, especialmente desde 2006. En este sentido , los ataques cambiarios que se inician en el último trimestre de cada año, represen un mecanismo de control y dominio en las decisiones de política económica del Estado Nacional. La política económica, y especialmente la macroeconómica, se convierte en un campo de batalla donde se libra una confrontación por la renta petrolera.
Un sector, importante en términos de su posición de activos financieros externos (dólares en efectivos e instrumentos financieros denominados en dólares), termina siendo el gran beneficiado, si logra concretar una ganancia cambiaria. Para llevar a cabo esta estrategia, los intereses del capital financiero, se ocultan detrás de los medios de comunicación corporativos y reciben el apoyo de los economistas ortodoxos. La gran prensa empieza una campaña bien planificada, para generar expectativas cambiarias negativas e inflar el deseo de la gente por arrojar los bolívares y abrazar los dólares como medio de cambio, como reserva de valor y como unidad de cuenta.

En segundo lugar, los factores especulativos deben de tener bases objetivas para que logren ejercer, efectivamente, su influencia sobre el desenlace final. Si el ataque cambiario tiene pocas bases objetivas (que generalmente los economistas neoliberales suelen argumentar cuando hablan de los “fundamentals”) su incidencia final sobre la política cambiaria y sobre los precios oficial y no oficial del dólar, probablemente será débil. Por lo contrario, si el rumor, la campaña mediática para inflar las expectativas de devaluación, y los pronósticos eternamente pesimistas de los economistas antichavistas, cuentan con factores objetivos, la especulación dominará, la profecía se cumplirá con cierta efectividad.
Esto último se conoce en los manuales de economía, como la “profecía autocumplida”, es decir los que no es una realidad ahora, será un hecho real al pasar un breve tiempo, durante el cual las decisiones de los formadores de precios se sesguen hacia esa inicial especulación. Así lo que no era “verdad” al principio, terminará siéndolo gracias a la pequeña ayuda de las expectativas que prenden en un terreno fértil.
Por lo general, el discurso de los macroeconomistas convencionales tiende a argumentar, como factor principal, la sobrevaluación de la moneda en virtud a la tasa de inflación que se ha acumulado desde que se fijó -por última vez- el tipo de cambio. Esta es la explicación por excelencia de los bancos centrales y la que viene anexada a los modelos de programación monetaria-financiera que enseñan en los cursos del FMI. Ciertamente, la famosa explicación del tipo de cambio real (donde se combinan el tipo de cambio nominal, la inflación interna y la inflación externa) puede llegar a tener una influencia en los desbalances que se producen en el comercio externo.
Pero de ahí a explicar la complejidad del problema cambiario en Venezuela hay un gran trecho. En la medida que se convierte en explicación única del problema cambiario, el argumento de la elevada sobrevaluación, termina por abonar el camino para satanizar las importaciones baratas como una amenaza al desequilibrio de la balanza comercial y a la producción interna. De ahí que se utiliza el otro argumento de la necesidad de mantener la competitividad a través de una devaluación que “aumente las exportaciones y disminuya las importaciones”. Este el clásico ajuste basado en el enfoque monetario de la balanza de pagos. Este es el camino fácil de la explicación, pero también resulta en una falacia ideológica disfrazada de argumento técnico.
Además, el argumento de la competitividad basado en el ajuste cambiario, termina promoviendo una competitividad espuria y efímera. Esto es una competitividad alimentada por la reducción del costo laboral, es decir en el empobrecimiento de los trabajadores; es una competitividad basada en la explotación de los recursos naturales y de entronizar éste mecanismo de dependencia; una competitividad que profundiza la desigualdad social al intensificar explotación de la fuerza de trabajo sobre el recurso de ampliar la plusvalía absoluta; una competitividad que afecta a los sectores productivos diferentes al sector exportador de los recursos naturales.
En este mismo sentido, el dilema de la miopía asumida por los partidarios de mantener “el tipo de cambio alto y competitivo” es que a ellos no les importan los factores estructurales y la realidad de los países capitalistas que se encuentran en la periferia. El problema es que un país subdesarrollado, dependiente y rentista petrolero tiende a convivir con una sobrevaluación estructural que no se va a “corregir” (ni menos a resolver) con la utilización del expediente de la devaluación. La sobrevaluación en una economía capitalista, dependiente y petrolera como la nuestra, es un huésped obligado tal como lo es la hipertensión para un paciente obeso.
Otro argumento, utilizado por los partidarios a las devaluaciones, es que el nivel de reservas operativas ha llegado a una cota peligrosa: De ahí se empieza a comparar las reservas con los meses de importación; de ahí se hace una de las cuentas más superficiales para establecer el “tipo de cambio implícito”, al dividir la cantidad de dinero con las reservas internacionales. Es decir, posicionan la idea de que al BCV se le están agotando las reservas líquidas y por tanto, los compradores de dólares deben apresurarse a comprar lo más rápido posible y a cualquier precio, porque no hay cama para tanta gente.
Hay otras explicaciones que complementan los argumentos de los que configuran el cuadro devaluacionista. Unas se siguen ubicando en el plano más macroeconómico: el déficit público, la velocidad y la magnitud del gasto público, la tasa de crecimiento del endeudamiento público, la precariedad del flujo de caja de PDVSA, etc…
Otro conjunto de explicaciones se ubican dentro de las argumentaciones microeconómicas e ideológicas: la inseguridad del marco legal y de las inversiones, la incertidumbre en la fijación del precio y en la reposición de inventarios; la necesidad de asegurarse activos complementarios o sustitutivos del dólar que permitan mantener el valor monetario de su patrimonio (compra de automóviles, compra de inmuebles y acaparamiento de dólares, por ejemplo). Por su puesto, este último conjunto de explicaciones se condimenta con el terror, apoyado por la amenaza de que la llegada del socialismo implica una expropiación generalizada e indiscriminada.
Ahora bien, todas estas explicaciones tienen importancia no sólo para el debate teórico sino por sus consecuencias prácticas. No se trata entonces, en este espacio, de debatir teóricamente estos argumentos, se trata de comprender cómo actúan como legitimadores de un conflicto de intereses entre los grupos dominantes, en el terreno del sistema capitalista venezolano, y especialmente en la lógica que le impregna el capital financiero.
Antes de enumerar algunos de los factores objetivos que hacen que la semilla devaluacionista prenda, es necesario responder a la siguiente pregunta
¿A quiénes beneficia la devaluación?
Beneficia en primer lugar a los que poseen ingresos o activos financieros valorados en dólares. Aquellos sectores económicos que disponen de cuentas externas donde van a parar los dólares que capturan de la renta petrolera y los dólares que obtienen por la exportación. Esto implica a todos los exportadores en primer lugar, pero también aquellos tenedores de bonos cuyo valor está denominado en dólares. Estos son los primeros que apuestan a la devaluación porque son ganadores netos: obtendrán más bolívares por cada dólar que poseen.
En segundo lugar, la devaluación es un mecanismo muy eficiente para aumentar la extracción de plusvalía abaratando el costo laboral. Así que los sectores empresariales privados tendrán un costo que se abaratará en relación a los otros precios de los productos finales que ellos venden.
Se llega a creer que el gobierno es uno de los beneficiados, es decir los ingresos fiscales en un país cuyos ingresos en bolívares depende principalmente de un bien de exportación (como es el caso de nosotros, donde las exportaciones totales contienen un 90% de exportaciones petroleras), obtendrán más bolívares por cada dólar que les ingresen. De ahí que los gobiernos de la IV República, a partir de 1983, ejecutan fuertes devaluaciones con fines fiscales, es decir para recomponer su gasto interno que es básicamente en bolívares. También el gobierno logra “licuar” la deuda pública interna que también es en bolívares, ya que deberá, pagar un valor menor en términos reales.
Pero el gobierno que utilice este expediente con argumentos fiscales, a lo mejor llevado por la misma desesperación que aflige a una persona cuando abusa de la chequera y no tiene fondos, puede caer en una tentación diabólica: tiene que calcular muy bien, por dos razones económicas y por una política. Una primera razón es que si posee una deuda externa que ha venido creciendo velozmente, tendrá que pagar su servicio en dólares. Así que la devaluación puede ser un pésimo negocio si saca la cuenta entre los bolívares adicionales que entran por un bolsillo y los que salen por pagar la deuda externa pública e importaciones de mercancías realizadas por el gobierno. Como sabemos, el Estado ha incrementado su participación en las importaciones con el propósito de tomar control de esta posición de poder dominada por grupos monopólicos, y garantizar el abastecimiento de bienes esenciales como los alimentos.
Algo parecido ocurre con el segundo motivo, el efecto inflacionario provocado por el ajuste cambiario puede convertir en sal y agua los bolívares adicionales que ingresaron gracias a la devaluación. Así que, en determinado contexto, una importante devaluación puede ser un tiro por la culata para el fisco nacional, además de alejarle el logro de la meta inflacionaria anunciada.
Finalmente, hay una razón de carácter político: una devaluación puede afectar la base electoral del gobierno. Si el gobierno no toma medidas que minimicen los efectos negativos de la devaluación sobre los sectores económicos y actores sociales, el escenario sociopolítico se teñirá con el descontento de los que son perdedores de una fuerte devaluación. La derecha puede capitalizar parte de este descontento para los futuros eventos electorales, no sólo porque los ingresos reales se deteriorarán sino por la pérdida de credibilidad del gobierno que luego que asegura que no va a devaluar, termina por hacerlo.
El Presidente Chávez, antes de irse a Cuba para su delicada operación, declaró que no se iba a devaluar. Este proceso transformador se basa, en gran parte, en la esperanza, en la credibilidad de la palabra. La devaluación no sólo deteriora los salarios, sino que corroe esa esperanza y esa credibilidad.
¿A quiénes perjudica la devaluación?
Una devaluación incide negativamente en aquellas personas que viven de ingresos fijos, es decir de toda la población trabajadora cuyos sueldos y salarios ellos no podrán ajustar a su voluntad, como respuesta al ajuste cambiario. El mercado de trabajo actúa como “mercado de ajuste” cuando se hace un ajuste macroeconómico clásico, precisamente porque la devaluación hace que el tipo de cambio actúe como una correa de trasmisión entre el “mercado cambiario”, el mercado de bienes y el mercado de trabajo. Esta relación económica, que implica una relación sociopolítica, es la que está oculta detrás de la explicación del llamado tipo de cambio real que suelen tararear los buenos alumnos del manual neoliberal.

Desde 2008, se suele afirmar que un tipo de cambio fijo y bajo (para aquellos que se dejan convencer por los argumentos de la sobrevaluación) en el contexto del control cambiario, termina perjudicando a los trabajadores, porque los que obtienen dólares “baratos” por CADIVI o los revenden a el precio del mercado paralelo o marcan un precio final de sus productos teniendo como referencia el tipo de cambio paralelo. Eso es verdad, pero la verdadera razón es la ausencia total de mecanismos complementarios que permitan disminuir este “arbitraje” que termina pulverizando los ingresos de los pobres y de la llamada “clase media”. Además del alto grado de tolerancia a las formas de evasión del control y de algunas de las medidas que se han tomado para reprimir a los “culpables” que son remedios que terminan por empeorar la enfermedad (como la Ley de Ilícitos Cambiarios).
En este sentido, hay una estrategia evasiva cuando se presentan a los culpables de “menor monta” de esta situación, y de esta forma se oculta la acción de protagonistas principales. Entonces a finales de año, al mismo tiempo que se incrementaba el ataque cambiario, tambien se puede observar cómo se le echa la culpa a los estudiantes en el exterior y a los usuarios de tarjetas de créditos. Ciertamente, se han detectado graves irregualidades en estos segmentos, especialmente con el de tarjetas de créditos. Pero estos terminan siendo parte de una explicación insuficiente sobre el problema. Entre los estudiantes y las tarjetas de créditos no se llega al 15% de los dólares que distribuye el gobierno.
Se puede argumentar algo cierto, que siendo una proporción relativamente pequeña eso no es motivo para tolerar estas triquiñuelas con el control de cambio. Pero el problema es, primero, que se termina culpando al último eslabón de la cadena, pero no se investiga la responsabilidad de los que crean y protegen estos mecanismos. Esta forma equivocada de diagnósticar el problema, ha conllevado a una política de disminución de cupos que termina por incentivar la presión sobre el precio de la divisa.

Por otro lado, las explicaciones insuficientes como las que se han señalado, se convierten en la excusa para ocultar lo que ocurre con el resto de las divisas distribuidas, donde predomina la acción de grandes grupos e intermediarios con alta presencia corporativa trasnacional.
En todo caso, el control de cambio no puede seguir siendo una camisa de fuerza que termina favoreciendo a los intermediarios y a los que controlan grandes posiciones en dólares.
Cuando el ataque cambiario, expresado en un aumento creciente de la brecha entre el dólar oficial y el tipo de cambio lechuguino, logra mantenerse por varias semanas, una buena justificación del ajuste es aquella que sostiene que “la devaluación ya está descontada” en los precios de los últimos meses porque los marcadores de precios han logrado generalizar la referencia de precio del minoritario mercado paralelo. Esta generalización es una verdad a medias, que llega a convencer a más de uno, que la devaluación decidida por el Gobierno, no tendrá mayores efectos inflacionarios porque ya los mismos han sido recogidos en la tasa de inflación de los últimos meses.
Esta es una de las trampas mortales, especialmente para los que quieren defender la vocación social del gobierno. Resulta que para algunos bienes, esta inocuidad no es cierta. Cuando se pasó de 2,60 a 4,30 Bs.F por cada dólar, habria que estar en las farmacias para palpar el descontento y la impotencia de los que tienen que comprar medicamentos obligatoriamente. En esos días, es cuando más se putea al gobierno en las farmacias, a CADIVI y a todo lo que representa la victoria de la devaluación. Así que las generalizaciones no son buenas en términos del balance de quienes pierden y quienes ganan.
En todo caso, la nueva tasa de cambio oficial, si persisten los factores objetivos y subjetivos de la presión devaluacionista, se convertira en un nuevo “piso” para el cálculo del nuevo precio especulativo del mercado informal.
Otro efecto lesivo de la devaluación se hace evidente en los sectores productivos. Mientras que hay unos sectores de actividad económica donde predomina la acción de los que deciden amasar fortunas con las ganancias cambiaras, hay otros que insisten en mantenerse en actividades productivas fundamentales como la agricultura y la industria. Estos últimos resultan afectados cada vez que se devalúa especialmente si su mercado es principalmente el mercado interno. Incluso en sectores comerciales de mediano y pequeño tamaño puede ser letal la carrera devaluacionista.
Esto ocurre especialmente en una economía con una alta dependencia estructural de las importaciones de insumos. Repetir mecánicamente que la devaluación “promueve las exportaciones y desestimula las importaciones”, es no considerar que más de 90% de las exportaciones declaradas son de orígen petrolero. No tiene sentido una devaluación para mejorar la competitividad de los exportadores no petroleros, especialmente cuando la estrategia está orientada a fortalecer el mercado interno más que el logro de la competitividad internacional (tal como lo enunciaba el Gran Viraje de los 90).

En este último caso, la devaluación afecta la dimensión social, en la medida que produce desempleo y caída de ingresos, a partir de los sectores productivos que salen perjudicados.
La devaluación y su incoherencia con la política económica chavista
La estrategia económica del gobierno bolivariano, desde 2002, se ha basado en una expansión económica basada principalmente en un proceso de distribución popular de la renta y por ello su palanca ha sido la mejora sustancial del consumo de las familias. Es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusión social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo después del golpe de Estado de 2002, han sido acompañadas del deterioro del consumo, en virtud de la contracción de los ingresos familiares. La recesión se instala luego porque el principal motor de la expansión es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales básicos.
Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluación no ha mejorado la situación fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminuído las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflación; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la política económica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es más fuerte, engorda grandes cuentas en dólares en el exterior, promueve el parasitismo rentista mientras contribuye con el entierro de la economía productiva.
Ciertamente, una salida devaluacionista perjudicará a las mayorias que constituyen la base política de este proceso. Los indicadores sociales, como el salario mínimo, serán afectados si no se aplican medidas que amortigüen la caída. La aplicación de incrementos de salario mínimo es insuficiente donde una gran proporción de la masa trabajadora no recibe este beneficio. Esto es porque alrededor del 45% de los trabajadores pertenecen al sector informal.
La supuesta ganancia fiscal que tendría el gobierno y PDVSA se le puede revertir con el incremento de la carga de la deuda, del costo real de las importaciones, del gasto de las misiones sociales y finalmente con su incidencia en la tasa de inflación. Los beneficios fiscales de la devaluación son una peligrosa ilusión, es el camino fácil que conduce al infierno, además de contribuir con el aplazamiento de radicales cambios en la estructura tributaria. La devaluación es íntima colaboradora con la permanencia del IVA.
Los grandes ganadores, la banca privada, los monopolios comerciales y productivos, saldrán fortalecidos y utilizarán este posicionamiento para una futura carrera prodevaluacionista. Mientras más poder tienen, más estarán acorralado el gobierno con esta estrategia anunciada. Los grandes tenedores de títulos públicos en dólares no sólo tendrán más bolívares, sino que tendrán más fuerza para pedir más devaluaciones.
El gobierno tiene que salir de esta emboscada anual, la devaluación no le conviene. Debe adelantar los cambios estructurales e institucionales. Gran parte de estos cambios profundos se pueden iniciar en el corto plazo, gran parte de las alternativas e instrumentos de política depende de un diagnóstico que lleva a resolver la siguiente paradoja:
La economía venezolana cerró con un saldo en cuenta de mercancías superavitario de 39.595 MM US$, esto implica una entrada de 95.952 millones por concepto de las exportaciones. La gran mayoría de estas ventas al exterior son de origen petrolero (92.233 MM US$). Mientras que las compras externas se ubicaron en 56.357 MM de US$. Este sustancial superávit entre exportaciones e importaciones de mercancías, repito de 39.595 MM de US$, se le descuenta el saldo en servicios, el saldo en rentas y las transferencias corrientes, quedando como resultado un saldo en cuenta corriente de 14.565 MM de US$. ¿A dónde va este excedente de recursos financieros que la economía venezolana dispone y que la hace privilegiada en comparación con otras economías latinoamericanos?
A dónde van los dólares, quién los controla, quién los gasta o los malgasta…responder este acertijo lleva a soluciones prácticas y justa para la distribución de ingresos.
El mercado cambiario es sólo una parte, aunque una parte importante, del sistema económico. El tipo de cambio no se puede convertir en el ombligo del mundo económico. Hay que enfrentar otros retos que conciernen al modelo productivo y al control de los poderes fácticos ejercido por los sectores económicos dominantes.
* Simón Andrés Zúñiga es economista venezolano, Sociedad de Economía-política Radical (SER)
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, diciembre 13, 2012

¿Por qué tú, que eres inteligente...?


¿Por qué tú, que eres inteligente...?

1

No hay expresión más refocilada que la de quien cree haber encontrado un método infalible para ganar en la lotería o vencer en todas las discusiones. Es fácil reconocerlo. Nos sigue varias cuadras haciéndose el disimulado, lee un papelito como para no olvidar el número de su billete ganador, y por fin nos aborda, con la cara de estreñido de quien da un pésame: -¿Por qué tú… que eres inteligente… que eres preparado… eres de izquierda…?

2

Si tus conclusiones no son satisfactorias, le digo, revisa tus premisas. Lo que estás diciendo es que no soy inteligente o que la izquierda no es inteligente. Si no soy inteligente, te equivocas al decir que lo soy, y mucho más al discutir conmigo, porque a nadie le interesa que le dé la razón un bruto. Si dices que la izquierda no es inteligente, demuéstralo, porque a quien alega un hecho le toca la carga de la prueba.

3

Demostrar que la izquierda no es inteligente es pan comido. Es obvio que no eran inteligentes ni Marx ni Engels, cuyas ideas mueven al mundo hace más de un siglo, ni Lenin o Mao, que convirtieron países semifeudales en potencias. Tan brutos como izquierdistas eran Arthur Rimbaud, Emilio Zolá, Oscar Wilde, Bernard Shaw, Bertrand Russell, José Martí, Albert Einstein, Robert Oppenheimer, Pablo Picasso, Charles Chaplin, Sergio Eisenstein, Vladimiro Tatlin, Igor Stravinsky, Sergio Prokofiev, Tristán Tzara, André Bretón, Ernest Hemingway, Jean Paul Sartre, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Mariátegui, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Salvador Allende, Elena Poniatowska, Tina Modotti, Noam Chomsky, George Clooney, Sean Penn, Oliver Stone, Michael Moore, Naomi Klein, Guayasamín, Jorge Amado, Ciro Alegría, Jorge Icaza, Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Aníbal Nazoa, Aquiles Nazoa, Alfredo Armas Alfonzo, Laura Antillano, Régulo Pérez, Fruto Vivas, Vladimir Acosta…

-¿Perdón, quiénes?- Nos pregunta el implacable juez de la inteligencia, pestañeando como bateador que deja pasar mil strikes sin abanicar uno.

4

Admitamos que la constelación de fundadores del mundo y del pensamiento modernos nada significan ante el Filósofo del Zulia, que descubrió que no hay que pedir peras al horno, ante la rectora Arocha, quien desfiló con pancarta proclamando que “no acateremos” la Ley de Universidades, o ante la diputada que vive conjugando el verbo responsabilidad ¿Se puede ser Gente Pensante sin pensar, o sin tener obra, como bien lo demuestra la derecha intelectual, o alguna izquierda que al pasarse para la derecha dejó de crear?

5

El estudio “Mentes brillantes y actitudes oscuras: habilidad cognitiva inferior predice un mayor prejuicio, ideología derechista y bajo contacto intergrupal”, de Gordon Hodson y Michael Busseri, de la Universidad de Brock (Psychological Science, Febrero 2012, 23: 187.195, doi: 10.1177/0956797611421206) revela eso mismo: los menos inteligentes son derechistas, prejuiciados e inhábiles para el contacto grupal. Investigadores de la Universidad de Zurich, dirigidos por Erns Fehr, encontraron, según Yosuke Morishima, que “los voluntarios que se comportaron más altruistamente también tenían una mayor proporción de materia gris en la unión entre los lóbulos parietal y temporal”. Según Chris Mooney, en The republican war on science, los conservadores puntúan muy por debajo de los progresistas en los test sicológicos que miden la “apertura a la experiencia”, y se encierran en una “clausura cognitiva del mundo” (http://terceracultura.net/tc, 27 agosto 2012). ¿Para qué multiplicar argumentos? El conservador sólo masca el chicle del pasado. Todo adelanto se debe a algún progresista.

6

Nuestro preguntón, como todo derechista, tiene bajo nivel de atención y no soporta argumentos. Antes de que terminemos nos deja, vuelve a leer su papelito y se pega detrás de Román Chalbaud, recitándole: “¿Por qué tú… que eres inteligente… que eres preparado…?”

Por fortuna la inmensa mayoría del pueblo venezolano es inteligente.

domingo, diciembre 09, 2012

Los profesores de colegio son celebridades en Hong Kong


Los profesores de colegio son celebridades en Hong Kong

Tutores en Hong Kong
Aparecen posando glamorosamente en enormes carteles de centros comerciales y autobuses.
Pero no son estrellas de cine ni supermodelos: son los reyes y las reinas de la tutoría en Hong Kong, que ofrecen a los alumnos una oportunidad para mejorar sus mediocres calificaciones.
En la cultura consumista del país, la apariencia vende. Algunos tutores famosos, que lucen sofisticados peinados y prendas de diseñadores, son tratados como ídolos por los jóvenes que acuden a sus clases.
Algunos se han hecho millonarios e incluso aparecen regularmente en programas de televisión.
"Si quieres ser un tutor superior, debes ser joven y atractivo. Los estudiantes se fijan en la apariencia", dice Kelly Mok, de 26 años, una "tutora reina" en King Glory, uno de los establecimientos tutoriales más grande de Hong Kong.
No sólo usa ropa y accesorios de diseñador en los carteles publicitarios: así es que a ella le gusta vestirse fuera de clases. Pero, aclara, sus servicios no serían tan demandados si no enseñara a sacar las mejores calificaciones en su asignatura: el inglés.

Imagen de rock star

Richard Eng
Richard Eng ha aportado un enfoque de espectáculo al hecho de mejorar las calificaciones en los exámenes.
Richard Eng del Beacon College es considerado el primer "tutor estrella" de Hong Kong.
Exmaestro de una escuela secundaria, dice que tuvo la idea después de aparecer en las fotografías publicitarias de su hermana artista.
"En la escuela todos los profesores tienen el mismo aspecto, no hay emoción", señaló.
Su imagen aparece en las carpetas que contienen consejos para estudiar y también en bolígrafos y otros artículos escolares. Los objetos se volvieron tan codiciados que catapultaron su estatus a estrella de rock entre los jóvenes.
El fenómeno de los tutores celebridad es el resultado del enorme crecimiento de los estudios fuera de la escuela en Asia.
El asunto se ve alimentado por los exigentes sistemas de exámenes y por padres ambiciosos que desean que sus hijos obtengan un puesto en las mejores universidades.
En las sociedades en las que el éxito se equipara con las buenas calificaciones, la ansiedad de los padres se transforma en un "flujo constante de ingresos" para los centros de tutoría, de acuerdo con un estudio realizado por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD).
La industria de la tutoría, o "educación en la sombra" como la llama el Banco Asiático de Desarrollo, se ha vuelto muy popular en Asia, debido también al crecimiento de las universidades y de la creciente proporción de abandono escolar.
El profesor de la Universidad de Hong Kong, Mark Bray, uno de los autores del estudio del BAD, dijo que un asombroso 72% de los estudiantes del último año en Hong Kong ahora acude a clases con profesores particulares.
Las familias más ricas siempre han pagado por tutoría individual. La novedad de los tutores estrellas es que ofrecen consejos y exámenes de revisión para los menos pudientes, estudiando en grupos de más de 100 personas.

Una ventaja

Kelly Mok
Olvídense de los parches en los codos, la tutora Kelly Mok enseña inglés con estilo.
Y no se trata sólo de Hong Kong. La tutoría "se ha extendido e intensificado en Asia y cada vez se comercializa más", explica el profesor Bray. En Corea del Sur, el 90% de los niños en edad escolar primaria asisten a clases de este tipo.
En Corea del Sur, Tailandia, Sri Lanka y la India, las escuelas de tutoría se valen de los tutores estrellas para atraer más estudiantes. "Ellos han encontrado una manera de atraer a los jóvenes", dice.
"En Kota también hemos experimentado este fenómeno de tutores estrellas", señaló Pramod Maheshwari, director ejecutivo de la escuela Career Point Coaching en Kota, Rajastán, una ciudad de India en la que los centros de tutoría residenciales atraen a estudiantes de todo el país.
"A los estudiantes se le puede dar una ventaja", dice. Para él, en última instancia, la expansión de la tutoría no está impulsada por las personalidades, sino por "la ineficiencia del sistema escolar".
"En India, el nivel de educación de los estudiantes no es lo suficientemente exigente y millones se preparan para exámenes universitarios competitivos. Es un mercado enorme", afirma Maheshwari.
En China, donde las escuelas privadas de tutoría eran desconocidas hasta que la economía se abrió en la década de los 90, la escuela New Oriental Education and Technology ha crecido hasta convertirse en uno de los centros más grandes de tutoría en Asia, con alrededor de 2,4 millones de estudiantes este año.
Cuenta con 17.600 profesores en 49 ciudades y una red en línea de más de 7,8 millones de usuarios.
Cotiza en la Bolsa de Nueva York desde 2006. Su fundador, Michael Yu (también conocido como Yu Minhong), se convirtió en un multimillonario gracias a su mezcla de ejercicios de aprendizaje con comedia e incluso con discursos motivacionales.
El hombre de origen humilde, que llegó a ser profesor de inglés en la Universidad de Pekín, utilizó el modelo de Hong Kong de emplear tutores estrellas con el fin de preparar a los estudiantes para las pruebas de universidades extranjeras.
La tutoría a veces es considerada como una contribución al rendimiento de los países de Asia del este, sobre todo en matemáticas.

Prohibición

autobús
El 72% de los estudiantes del último año en Hong Kong ahora acude a clases con profesores particulares.
También ha habido intentos de reducir los costos de las tutorías.
En la década de los 80, el gobierno de Corea del Sur emitió una prohibición general sobre las clases particulares.
Aunque demostró no ser ejecutable, la medida reflejó las preocupaciones de que la matrícula ponga demasiada presión sobre los alumnos. Los profesores además se quejaban porque los alumnos se dormían en clase, después de largas noches de tutoría.
En 2009, el gobierno surcoreano adoptó medidas para limitar el número de horas que los estudiantes pasaban en los centros de tutoría, en un intento de reducir el estrés infantil y aumentar el nivel de pensamiento creativo.
Sin embargo, el impacto ha sido limitado, provocando muchas clases de tutoría se lleven a cabo en línea.
El gobierno se ha dado cuenta de que la única forma de cambiar la tendencia es modificar la cultura de exámenes, reducir el número de pruebas para entrar a la universidad y alentar a las universidades a que tomen en cuenta otros factores de preparación del estudiante y no solo una calificación.
Un estudio demostró que la tutoría en Singapur, aunque tiene una influencia positiva en una materia específica, le quita tiempo al resto de las asignaturas, lo que podría provocar una disminución del rendimiento académico general.
El informe del BAD dice que en toda Asia, las familias están gastando una cantidad considerable de sus ingresos en tutoría. Y aunque esto pueda contribuir a un mejor desempeño individual de los estudiantes, también puede exacerbar las desigualdades sociales.

Pánico

Existe evidencia de que pagar por tutoría es una tendencia cultural. En ciudades que poseen grandes comunidades chinas como Vancouver (Canadá) o Sídney (Australia) se ofrecen un montón de clases particulares. Sin embargo, este no es la única causa.
"La tutoría también va a depender de lo que las escuelas y las universidades pidan. Los padres responderán a lo que ellos consideren que ayudará a sus hijos a entrar", dice Bray.
Algunos estudiantes sólo asisten a las conferencias y ven las grabaciones de video de las conferencias, mientras que otros compran complementos como la interacción personalizada con el tutor o asesor estrella a través de Facebook o correo electrónico.
Pero a medida que se matriculan más estudiantes en las tutorías, las ventajas en el salón de clase. Por ello, "habrá estudiantes que solo buscarán un tutor para no estar en desventaja competitiva".
Richard Eng, sin embargo, niega que los profesores estén sembrando el pánico. "El pánico proviene de los propios exámenes. Si no existiera ese sistema en Hong Kong, no importaría lo que yo diga o cómo luzca, los estudiantes no se acercarían a mí".
¿La tutoría pone demasiada presión sobre los alumnos? ¿Se les da a algunos estudiantes una ventaja injusta? Comparta su opinión con nosotros a través del siguiente formulario.

Ola de desalojos en España deja en la calle a familias venezolanas


Ola de desalojos en España deja en la calle a familias venezolanas

| Raquel Cortés
Ola de desalojos en España deja en la calle a familias venezolanas | Raquel Cortés
Emigrantes piden al gobierno de Hugo Chávez que establezca un plan de repatriación inmediato. Alrededor de 1.300 venezolanos perdieron sus casas o están a punto de perderlas por la crisis económica
Tatiana González mira con desdén la carpeta que lleva consigo y que contiene un aproximado de 400 folios repletos de cifras, cláusulas, citaciones de abogados e innumerables cartas de desahucios. Esta venezolana abandonó hace 14 años La Guaira en busca del sueño español y hoy sobrevive con el peso a cuestas de este manojo de papeles, que simboliza la deuda adquirida con un banco para la compra de la vivienda de sus anhelos.
En 2008, trabajaba como encargada de una tienda y su esposo como taxista en Cambrils, una pequeña ciudad de Cataluña. A las pocas horas de haber firmado la compra de la casa, la crisis económica tocó firme y sin disimulo a sus puertas: su pareja fue despedido del trabajo. Tres meses después ella corrió con la misma suerte.
Con el tiempo, el debate entre comer o pagar la hipoteca se decantó y la deuda con el banco creció. A los tres meses llegó la primera carta de amenaza de desahucio. “El contrato de la hipoteca establece que si dejas de pagar tres meses al banco, estás obligado a cancelar la totalidad del crédito. Vendimos el puesto de estacionamiento y con ese dinero fuimos al banco a saldar la deuda de tres meses y los intereses que sumaban 4.500 euros. Nuestra mayor sorpresa fue que debíamos el triple: 12.000 euros, por gastos de abogados y gestiones”.
A partir de allí, los bancos siguen el mismo guión en toda España: el desalojo. Se calcula que cada día 200 familias como las de Tatiana son desahuciadas en España. En 2012, han vivido esa historia más de 40.000 personas, de las cuales 37,5% serían extranjeros, según datos del Consejo General del Poder Judicial.
En riesgo
Son muchos los venezolanos que atraviesan por esta situación. Actualmente, más de 1.300 connacionales han perdido sus casas o están a punto de hacerlo. Según una investigación realizada en las principales ciudades por la organización La Tierna Esquina Caliente, por lo menos 160 familias han perdido sus techos y claman un regreso digno al país.Su presidenta, Omaira González, explica que la organización nació para difundir las políticas del presidente Chávez en España, pero que desde hace dos años no se dan abasto para recibir las peticiones de venezolanos que pasan por una situación de pobreza crítica.
Las comunidades con más casos de venezolanos que han perdido sus casas o están a punto son Madrid (45), Cataluña (36), Canarias (26), Valencia (22), Galicia (16) y Andalucía (15), según cifras de organizaciones como Stop Desahucios y el Consejo General del Poder Judicial, aunque se presume que pueden ser aún más.
Ahorros esfumados
Luis Rodríguez vio desaparecer sus ahorros. Este electricista llegó a España junto con su familia en 2003 y a los pocos días comenzó a trabajar en una empresa de arquitectura. La situación de España le inspiró confianza y decidió invertir en la compra de una casa. Contrató una hipoteca por 248.000 euros y durante 7 años pagó 100.000 euros. Cuando quedó sin empleo en 2010 acudió al banco para explicar su situación y se llevó la sorpresa que sólo había abonado a la deuda aproximadamente 6 .000 euros, el resto correspondía a intereses.
“De la noche a la mañana me he quedado sin nada. He pagado 100.000 euros en 7 años como una forma de ahorro, de inversión. Ha sido un fracaso. El día que entregué las llaves al banco también entregué el futuro que había previsto para mis hijos. Me gustaría que el presidente Chávez ponga atención en lo que ocurre aquí, porque hay mucha gente en situación precaria“, lamenta.
Andreu Domingo, subdirector del Instituto de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que la crisis ha cambiado el flujo migratorio. Hace una década, España era el país de Europa que más recibía inmigrantes latinoamericanos, ahora es el que más los ve irse.
Sin papeles
Catalina Magallanes, abogada especialista en extranjería, detalla que la crisis en España ha recrudecido la situación de los inmigrantes, porque los empleadores cada vez tienen menos posibilidades de cumplir con las exigencias del Gobierno para contratar extranjeros.
Magallanes atiende una larga lista de inmigrantes que al perder el trabajo se ven imposibilitados para renovar sus permisos de residencia, lo que se convierte en un obstáculo para conseguir un nuevo empleo. La falta de ingresos ha llevado a más de 27.000 familias latinoamericanas a perder sus viviendas, según la Plataforma de Afectados por las Hipotecas.
Víctor Enrique López, de 45 años de edad, es uno de ellos. En un lustro pasó de ser un técnico de refrigeración de una empresa del Estado a indigente. Durante ocho años trabajó en la empresa antes de decidirse a comprar un apartamento. “Mi esposa y dos niños ya se venían  de Puerto La Cruz a Madrid y por eso decidí dar el gran paso”. Sólo dos años transcurrieron para que lo despidieran de su trabajo. Al año siguiente, el banco dejó a su familia en la calle y seis meses más tarde su esposa lo abandonó para regresar con sus hijos a Venezuela.
Magallanes acusa al Estado de actuar de forma irresponsable frente a los bancos. “Era alarmante ver que desde hace tres años lo que se venía. El Estado ha sido irresponsable, al no tomar medidas cuando todos veíamos que había familias que se quedaban en la calle”.
Silencio diplomático
“Hemos entrevistados a los afectados, hemos llevado estos casos a la propia Embajada de Venezuela en Madrid y enviado innumerables cartas, a fin de solicitar que se implemente un plan de retorno digno. Este trabajo es un plan que hemos llamado Nuevo Sol del Amanecer, explica Omaira González de La Tierna Esquina Caliente.
“No queremos que nos regalen nada, sólo que se nos preste apoyo y al volver a Venezuela poder trabajar para pagar los gastos del regreso, como los billetes”, solicita Luis Enrique Álvarez, quien dejó hace 24 años su casa en la parroquia 23 de Enero para ir a España. En estas dos décadas, Álvarez trabajó en el diseño de interiores, pero además se especializó  en asesorar a empresas sobre las normas de protección del medio ambiente. Desde hace tres años no consigue empleo. “Me siento atrapado en este país, quiero volver a sentirme útil, poder brindar un mejor futuro a mi hijo”, apunta.
González espera desde hace dos años una respuesta de las autoridades diplomáticas venezolanas en Madrid. “Queremos que el comandante Chávez conozca lo que vivimos, estamos en una situación bastante precaria, atrapados con ganas de volver lo más pronto posible”.
Eugenia Gómez asistió al Consulado de Barcelona durante tres meses seguidos para contar que estaba a punto de quedarse sin techo para sus dos hijos. El desempleo llevó a esta  mujer a situaciones extremas como amenazar al personal diplomático con plantarse frente a las oficinas hasta que la ayudaran. “Mandaba cada día emails al Consulado. Llegué a vivir sin luz en la casa por no poder pagar y la cónsul Gloria Román me llamó en agosto para decirme que me pagaría los billetes para regresar a Venezuela y que gestionarían todo para que trabajase. Desde septiembre vivo con mi madre en Barquisimeto, no he resuelto mis problemas y aún esa llamada para conseguir empleo no llega”, asegura Gómez, que afirma que es el único caso de repatriación gestionado por la embajada este año.
González asegura que como Eugenia Gómez hay otros 80 casos de familias venezolanas desesperadas por regresar, ante la posibilidad de quedarse sin un techo para vivir.

Tomado de ElNacional.com

martes, diciembre 04, 2012

Economía y poder



El precio de las cosas no solo es la relación entre oferta y demanda. También entran en juego otros factores, especialmente el poder. Por ejemplo, si un tipo me pone una pistola en la cabeza para que le compre el dolar a Bs.1000 si tengo el dinero se lo tengo que comprar.

El mundo está atiborrado de dólares sin casi ningún respaldo económico. ¿Que mantiene el precio del dolar?. Pues, el poderío militar, diplomático, etc. del emisor. El poder entra en el juego de la oferta y la demanda e influye en los precios.



LMHR.

Profesores mal pagados


AURORA LACUEVA | 12:33 a.m.
Profesores mal pagados
Me cuenta la jefa de un departamento de una universidad autónoma que estaba entrevistando a una candidata para un cargo de profesora contratada a medio tiempo, y la misma se mostraba bastante interesada, pero al informarle el sueldo que devengaría, exclamó con sorpresa: "¿Ustedes están locos?". Luego agregó: "¿Qué hago con eso? Yo tengo hijos que mantener", y abandonó el recinto. Es que como profesora instructora, primer nivel del escalafón, lo que le correspondía eran 1.340 bolívares mensuales por veinte horas semanales de labor docente.
Me cuenta la jefa de un departamento de una universidad autónoma que estaba entrevistando a una candidata para un cargo de profesora contratada a medio tiempo, y la misma se mostraba bastante interesada, pero al informarle el sueldo que devengaría, exclamó con sorpresa: "¿Ustedes están locos?". Luego agregó: "¿Qué hago con eso? Yo tengo hijos que mantener", y abandonó el recinto. Es que como profesora instructora, primer nivel del escalafón, lo que le correspondía eran 1.340 bolívares mensuales por veinte horas semanales de labor docente.

Así sucede que cuesta conseguir profesores, y no es extraño que incluso los concursos para un cargo fijo queden desiertos con frecuencia. Hay gente preparada, pero prefieren otros trabajos de mejor paga. Tampoco es raro que los que sí ingresan renuncien a los pocos años, al conseguir mejor remuneración en otra parte. Para economizar, proliferan los "medio tiempo", nefasta figura que no es ni chicha ni limonada. Lo que les conviene a las universidades y al país es tener una buena cantidad de docentes a tiempo completo, complementados con algunos profesores "por horas". Los primeros, concentrados en la labor universitaria, son quienes pueden producir docencia, investigación y extensión de calidad; los segundos enriquecen a la universidad con sus experiencias, pues son profesionales que desarrollan el grueso de su labor en otros ámbitos. Pero el "medio tiempo" se queda a mitad de camino en ambas opciones.

Un estudio realizado por el Boston College (EEUU) y la Escuela Superior de Economía de Moscú compara sueldos promedio mensuales de profesores titulares a dedicación exclusiva en 28 países, expresados en dólares pero ajustados según poder adquisitivo (PPA) de cada país (sabemos que con mil dólares se puede comprar más cosas en Nigeria que en Alemania, por ejemplo). Canadá queda en primer lugar con US$ 9.485, y Suráfrica alcanza la notable suma de US$ 9.330. China paga sueldos bajos, pero la India llega a US$ 7.433 y Nigeria a US$ 6.229.

En América Latina, quien remunera mejor es Brasil, con US$ 4.550, mientras que Colombia ofrece US$ 4.058 y México US$ 2.730. Venezuela no fue incluida en el estudio; sin embargo, yo hice el cálculo (ajustado por PPA y con un dólar promedio a Bs 5) y obtuve la cifra de US$ 2.582. Es poco, y el "ahorro" como nación nos va a salir caro.

Aurora Lacueva
lacuevat@hotmail.com