sábado, julio 07, 2007

De Ruanda a Darfur





De Ruanda a Darfur
Redacción BBC Mundo

"En apenas cien días, más de 800.000 hombres, mujeres y niños inocentes en Ruanda fueron brutalmente asesinados mientras el mundo desarrollado, impasible y aparentemente sin perturbarse fue testigo pasivo del apocalipsis o simplemente cambiaba de canal".


General Romeo Dallaire
Cuando el gobierno de Sudán se negó a permitir el ingreso de tropas de la ONU para proteger a dos millones y medio de personas, ése fue en mi opinión un acto de genocidio de parte del gobierno sudanés
Romeo Dallaire
Han transcurrido 13 años desde que el general canadiense Romeo Dallaire comandara las tropas de la ONU durante el genocidio de Ruanda.

Tras su regreso del país africano, Dallaire cayó en una profunda depresión e intentó suicidarse más de una vez. Sin embargo, logró salir a flote, en un proceso ayudado en parte por la publicación de su propio recuento de la masacre en Ruanda, que se prolongó del 6 del abril a mediados de julio de 1994.

Dallaire es hoy senador y asesor de la ONU en el tema de prevención de genocidio. Asegura que las lecciones de Ruanda no deben olvidarse y que una situación similar se está dando en Darfur, en el oeste de Sudán.

El general canadiense tituló su libro "Estrechando la mano del diablo" y en él señala: "Muchos me preguntaron al regresar de Ruanda si aún creía en Dios. Yo sé que hay un Dios porque en Ruanda le di la mano al diablo. Lo he visto, lo he olido y lo he tocado. Sé que el diablo existe y por lo tanto, sé que hay un Dios".

Dallaire habló con BBC Mundo desde su casa en Canadá.

Usted explica cómo cayó en una gran depresión al regresar de Ruanda e intentó suicidarse en más de una ocasión. ¿Cómo logró comenzar a transformar lo que le había ocurrido en una experiencia de la que podía aprender para la siguiente etapa de su vida?

El general Romeo Dallaire cuando comandaba las tropas de la ONU en Ruanda en 1994
Dallaire en 1994, cuando comandaba las tropas de la ONU en Ruanda.
Estamos hablando de una lesión, una lesión que se llama estrés postraumático, les ocurre a los soldados, trabajadores de agencias humanitarias, gente que vive experiencias traumáticas. ¿Cómo se estabiliza? Con terapia, medicamentos, construyendo una especie de "prótesis" para poder vivir con ella.

En mi caso, teníamos muchos soldados sufriendo esta lesión y yo pude ofrecer ayuda y eso me dio ímpetu. También escribir el libro y trabajar como lo hago ahora, asesorando a la ONU en prevención de genocidio. Todo esto me ha ayudado a seguir adelante.

Cuando piensa en Ruanda 13 años después, ¿quiénes son los principales responsables?

En primer lugar los ruandeses, que no llegaron a una solución política cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo, a través del acuerdo de paz negociado en Arusha, Tanzania, con el apoyo de la comunidad internacional. No hay forma de negar que la principal responsabilidad es de los ruandeses.

Sin embargo, cuando los ruandeses que se vieron en medio de estas terribles circunstancias pidieron ayuda, la comunidad internacional los abandonó. Y en este sentido, como digo en mi libro, debemos mencionar como responsables en primer lugar a los estadounidenses y los franceses, seguidos por los belgas, la ONU, y luego todos los que simplemente no hicieron nada ante lo que ocurría.

¿Por qué menciona esos responsables en la comunidad internacional?


Vimos muchos rostros de la muerte durante el genocidio. Desde la inocencia de los bebés al estupor de los ancianos (...) Vi tantos rostros y trato ahora de recordar cada uno de ellos. Para poder enfocarme en el trabajo que tenía que hacer desarrollé una pantalla que me separara de imágenes y sonidos.

Completamente eliminé por mucho tiempo los rostros de las niñas y mujeres violadas y sexualmente mutiladas, como si lo que les habían hecho hubiera sido la gota que me hubiera empujado al abismo
Extracto de "Estrechando la mano del diablo", de Romeo Dallaire
De acuerdo al mandato de la ONU, la misión tenía por objeto la implementación de un acuerdo de paz. Pero yo dije claramente, antes de que comenzara el genocidio, que enfrentábamos circunstancias totalmente diferentes. Y después de comenzado el genocidio, cuando necesité refuerzos para detenerlo, la comunidad internacional se negó a proveer a la ONU de los refuerzos necesarios.

Yo cometí errores en el terreno, el Secretariado de la ONU cometió errores y viviremos con ellos, pero los responsables en esta situación de abuso masivo de derechos humanos que se transformó en un genocidio fueron los estados soberanos que conforman la ONU y le negaron los medios para reaccionar.

¿Por qué habla en primer lugar de EE.UU.?

El principal motivo por el que hablo de los estadounidenses es que Bill Clinton había establecido tres semanas antes la política de que no intervendrían nuevamente en África salvo que fuera en el interés propio de Estados Unidos. Y Ruanda no tenía nada que ofrecer, así que decidieron no actuar.

En cuanto a su mandato como comandante de las tropas de la ONU, ¿es correcto decir que sí tenía el poder de usar fuerza para prevenir crímenes contra la humanidad?

Un padre huye con sus hijos de la violencia durante el genocidio en Ruanda en 1994
Un padre huye con sus hijos de la violencia durante el genocidio en Ruanda en 1994.
No, eso es totalmente incorrecto. Las fuerzas de la ONU estaban allí porque ambas partes en la guerra se habían comprometido en un acuerdo de paz. Nosotros éramos como los árbitros en un partido de fútbol, fuimos como tropas de mantenimiento de paz bajo el capítulo 6 de la carta de la ONU.

Pero no teníamos una tarjeta roja y la única fuerza que estábamos autorizados a usar era en defensa propia. No se nos permitía usar la fuerza para proteger a otros. Eso hubiera sido posible en un mandato bajo el capítulo 7 de la carta de la ONU, pero nunca nos dieron ese mandato, ni las tropas, equipo o municiones para ese tipo de acciones.

En su libro usted relata cómo en enero del 94, tres meses antes del comienzo del genocidio, usted supo por un informante que se estaban almacenando grandes cantidades de armas para algún tipo de ataque.

Usted pidió autorización a la ONU en Nueva York, para hacer una redada de los depósitos, pero sus jefes se la negaron. Fue ese uno de los errores terribles que cometió la ONU en Nueva York?

La reacción que recibí desde Nueva York fue, "esto está totalmente fuera de tu mandato", y en eso, técnicamente, estaban en lo cierto. Pero lo que descubrí fue que por lo que había sucedido en Somalia, donde soldados estadounidenses fueron muertos y arrastrados por las calles, todo el mundo tenía miedo de que hubiera más bajas.

La ONU temía que yo fuera a ser víctima de una emboscada, que hubiera bajas y eso llevara al retiro de toda la misión de la ONU de Ruanda. Así que toda la atmósfera estaba afectada por el hecho de que la potencia mundial había acabado con la nariz sangrienta en Mogadiscio, se había retirado y creado este temor de bajas en todos.

Usted también es muy crítico de Bélgica


Cuando volví de Ruanda, y con el pasar de los años vi la dimensión de las maniobras cínicas de Francia, Bélgica, EE.UU. y las partes en Ruanda, entre otros, no pude evitar sentir que fuimos un cordero sacrificado decir al mundo que estaba haciendo algo ante la matanza
Cita del libro de Romeo Dallaire
Gran parte de la tensión entre las dos comunidades étnicas en Ruanda viene de los tiempos en que Bélgica era la potencia colonial y eso continuó en la situación catastrófica de la que fuimos testigos. (En el libro se relata como fue Bélgica, como potencia colonial, la que introdujo las tarjetas que identificaban el origen étnico de los ruandeses como tutsi -grupo favorecido por los belgas- o hutu).

En segundo lugar, las tropas belgas que llegaron en el '94 estaban bien equipadas, pero tenían enormes problemas técnicos, disciplinarios y de actitud.

Pero lo principal es que cuando Bélgica sufrió la baja de diez de sus soldados al comienzo del genocidio, decidió abandonar la misión y convencer a todo el mundo de que debía hacer lo mismo.

Usted también habla de algo que nos llega a todos nosotros, la indiferencia del mundo

Es similar a lo que ocurre hoy en Darfur. En el caso de Ruanda la gente supo lo que estaba ocurriendo, la prensa informó sobre ello, aunque no con la suficiente fuerza que yo hubiera querido.

Pero había una sensación de decir, "bueno, esto ocurre en África y los africanos hacen esto con frecuencia, se matan entre ellos". Por otro lado estaba la reacción de decir, "esto está pasando en África, el riesgo de intervenir es alto y allí no hay recursos naturales de valor estratégico que nos puedan interesar".

En cuanto a lo primero, "los africanos se hacen esto a sí mismos", debo decir que los africanos aprendieron de las potencias coloniales cómo usar fuerza masiva para matar mujeres, niños. Y también vieron a los europeos masacrarse unos a otros durante la Segunda Guerra Mundial, en el Holocausto, como ellos mismos me recordaron. En cuanto a lo otro, el valor de esta parte África subsahariana es poco en los ojos de los europeos, que tienden a pensar que son más importantes que ellos.

¿Por qué el título de su libro?

Viene de una realidad, de haber estado frente a frente con los extremistas, los líderes del genocidio, y tener la sensación de que estaba hablando, discutiendo con el diablo mismo, porque para mí estas personas habían perdido todo sentido de humanidad. Por eso el subtítulo del libro es "El fracaso de la humanidad en Ruanda".

No sólo la comunidad en el extranjero, la humanidad fallándole a Ruanda, pero dentro de Ruanda los mismos ruandeses absorbidos por el mal y en un país tan religioso dejándose llevar por el extremismo, el abuso y el miedo.

Muchos le preguntan si después de lo que vivió en Ruanda cree en Dios

Creo en Dios, porque si hay un diablo y existe el mal, también existe el otro lado que es el bien. No creo que Dios nos protege del mal. Creo que el mal tiene lugar, y cómo reaccionamos depende de en qué medida creemos en los valores de humanidad, de hermandad.

Como senador canadiense, también trabaja ayudando en el tema de niños soldados u otros niños en situación de conflicto

Trabajo en el área de derechos humanos y una de las áreas de investigación que comencé cuando estuve un tiempo en Harvard y continúo como senador canadiense es el abuso de niños en situación de conflicto, en particular niños soldados. En estas situaciones se incluye también los niños en las guerras de narcotráfico, como en las favelas de Río de Janeiro, en Brasil, donde estuve para investigar el abuso de niños en esas circunstancias.

¿Podría contarnos sobre su experiencia en Brasil?

Fui invitado por una ONG a ver la situación de los niños que se hallan en medio de las guerras de narcotráfico en las favelas, porque se tenía la impresión de que viven algo similar a lo experimentado por niños en otros conflictos, como los niños soldados.


También fui invitado a ver la situación de los niños en Colombia, pero he estado muy ocupado con la situación en Darfur. Espero poder ir a Colombia en algún momento
Estuve allí hace tres años y vi que los tiroteos, el abuso y la matanza de niños de hasta 8 o 9 años no sólo por los narcotraficantes, sino por funcionarios corruptos y a veces incluso la policía, coloca a estos niños en una situación de guerra. Estuve también en Brasilia y me reuní con altos funcionarios, y saben del problema, han intentado usar el ejército para resolverlo, pero sin éxito.

También fui invitado a ver la situación de los niños en Colombia, pero he estado muy ocupado con la situación en Darfur. Espero poder ir a Colombia en algún momento.

Hablemos del rol de las fuerzas de paz de la ONU en la actualidad. América Latina tiene muchos soldados por ejemplo en Haití o RD Congo, donde hay contingentes de Bolivia, Uruguay y Guatemala. ¿Han cambiado las reglas?


Un anciano (en el campamento de desplazados) me dijo que sólo les habían dado un poco de maíz y me mostró un puñado. Era maíz para ganado, de grano grande, duro y filoso. Dijo que no tenían herramientas para molerlo ni agua para cocinarlo, pero que algunos niños tenían tanta hambre que se lo estaban comiendo. Los granos desgarraban su aparato digestivo. Los niños estaban muriendo, sangrando del intestino. Me preguntó qué podía hacer. No pude encontrar una respuesta. Avergonzado, volví a mi vehículo y regresé a Kigali
Extracto de "Estrechando la mano del diablo", de Romeo Dallaire
Las reglas son más robustas y han cambiado hasta el punto que en mi opinión, el papel que se les exige a las tropas ya no es de mantenimiento de paz sino de resolución de conflictos. Creo que estamos más preparados, gracias a Dios, a usar el capítulo 7 de la carta de la ONU, en situaciones en las que el uso de la fuerza puede ser necesario para establecer una atmósfera de seguridad. RD Congo es un ejemplo perfecto de esto.

Nunca ha habido tantos soldados en misiones de la ONU. Hay cerca de 100.000, mientras que en la Guerra Fría, el límite eran 2.000 o 3.000. Estamos en circunstancias muy diferentes, con tantos países en colapso, que requieren ayuda.

El año pasado ocho soldados guatemaltecos murieron en RD Congo. ¿Los países que aportan tropas deben estar preparados para aceptar bajas?

Canadá perdió 34 soldados en Afganistán, la Unión Africana ha perdido soldados recientemente. Una de las dimensiones de esta nueva era es que si bien uno está allí para ayudar a establecer una atmósfera de paz y seguridad, esto no ofrece las garantías de que se gozaba en misiones durante la Guerra Fría. Y esto significa que países que se comprometen a aportar tropas a estas situaciones en que aún hay conflictos deben estar preparados para aceptar bajas.


Lucía Lotán, de las fuerzas guatemaltecas, durante una ceremonia de despedida para los cascos azules que parten rumbo a Haití
Nunca ha habido tantos soldados en misiones de la ONU
Pero esto es también parte de creer en los derechos humanos. Si uno cree en derechos humanos, en buen gobierno, en el respeto a la ley y si hay un país que pide ayuda para crear condiciones similares, uno debe estar dispuesto a contribuir no sólo con dinero, sino con sudor, lágrimas y a veces con el precio terrible de la sangre.

Por otra parte, considero que estas son misiones que los estados soberanos que gozan de estabilidad, respeto a la ley y que creen en los derechos humanos, tienen la responsabilidad de proteger. Ésta es la doctrina que fue aceptada en la ONU en septiembre de 2005, creada por los canadienses y luego adoptada por la Asamblea General.

Ello significa que tenemos una responsabilidad, como comunidad internacional, de actuar cuando hay países en los que hay violación masiva de derechos humanos para proteger a las víctimas. Y eso requiere usar abiertamente la fuerza, incluso contra el gobierno que no está cumpliendo su deber de proteger a la población. Y ciertamente Darfur es un ejemplo en este momento.

Hablemos de Darfur. ¿Es una situación similar a la de Ruanda?

Niños en un campamento de desplazados de Darfur
Darfur: 200.000 personas muertas y más de 2,5 millones desplazadas según la ONU.
Lo es. Cuando el gobierno de Sudán se negó a permitir el ingreso de tropas de la ONU para proteger a dos millones y medio de personas, ése fue en mi opinión un acto de genocidio de parte del gobierno sudanés y la ONU debe reaccionar en consecuencia de acuerdo a la doctrina de "responsabilidad de proteger".

Esto no está ocurriendo porque la población negra en África no es considerada lo suficientemente valiosa por los países que pueden hacer algo al respecto.

¿Qué debería hacer la comunidad internacional?

Como mínimo, planes de contingencia para ir a Darfur a proteger a la población, usando si es necesario fuerza contra las tropas sudanesas. Es una opción que debe estar sobre la mesa cuando se negocia con el gobierno de Sudán qué hacer para resolver esta situación de abuso catastrófico de derechos humanos. Y lo que deploro es que no haya ningún país, ni siquiera los franceses, que estén intentando lograr una coalición de países para mirar a estos planes de contingencia.

¿Qué le dice a aquellos que ven la inacción actual como una prueba de que la ONU ha fracasado?


Países como Alemania, Japón, Canadá, Brasil, éstas naciones están muy lejos de aceptar la parte que les corresponde
Es una visión miope, usada muchas veces como excusa fácil para no hacer nada. La ONU sólo puede hacer lo que permitan los países que la integran, y pienso que muchas potencias medianas que podrían hacer mucho más para influenciar el funcionamiento de la ONU no lo están haciendo, países como Alemania, Japón, Canadá, Brasil, estas naciones están muy lejos de aceptar la parte que les corresponde.

Usted dedica su libro, entre otros, a los 15 hombres bajo su comando que murieron en Ruanda, entre ellos el mayor Manuel Sosa, de Uruguay.


El mayor Sosa, como otros que dieron su vida, son los verdaderos héroes, los que intentaron rescatar algo del honor de la comunidad internacional
Él, como los otros que dieron su vida, son los verdaderos héroes de la comunidad internacional, ellos son los que intentaron rescatar algo del honor de la comunidad internacional. Tratando de hacer algo para detener el genocidio, se hallaron en el medio de la matanza y acabaron pagando el precio máximo, su vida. Algunos murieron, otros resultaron heridos o llevarán cicatrices por el resto de sus vidas.

En aquel momento estábamos intentando restablecer contacto con el gobierno extremista para ver cual sería su siguiente acción. Teníamos para ese entonces más de tres millones de personas que estaban huyendo, siendo perseguidas, atacadas, asesinadas. Sosa murió en una emboscada tratando de restablecer el contacto con el gobierno. Creo que Uruguay respondió de una manera madura, aceptando que parte de ser un integrante de las fuerzas de paz puede ser pagar ese precio terrible.

El contingente era muy dedicado, trabajaron duro, creían en la misión y sentían que hacíamos algo importante, intentando proteger a decenas de miles de personas y poner fin al genocidio.

Usted acaba su libro diciendo que este nuevo siglo debe ser el siglo de humanidad. Vemos la violencia en Irak, los desafíos del cambio climático, la brecha digital. ¿Tiene esperanza de que a pesar de todo hay avances?


La esperanza proviene de que el movimiento por los derechos humanos está ganando más y más fuerza a través de las ONGs y esa será nuestra salvación más allá de lo que puedan hacer los gobiernos
Creo que la esperanza proviene de que el movimiento por los derechos humanos está ganando más y más fuerza a través de las ONGs y esa será nuestra salvación más allá de lo que puedan hacer los gobiernos. Hay un momentum. Vemos por ejemplo, el Tribunal Penal Internacional, protocolos sobre los derechos del niño. Este movimiento no se puede parar.

La cuestión es, ¿creemos que esto se resolverá en los próximos 10 o 15 años o creen, como yo, que puede llevar un par de siglos? Cuando miramos a la historia de la humanidad, no es tanto. Y con Internet, en esta era de globalización, tenemos una oportunidad mayor de resolver los problemas que en los viejos tiempos, cuando no contábamos con esta tecnología.
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